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Ni carbón ni leña: la nueva forma de hacer asado que crece en Argentina

Las parrillas eléctricas, a gas y de pellets ganan terreno entre quienes buscan cocinar más rápido, con menos humo y sin depender de las brasas.


Hay una escena que parece intocable: alguien cerca del fuego, la carne esperando su momento y una mesa que se arma de a poco. El asado argentino tiene mucho de comida, pero también de excusa, de reunión y de tiempo compartido. Sin embargo, en muchos hogares esa postal empezó a cambiar.

No siempre hay patio, no siempre hay lugar para una parrilla de material y, muchas veces, tampoco hay paciencia para encender carbón después de una semana larga. En ese hueco entraron las parrillas eléctricas, los modelos a gas y las opciones a pellets, que prometen una experiencia más simple, rápida y con menos humo.

El fuego ya no es la única opción

La novedad no pasa por discutir si una resistencia eléctrica puede reemplazar el sabor de las brasas. Para muchos, esa pelea está perdida de antemano: el carbón y la leña tienen un aroma propio, una textura en la cocción y una carga cultural difícil de copiar. Pero la tendencia apunta a otra cosa. Estas parrillas buscan resolver un problema concreto: permitir que más personas puedan cocinar cortes de carne, verduras, achuras o hamburguesas sin atravesar todo el ritual previo del fuego tradicional.

En los modelos eléctricos, el atractivo está en la comodidad. Se enchufan, calientan rápido y permiten regular la temperatura sin demasiadas vueltas. No hay que juntar papel, astillas ni esperar a que las brasas estén parejas. Para alguien que vive en un departamento, en una casa chica o en un lugar donde el humo puede convertirse en conflicto con los vecinos, esa diferencia pesa. También pesa la limpieza: menos ceniza, menos olor impregnado y menos restos para juntar cuando termina la comida.

asado

Gas, pellets y nuevas formas de cocinar

Las parrillas a gas van por un camino parecido, aunque con otra lógica. Suelen elegirse por el encendido inmediato y por la estabilidad del calor. Son prácticas para quienes cocinan seguido y no quieren depender del carbón cada vez que preparan algo a la parrilla. En muchos casos, funcionan como una solución intermedia: no tienen la espera del fuego clásico, pero conservan una dinámica más cercana a la parrilla de siempre.

Los modelos a pellets, en cambio, apuntan a quienes no quieren resignar del todo el perfume ahumado. Funcionan con pequeñas piezas de madera comprimida y permiten cocciones más lentas y parejas. Esa combinación los volvió atractivos para quienes buscan sabores más intensos sin tener que controlar la leña durante horas. No son necesariamente la opción más barata ni la más simple, pero sí una alternativa que empezó a aparecer con más fuerza entre fanáticos de la cocina al aire libre.

Una tendencia marcada por la vida urbana

El crecimiento de estas opciones también se explica por la manera en que se vive hoy. El asado de domingo con patio amplio sigue existiendo, pero no es la única escena posible. Hay terrazas compartidas, balcones, quinchos pequeños y departamentos donde prender carbón directamente no está permitido. En esos casos, una parrilla eléctrica puede abrir una puerta, aunque no significa que pueda usarse en cualquier lado. Antes de instalar o comprar una, conviene revisar el reglamento del edificio y evitar problemas por humo, olores o seguridad.

Ahí aparece el punto más interesante del cambio. La tecnología no viene necesariamente a reemplazar la tradición, sino a adaptarla. Para algunos será una herejía; para otros, una forma razonable de sostener una costumbre en espacios donde antes era imposible. Al final, la pregunta no es solo si la carne queda igual que sobre brasas. También importa si permite reunir gente, cocinar algo rico y resolver una comida sin convertir la previa en una tarea pesada.

Por eso, más que una moda pasajera, las parrillas sin carbón empiezan a ocupar un lugar propio. No van a borrar al asador de toda la vida ni al fuego lento de leña, pero sí ofrecen una respuesta para otro tipo de hogar y otro ritmo de vida. El asado sigue siendo asado por lo que genera alrededor de la mesa. Lo que cambia, cada vez más, es la forma de encenderlo.