Quién es Mohamed Salah, el rival de Messi que sumó casi un millón de votos sin postularse en Egipto
En las elecciones presidenciales de Egipto de 2018, cerca de un millón de personas escribieron a mano el nombre de Salah, que superó al del candidato opositor.
Mohamed Salah.
XDespués de un partido para el infarto, Argentina se va a cruzar este martes con Egipto por los octavos del Mundial 2026. Uno de los duelos que se va a llevar todas las miradas es el de Messi contra Mohamed Salah, la estrella egipcia que jugó en el Liverpool. Un dato curioso del delantero es que fue el segundo "candidato" más votado de su país sin haberse presentado a ninguna elección.
La figura de Salah excede por mucho la categoría de futbolista. En 2018 protagonizó uno de los episodios políticos más insólitos de la historia electoral reciente, cuando cerca de un millón de personas votó por él en las elecciones presidenciales.
Sin campaña, sin candidatura y sin saberlo, el exdelantero del Liverpool se transformó en la segunda fuerza política del país más poblado del mundo árabe.
Una elección con un solo candidato
Las presidenciales egipcias de marzo de 2018 fueron las terceras desde la caída de Hosni Mubarak, quien gobernó desde 1981 hasta 2011, cuando el terremoto político de la Primavera Árabe lo barrió del poder.
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El entonces presidente Abdel Fatah al Sisi, exmariscal de campo llegado al poder tras el golpe de 2013, se encaminaba a una reelección sin adversarios. Uno por uno, los que amagaron con desafiarlo terminaron presos, inhabilitados o fuera de carrera.
El caso más resonante fue el de Sami Anan, exjefe del Estado Mayor y la única amenaza real para el oficialismo. Sin embargo, el general fue interceptado por vehículos militares en las afueras de El Cairo, acusado de falsificar documentación castrense, y quedó detenido.
Ahmed Shafik, exprimer ministro de Mubarak, regresó deportado de su exilio en Emiratos solo para quedar retenido semanas en un hotel de la capital; al bajarse de la contienda alegó no ser "el hombre adecuado para guiar a Egipto en este momento", aunque la renuncia tuvo más que ver con viejas causas de corrupción que podían reactivarse.
Otro de los competidores, el coronel Ahmed Qonsowa, ni bien manifestó su intención de competir recibió seis años de prisión de un tribunal militar. Y el abogado de derechos humanos Khaled Ali abandonó la carrera tras la detención de Anan, jaqueado además por una condena pendiente.
En este contexto, el oficialismo improvisó un adversario para disimular una elección de candidato único. Así, Moussa Mustafa Moussa, líder del partido Ghad, inscribió su candidatura minutos antes del cierre del plazo. La ironía fue que 48 horas antes, Moussa había hecho campaña por el propio Al Sisi.
Una boleta escrita a mano
Expuesto el escenario electoral, se entiende mejor la presencia de Mohamed Salah en aquella elección. Con la oposición llamando al boicot y el resultado cantado, los egipcios encontraron una vía de escape no prevista. En el cuarto oscuro, tacharon a los dos candidatos habilitados y escribieron a mano el nombre del delantero.
El escrutinio arrojó el resultado que todos esperaban. O casi. Al Sisi se impuso con el 97% de los votos válidos y Moussa apenas rascó el 3%. Sin embargo, el dato revelador estuvo en los sufragios anulados: fueron alrededor de 1,7 millones, más que los obtenidos por el candidato "opositor".
Según estimaciones periodísticas, cerca de un millón de esas boletas llevaban el nombre del futbolista. Es decir que sin postularse, sin campaña y sin figurar en ninguna boleta, Salah superó al único adversario oficialmente habilitado.
Por qué Mohamed Salah: el ídolo que venía de abajo
En aquella temporada 2017-18, Salah era el máximo goleador de Europa con 29 goles y la razón principal de que el Liverpool peleara los primeros puestos de la Premier.
A esa performance se le sumó un hecho vital para Salah, pero también para la selección de Egipto: el penal convertido ante Congo en el minuto 94 que devolvió a los Faraones a un Mundial después de 28 años. Para quienes no recuerdan: Rusia 2018.
Pero la grandeza de Salah no se reduce a lo deportivo. Nació en Nagrig, un pueblo agrícola de la gobernación de Gharbia, en el delta del Nilo, y nunca cortó el cordón con su tierra: financió los gastos de decenas de bodas de familias de su pueblo, donó equipamiento oncológico y bancó la construcción de un instituto religioso, un hospital y obras de infraestructura.
El futbolista que no quiso pisar Tel Aviv
El perfil político de Salah, además, no nació con aquella elección que claramente excedió su voluntad. En agosto de 2013, con 21 años y jugando en el Basilea suizo, el sorteo de la previa de la Champions lo cruzó con el Maccabi de Tel Aviv.
El joven egipcio —formado en un país cuya opinión pública abraza mayoritariamente la causa palestina pese a la paz firmada con Israel en 1979— quedó atrapado entre su contrato y sus convicciones.
En la ida, en Basilea, esquivó el saludo protocolar a los rivales israelíes con la excusa de cambiarse los botines. Para la vuelta, según trascendió, se resistió a viajar ya que pisar el aeropuerto Ben Gurion le parecía una forma de legitimar al Estado israelí.
No obstante, la presión institucional se impuso. "El club me dijo que si no íbamos recibiríamos una sanción muy dura y tendríamos muchos problemas. Así que fuimos y por suerte pude anotar", contó el propio Salah tiempo después.
En esta línea, en la conferencia de prensa de cara al partido con Argentina, el DT de Egipto Hossam Hassan, se manifestó a favor de la causa palestina.
Este martes, el hombre al que un millón de egipcios votaron sin que se presentara, volverá a darles una ilusión.





