La correa de Shein: el laberinto regulatorio chino que frena su expansión global
Shein enfrenta un complejo escenario para cotizar en bolsas internacionales tras la imposición de nuevas regulaciones chinas.
La expansión global de Shein sigue atada a las decisiones regulatorias de China.
Generado con IAShein es una tienda de ropa que no tiene locales, vende barato por una aplicación en el teléfono. Nació en China en 2008, primero como una página que vendía vestidos de novia al exterior, y creció hasta convertirse en la marca de ropa más descargada del mundo.
En 2025 tuvo 273 millones de clientes activos en unos 160 países, despachó más de 1.000 millones de pedidos y facturó unos $42.000 millones de dólares. Entre tanto, sube 4.700 prendas nuevas por día. Lo curioso es que no vende en China porque todo su negocio está afuera. Y sin embargo, sigue siendo una empresa china en el sentido que importa, el que decide Pekín.
¿Cómo funciona el modelo de negocio de Shein?
La idea de Shein es simple y fue muy eficaz, porque la ropa tradicional se diseña con meses de anticipación, en grandes cantidades y se apuesta a que la gente la compre. Sin embargo, Shein hace lo contrario porque sus programas leen lo que la gente busca, mira y compra en la aplicación, detectan una tendencia en horas, generan un diseño y lo mandan a fabricar en tandas chicas, a veces de 100 unidades. Si el diseño se vende, se pide más, y si no, se descarta sin pérdida.
Ese modelo solo es posible en un lugar del mundo. Alrededor de Cantón, en el sur de China, hay un conglomerado de miles de talleres pequeños que cosen rápido, cobran poco y aceptan pedidos minúsculos. Shein trabaja con unos 7.000 de ellos y ningún otro país tiene ese entramado industrial con la escala, velocidad o la disposición a producir 100 prendas hoy y 10.000 mañana. Es decir, la aplicación es el cerebro de Shein, pero el cuerpo está en Cantón. El propio prospecto de la empresa lo confirma, la mercadería despachada desde sus depósitos centrales en China continental representó más del 90% de sus ingresos de 2025.
Durante años el negocio tuvo además una ventaja legal porque Estados Unidos y la Unión Europea dejaban entrar sin impuestos los paquetes pequeños, los de menos de $800 dólares en el caso estadounidense y de menos de €150 euros en el europeo. Esa regla, llamada de minimis, nació para no molestar a la aduana con regalos y compras menores. Shein la convirtió en su modelo de envío porque cada pedido viajaba solo, debajo del umbral, libre de aranceles. Así, Estados Unidos cerró esa puerta en mayo de 2025 y la Unión Europea impuso un derecho de €3 euros por artículo el 1 de julio de 2026. Para una empresa cuyo argumento entero es el precio, cerrar la exención equivale a cambiar las reglas del juego.
La mudanza de Shein a Singapur
En 2022 Shein trasladó su sede de Nanjing a Singapur; y su fundador, Xu Yangtian, tomó la residencia singapurense. La empresa dejó de presentarse como china y empezó a presentarse como global, con sede en una ciudad que es a la vez asiática, neutral y respetada por los inversores occidentales.
Las empresas chinas cargan con una sospecha permanente en Occidente, con motivo, porque la ley china obliga a cualquier compañía a colaborar con los servicios de inteligencia si se lo piden, y Pekín intervino de manera brutal en sus propias empresas tecnológicas entre 2020 y 2022, empezando por el bloqueo de la salida a bolsa de Ant, la financiera de Alibaba, a días de concretarse. Shein quería vender su ropa en Estados Unidos, quería cotizar en Nueva York y quería que sus inversores no tuvieran que pensar en el Partido Comunista cada vez que leían una noticia. Mudarse a Singapur era la forma de decir “nosotros ya no somos eso”. El problema es que China no acepta divorcios de ese tipo.
La regla que cambió todo
En 2023 China dictó una norma que en apariencia es un trámite y en la práctica es una cadena. Desde entonces las empresas chinas que quieren cotizar en una bolsa fuera del territorio continental deben registrar la operación ante la CSRC, la comisión que regula los mercados de valores chinos. El régimen se llama de registro, no de autorización, y en el papel alcanza a las empresas domésticas y a ciertas estructuras que cotizan afuera por medio de sociedades intermedias. Lo decisivo es cómo se define quién es una empresa china. Porque no importa dónde esté la sede, ni dónde esté registrada la sociedad matriz, ni de qué nacionalidad sea el dueño. Lo relevante es dónde está la sustancia del negocio, es decir, los ingresos, sus activos, la gente y las operaciones.
Shein produce casi toda su ropa en China y despacha desde allí. Por lo tanto, aunque su matriz sea singapurense y no venda una sola prenda en China, la CSRC la consideró alcanzada. Y aunque el trámite se llame registro, Shein descubrió lo que muchos vieron antes, no se puede cotizar en ninguna parte hasta que Pekín dé su conformidad. La mudanza de 2022 no la liberó de nada, solo la hizo parecer libre.
Pekín usó esa llave con paciencia. El primer intento de Shein fue Nueva York, en 2023, y fracasó por la oposición de legisladores estadounidenses, que objetaban las acusaciones de trabajo forzado en la cadena de suministro y objetaban, también con lógica, que una empresa diciendo no ser china necesitara permiso de Pekín para cotizar. Luego, el segundo intento fue Londres. El regulador británico aprobó el prospecto en abril de 2025, pero la CSRC no dio su conformidad. El motivo, según lo que trascendió, fue el lenguaje con que Shein describía en el prospecto los riesgos de su cadena de suministro, en particular la posibilidad de que hubiera algodón de Xinjiang, la región donde Occidente denuncia trabajo forzado de la minoría uigur. Londres exigía que ese riesgo se dijera con claridad aunque Pekín no aceptaba que se explicite así. Por ende, Shein quedó en el medio y el proyecto en Londres murió.
El tercer intento fue Hong Kong, la única plaza que Pekín bendice para sus empresas, donde la CSRC dio su conformidad en julio de 2026. Vale la pena retener la secuencia, porque la empresa que se fue a Singapur para no depender de China terminó cotizando donde China quiso, después de que Beijing le cerrara los dos lugares donde ella quería cotizar.
Lo que Pekín protege
Falta entender por qué a China le importa tanto y la respuesta no es el prestigio sino el empleo. Cuando en abril de 2025 llegaron los aranceles de Trump contra los productos chinos, todas las empresas que exportaban desde China consideraron la mudanza de sus fábricas a Vietnam, a India o a México. Es lo que el mercado dicta ya que si el arancel castiga el origen, se cambia de lugar. Sin embargo, Pekín reaccionó de inmediato a través de su Ministerio de Comercio, según fuentes citadas por la prensa financiera, y convocó a Shein junto a otras empresas con el pedido de no diversificación de su abastecimiento fuera del país, por la pérdida de puestos laborales. Los talleres de Cantón emplean a cientos de miles de personas y si Shein se lleva la demanda, se va una industria completa.
Para sobrevivir al arancel, Shein debe trasladar una porción mayor de su negocio fuera de China, y de hecho empezó a hacerlo a Brasil y Turquía. Pero para cotizar Shein necesita que Pekín dé su conformidad al tiempo que el problema es justamente eso.
Shein tenía una salida preparada para ese nudo, y estaba en India. La segunda parte de este artículo cuenta cómo el socio indio le impuso condiciones opuestas a las de China, cómo esa tensión dejó huella en un prospecto que dice mucho sobre los riesgos y muy poco sobre uno de los remedios, qué enseña todo esto sobre la manera en que China entiende el mercado, y cuánto costó la correa en dinero contante.
Las cosas como son.
*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

