Islandia rechaza a la Unión Europea una vez más: el "no" se impuso y cerró la puerta a Bruselas
Islandia volvió a marcar distancia de la Unión Europea. Más del 52% rechazó retomar las negociaciones para una eventual incorporación al bloque.
Islandia rechazó por 52,8% a 47,2% volver a negociar su posible ingreso a la Unión Europea.
Islandia volvió a darle la espalda a un posible ingreso a la Unión Europea. Con el 100% de los votos escrutados, el “no” se impuso con el 52,8%, frente al 47,2% que respaldó la posibilidad de reabrir las negociaciones con Bruselas, paralizadas desde hace más de una década.
El resultado dejó 118.040 votos en contra de retomar las conversaciones y 105.399 a favor. La consulta era de carácter consultivo, pero el Gobierno de centroizquierda encabezado por la primera ministra Kristrún Frostadóttir había prometido respetar lo que decidieran las urnas.
La votación dejó además otro dato contundente: la participación llegó al 82,5%, una muestra de la importancia que adquirió una discusión que atraviesa la política islandesa desde hace años. El resultado fue mucho más ajustado de lo que podía sugerir una victoria cómoda y durante buena parte del escrutinio el “sí” llegó a mantenerse por delante.
Islandia vuelve a frenar su acercamiento a la Unión Europea
El mapa electoral mostró una marcada división entre la capital y el resto del territorio. Las circunscripciones de Reikiavik respaldaron la reapertura de las negociaciones, mientras que las zonas rurales y el sudoeste terminaron inclinando definitivamente la balanza hacia el “no”.
Uno de los grandes puntos de discusión fue el temor a perder capacidad de decisión sobre los recursos naturales. La pesca, una actividad fundamental para la economía y las exportaciones de Islandia, quedó en el centro de la campaña junto con la defensa de la soberanía nacional. Los opositores sostuvieron que una futura integración podría obligar al país a ceder parte de su autonomía frente a las reglas comunitarias.
Del otro lado, quienes impulsaban el “sí” señalaban posibles ventajas económicas y políticas de acercarse al bloque, entre ellas una mayor estabilidad económica y la posibilidad futura de adoptar el euro. También pesó el nuevo escenario geopolítico en el Ártico, marcado entre otras cuestiones por las reiteradas amenazas de Donald Trump sobre la vecina Groenlandia.
¿Debería Islandia unirse a la Unión Europea?
Islandia había solicitado formalmente su ingreso a la Unión Europea en 2009, después de la profunda crisis financiera que golpeó al país. Las negociaciones comenzaron, pero quedaron paralizadas en 2013 con la llegada de un Gobierno euroescéptico y dos años más tarde Reikiavik comunicó que ya no debía ser considerado un país candidato.
La coalición gobernante recuperó el tema y decidió dejar la definición en manos de la ciudadanía. Sin embargo, la consulta de este fin de semana no preguntaba si Islandia debía ingresar inmediatamente a la UE, sino únicamente si debía volver a sentarse a negociar con Bruselas. Incluso ante una victoria del “sí”, cualquier acuerdo definitivo habría tenido que ser sometido posteriormente a otro referéndum.
El resultado volvió a congelar ese camino. Islandia seguirá vinculada estrechamente con Europa mediante el Espacio Económico Europeo y el espacio Schengen, pero por ahora permanecerá fuera de la Unión Europea y sin negociaciones abiertas para convertirse en uno de sus miembros.
Con este resultado, Islandia se suma a otros países europeos que en las últimas décadas también frenaron en las urnas una integración plena con la Unión Europea. El antecedente más claro es Noruega, que rechazó incorporarse al bloque en dos referendos, celebrados en 1972 y 1994. Suiza también optó por mantener distancia: en 2001, el 76,8% de los votantes rechazó la iniciativa denominada “Sí a Europa”, que buscaba avanzar en el camino hacia una eventual adhesión. Así, los tres países permanecen fuera de la UE pese a mantener estrechos vínculos económicos y políticos con el bloque.