Gaby Muñoz, la mexicana que tras estar al borde de la muerte creó el personaje de la payasa Chula
A lo largo de más de 15 años, Chula ha llevado sonrisas por todo el mundo, desde salas de ópera hasta campos de refugiados. Pero fue una tragedia personal lo que inspiró a su creadora.
Iba a ser una operación muy rápida. Prácticamente ambulatoria. Pero cuando despertó de la anestesia se dio cuenta de que estaba en otro hospital.
"Había muchos cables alrededor y tenía algo en la boca que no me dejaba hablar", cuenta la artista mexicana Gabriela "Gaby" Muñoz.
Trató de moverse pero el esfuerzo subió el ritmo de su corazón y encendió una alarma.
"Todos entraron corriendo, en completo shock, gritando: '¡Llamen a sus padres, llamen al doctor!'. La primera cara que reconocí fue la de mi padre, asomándose y llorando".
Gaby se enteró después de que había estado en coma durante un mes. Durante la cirugía había contraído una infección sanguínea severa, causada por bacterias en el aire acondicionado del hospital. Sus pulmones estaban casi inservibles y necesitaba la asistencia de un respirador.
La familia y los médicos casi toman la decisión de desconectar a esa adolescente que parecía que jamás se recuperaría.
"Luego tuve otra cosa que llaman coagulación intravascular diseminada", explica. "Mi sangre no coagulaba y estaba sangrando de todas partes del cuerpo". Necesitó constantes transfusiones.
Contra todo pronóstico, Gaby salió del coma. Estaba frágil y a duras penas se aferrada a la vida. Todo le parecía surreal, pero en su estupor pudo ver cosas desde otro ángulo, observar comportamientos a su alrededor que le hacían sonreír.
Empezó a notar la cadencia cómica -o la falta de esta- en lo inoportuno, así como el humor y la ridiculez de los errores humanos.
Como cuando un sacerdote se acercó a su lecho para darle la extremaunción sólo para que la enfermera le dijera que esa no era la paciente correcta.
O cuando su hermana le leía para combatir el insomnio y era ella misma la que terminaba dormida junto a Gaby.
"Empecé a encontrar todas estas ridiculeces muy entretenidas. Esas pequeñas cosas aquí y allá me hacían sonreír y observar más a las personas. Creo que eso se convirtió en el ABC de mi trabajo", expresa.
Gaby es la artista detrás del personaje de la payasa Chula, una figura muda pero expresiva que aborda temas desde el sufrimiento y el envejecimiento hasta la desigualdad y la imagen corporal.
"Ella es parte de quien soy. Como mi otro yo", dice.
A lo largo de más de 15 años, Chula se ha presentado por todo el mundo, desde salas de ópera hasta campos de refugiados.
Las primeras risas
Gaby descubrió le poder del humor en su niñez.
"Hacía muchas presentaciones en familia con mis primos cada Navidad", cuenta. Y como era la menor, los primos le daban el papel de la maga, "el más soso de la presentación", opina.
En una ocasión convenció a su hermana para un acto que consistía en vestirse muy mal, esconderse dentro de un edredón, cambiarse a ropas más finas y finalmente aparecer como por arte de magia vestida elegantemente.
Pero Gaby calculó mal y dejó caer el edredón cuando su hermana todavía estaba semidesnuda. La familia soltó la carcajada.
"Todos se me acercaron diciendo lo cómico que había sido", dice, recordando la emoción que le provocó.
Su padre, Jaime Muñoz, también fue una gran influencia en sus inicios artísticos.
Era abogado de profesión, pero estaba desempleado, así que se quedaba en casa cuidando a sus hijas. Él escribía guiones y ellas daban vida a los personajes.
Gaby tenía dificultades con el habla desde pequeña, así que no recitaba los parlamentos, sino que se comunicaba con sonidos.
"Les habían dicho a mis padres que tendría que recibir terapia, pero mi padre estaba muy interesado en abrirme un mundo de fantasía y comunicarse conmigo con sonidos", explica.
Esos primeros juegos y producciones plantaron la semilla de lo que luego lograría Chula haciendo uso de sus miradas, sus gestos y el silencio.
Payasa "en serio"
La adolescencia de Gaby fue difícil. Luego de aquellos largos meses de hospitalización, no se integró bien en el colegio.
Entonces, siguiendo los pasos de su hermana mayor, se fue de México para estudiar. Terminó la secundaria en Francia y luego ingresó a una universidad en Reino Unido para una licenciatura en Literatura.
"Tuve un gran profesor que encontraba mis composiciones muy chistosas", cuenta. Fue él quien le sugirió unirse al programa de teatro de la universidad.
Su primera actuación fue en una tragedia griega. Interpretaba un pájaro y decidió confeccionar su propio vestuario cosiéndole plumas. No hizo un muy buen trabajo, pues las plumas se empezaron a caer en pleno escenario, causando la risa de la audiencia.
"Fue algo que me transportó otra vez a un espacio encantador", cuenta.
Rápidamente se dio cuenta de que el teatro clásico no era para ella, pero la última parte del curso estaba dedicado al arte de payaso o clown. Gaby lo desconocía.
Su única referencia eran los payasos estereotípicos con grotescas sonrisas pintadas, enormes zapatos, dando alaridos en falsete. Eso no la entusiasmaba mucho, pero la experiencia le iba a abrir la puerta a una pasión de por vida.
"Nuestros instructores nos instaron a encontrar nuestras propias voces, nuestras voces de payaso", señala. Pero cuando decidió hacer un acto mudo la reacción de sus colegas fue sorprendente: empezaron a reír y luego a provocarla, pero la alentaron a que no hablara, sino que sólo respondiera con gestos.
"Me dijeron: 'No tienes que hablar porque hay un gran signo de interrogación en tus ojos que compartes con todo el mundo'".
El arte de payaso le dio sentido a todo: el silencio de su infancia, su habilidad de conectar con los ojos, observaciones y gestos, su absurda supervivencia de una tragedia. Y, por primera vez en su vida, había encontrado lo que quería hacer, su "tribu".
"Llamé a mis padres y les dije: 'Resulta ser que soy una payasa'. Papá se puso feliz y me respondió: '¡Finalmente saliste del armario!'".
Su madre también se ilusionó: "Creo que eso es hermoso. Pero si vas a ser una payasa, tienes que ser una payasa en serio".
Morir y vivir
Una de sus primeras experiencias fue en campos de refugiados palestinos, a donde llegó gracias a una excompañera libanesa con la que había estudiado y con la que empezó una pequeña compañía en México que sigue operando en Medio Oriente.
Ese viaje le cambió la vida para siempre, dice con emoción: "Me expandió el corazón… cambió mi percepción de todo".
Después de ello, trabajó con maestros de origami y músicos. Su idea era profundizar "cómo expresar emociones físicamente y cómo transformar los conflictos a través del movimiento".
Por esa misma época, Gaby empezó a desarrollar el aspecto físico de Chula con la ayuda de una amiga fotógrafa y de su hermana, que es vestuarista.
Chula finalmente salió a la luz en 2010, en respuesta a una ruptura amorosa que sufrió mientras vivía en Montreal.
Aunque reconoce que fue una situación dolorosa, agradece a la persona que la generó: "Me dio una cantidad de material para crear mi primer show".
"Creo que hay algo muy esperanzador en la experiencia humana. Y realmente empata y se relaciona con el espíritu del payaso, que es de constante recuperación, ¿sabes? Es como si estuvieras muriendo y resucitando en dos segundos".
*Este artículo es una adaptación de un reportaje de Clayton Conn para el programa Outlook de la BBC cuya versión original en inglés puedes escuchar aquí.
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FUENTE: BBC