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Cuando el mensajero miente: cómo el South China Morning Post impulsa el relato tecnológico de China

La publicación de datos sobre exportaciones de chips en China reavivó el debate sobre propaganda, manipulación y el verdadero avance tecnológico de Beijing.

China exporta chips maduros y vende narrativa de potencia tecnológica. 

China exporta chips maduros y vende narrativa de potencia tecnológica. 

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Hubo un tiempo en que el South China Morning Post era una referencia. Fundado en Hong Kong en 1903, durante décadas fue el diario en inglés más importante de Asia oriental, reconocido por un periodismo que se permitía incomodar tanto a Londres como a Beijing. Esa reputación sobrevivió guerras, transferencias de soberanía y varias crisis regionales, sin embargo murió con Alibaba.

En 2016, Jack Ma adquirió el SCMP por $266 millones de dólares. Ma no era simplemente un empresario exitoso, sino que era, y es, una figura cuya fortuna y cuya libertad dependen de la gracia del Partido Comunista Chino, como quedó demostrado cuando desapareció de la vida pública durante meses en 2021 tras atreverse a criticar al regulador financiero chino. Un hombre que sabe lo que le cuesta contradecir al poder no compra un diario para hacerlo más independiente. La lógica es tan simple que sorprende que todavía haya lectores en Occidente que citen al SCMP como fuente neutral.

El artículo publicado recientemente sobre las exportaciones de semiconductores chinas es un ejemplo casi pedagógico de cómo funciona la desinformación sofisticada. Este no miente con datos falsos, sino que selecciona datos reales, omite los que contradicen la narrativa y construye un relato que el lector no especializado no tiene herramientas para cuestionar.

El dato de apertura parece contundente, con las exportaciones chinas de circuitos integrados subiendo 72,6% en valor durante enero y febrero de 2026, alcanzando $43.300 millones de dólares. Impresionante. Pero el artículo incluye, casi de pasada, otro número que destruye la narrativa si uno se detiene a pensarlo. En volumen, las exportaciones crecieron apenas 13,7%. El precio subió 73% y la cantidad subió 14%. Esa brecha es la pregunta central que cualquier periodista honesto hubiera puesto en el titular.

Cuando el valor de algo sube cinco veces más rápido que su cantidad, hay dos explicaciones posibles. La primera, favorable a China, es que el país está exportando chips de mayor valor agregado, más avanzados o más sofisticados. La segunda, que el artículo no menciona, es que los chips que China exporta son los mismos de siempre, con tecnología antigua, de 28 nanómetros o más, pero declarados en aduana a valores inflados. China tiene un largo historial documentado de manipulación de estadísticas aduaneras para proyectar fortaleza económica, especialmente en sectores estratégicos bajo escrutinio internacional. Elegir la primera interpretación sin siquiera plantear la segunda es propaganda con firma de autor.

Para el lector no familiarizado con la industria semiconductora, conviene explicar por qué la distinción entre chips maduros y chips avanzados no es un tecnicismo sino la diferencia entre ser jugador relevante o no serlo. Los chips se miden por el tamaño de sus transistores, expresado en nanómetros: cuanto más pequeño el número, más potente y eficiente el chip. Los procesadores que impulsan la inteligencia artificial de frontera, los que entrenan modelos como GPT o Gemini, requieren procesos de 7 nanómetros o menos. China no puede fabricarlos porque hacerlo requiere máquinas de litografía ultravioleta extrema que solo produce una empresa en el mundo, la holandesa ASML, y que Occidente le negó sistemáticamente. Lo que China sí fabrica en volumen son chips de 28 nanómetros o más, útiles para electrodomésticos, automóviles y electrónica de consumo, pero irrelevantes para la carrera por la inteligencia artificial. Exportar más de eso no es avanzar; es correr más rápido en la dirección equivocada.

El propio artículo del SCMP, en su último párrafo, menciona casi de soslayo que las importaciones chinas de chips Nvidia H200, es decir, los procesadores de entrenamiento de IA más accesibles para el mercado chino— “permanecen en el limbo” ante posibles restricciones adicionales de Washington. Por lo tanto, China exporta chips maduros que el mundo no necesita desesperadamente y no puede importar los chips avanzados que sí necesita con urgencia. El déficit de importación semiconductora china alcanzó $78.200 millones de dólares en solo dos meses, casi el doble de sus exportaciones. Un país que compra casi el doble de lo que vende en su sector estratégico más promocionado no está conquistando la independencia tecnológica; está administrando una dependencia que se profundiza.

Este patrón, con China presentando debilidad estructural como fortaleza táctica, es el mismo mecanismo que operó cuando Beijing tuvo que dejar caer a Venezuela cuando los precios del petróleo colapsaron y el modelo chavista se volvió inviable sin subsidios infinitos. El mismo que operó con Irán, con Siria, con todos los aliados a los que China acompañó retóricamente y abandonó cuando el costo real se hizo presente. Cuba será la próxima estación de ese itinerario. Un poder genuinamente ascendente no abandona sistemáticamente a sus clientes; los sostiene porque puede. China hace lo contrario porque, detrás del relato de potencia inevitable, la capacidad real tiene límites que Beijing prefiere que nadie calcule.

El problema no es únicamente China, sino que ese relato llega amplificado por medios que conservan reputaciones construidas antes de que sus propietarios cambiaran. El lector que hoy cita al South China Morning Post como fuente sobre tecnología china está leyendo, sin saberlo, un instrumento diseñado para que Occidente se convenza de que la carrera ya está perdida. No está perdida, pero creerlo tiene consecuencias políticas y económicas reales, que es exactamente el objetivo.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.