El abogado de cristal: el fantasma en el mercado legal de China
El abogado extranjero en China: una paradoja de experiencia limitada en el mercado legal más grande del mundo.
Aunque las firmas internacionales pueden operar en China, la legislación les impide ejercer derecho chino y representar clientes ante tribunales locales.
ShutterstockExiste en Shanghái una figura curiosa, el abogado extranjero, es un profesional con décadas de experiencia, un título reconocido en su país de origen y acceso a los clientes más sofisticados del planeta. En China, sin embargo, no puede ejercer. Tampoco puede contratar a un abogado chino como empleado de su firma. Es un profesional que trabaja en uno de los mercados más grandes del mundo con las manos atadas a la espalda.
Los extranjeros no pueden ejercer el derecho chino en China y para convertirse en abogado local es necesario aprobar el examen nacional de calificación jurídica, y solo los ciudadanos de la República Popular China tienen derecho a inscribirse en ese examen, sin excepción. El mercado legal chino es, en este sentido, impenetrable por diseño.
Esto no impide que cientos de abogados extranjeros vivan y trabajen en Beijing, Shanghai y Guangzhou. Pero su existencia está acotada por una definición muy precisa de lo que pueden hacer.
Lo que sí es posible
La única forma en que un estudio de abogados extranjero puede ingresar al mercado legal chino es registrando una oficina de representación legal. Estas no pueden contratar juristas chinos para prestar servicios de derecho chino sólo están autorizados para asesorar sobre la ley de su país de origen. Puede únicamente aconsejar sobre derecho internacional, intermediar entre su cliente y un estudio chino; o encomendar asuntos de derecho chino a firmas locales en nombre de sus clientes.
Lo más valioso que un letrado extranjero aporta a una oficina en China es el conocimiento del derecho de su propio país. Su presencia no es para servir al mercado chino, sino para sus clientes del exterior que operan en China, o a las empresas chinas que operan en el exterior.
La estructura burocrática
Establecer una oficina requiere la aprobación del Ministerio de Justicia chino. El representante legal de la oficina debe ser un abogado en ejercicio y miembro del colegio de abogados de su país de origen, con al menos dos años de experiencia fuera de China y sin antecedentes disciplinarios.
Entre tanto, los plazos de aprobación no son predecibles. El Financial Times documentó que en años recientes las solicitudes estuvieron suspendidas sin explicación durante varios años.
Una vez aprobada la oficina, las restricciones operativas son minuciosas. Así, en el esquema de operaciones conjuntas con socios chinos, vigente en Shanghai desde 2014, las autoridades exigen que los espacios físicos de la entidad extranjera y la entidad local estén separados de manera específica. Se requieren contratos de arrendamiento independientes, cuentas bancarias separadas y recepciones distintas. La Oficina de Justicia de Shanghái supervisa el cumplimiento de estos requisitos con rigor. Como consecuencia, hay firmas que rediseñaron sus plantas de oficina para cumplir con la demarcación espacial exigida.
El efecto sobre el personal local es igualmente severo. Los abogados extranjeros que trabajan en las oficinas de representación en China solo pueden hacerlo en asuntos comerciales no contenciosos. Por su parte, los letrados chinos empleados en un estudio extranjero deben, según la ley, suspender su colegiatura local mientras dure ese empleo. En años recientes, varios de estos profesionales fueron transferidos de los estudios extranjeros a sus socios chinos. Aparecer en una tarjeta de presentación bajo el nombre de un estudio extranjero genera, en el clima actual, una inquietud que hace diez años no existía.
La paradoja del abogado extranjero en China es que su mercado más rentable no es China. Según datos de la Law Society de Inglaterra, hasta el 90% del trabajo de los socios de firmas británicas en China continental es trabajo de salida, tales como transacciones transfronterizas, disputas internacionales y empresas chinas que se expanden hacia Europa, África o América Latina. El estudio extranjero en Shanghai es, en esencia, una antena para capturar clientes chinos que operan fuera de China.
Este hecho transforma la narrativa habitual porque el abogado extranjero no conquista China. Sólo espera, con paciencia y con costos operativos considerables, a que China salga al mundo.
La asimetría que nadie nombra
Los estudios chinos pueden establecer oficinas en el exterior, contratar abogados locales y prestar servicios integrales de derecho corporativo y litigar. En sentido inverso, los estudios extranjeros en China no pueden emplear abogados chinos colegiados, ni representar clientes ante tribunales locales.
El abogado extranjero en China habita, entonces, un mercado que lo tolera sin abrirle las puertas. Este tiene una oficina en uno de los edificios más modernos del mundo, con acceso a los clientes más activos de la economía global. Sin embargo sabe que cada mañana al llegar a su recepción separada, en su piso demarcado con exactitud geométrica, que el ejercicio pleno del derecho en ese país nunca le pertenecerá.
Las cosas como son.
*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

