Bajo del mar: así es la idea que una argentina puso en marcha en Miami y que ya muestra sus frutos
En Miami, un proyecto liderado por una artista argentina transforma autos en esculturas submarinas para reconstruir un arrecife frente a Miami Beach..
El proyecto Reefline avanza en Miami con estructuras diseñadas para atraer corales y recuperar la biodiversidad marina.
ShutterstockEn Miami, donde el turismo, el cemento y el mar conviven a diario, una obra de arte decidió desaparecer de la superficie para cobrar sentido bajo el agua. A pocos metros de Miami Beach, autos sumergidos funcionan hoy como la base de un arrecife artificial que busca reparar un ecosistema dañado y devolverle biodiversidad a una de las costas más famosas del mundo.
La iniciativa se llama Reefline y nació de una idea tan simple como potente: resignificar el automóvil, uno de los grandes símbolos de la contaminación urbana, y convertirlo en una herramienta de regeneración ambiental en Miami. Las esculturas, fabricadas con hormigón ecológico, no son chatarra hundida al azar, sino estructuras diseñadas para atraer corales y permitir que la vida marina vuelva a instalarse.
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Detrás del proyecto está la artista argentina Ximena Caminos, quien logró la autorización para intervenir el fondo marino de Miami Beach con una propuesta que combina arte, ciencia y activismo ambiental. Hoy, más de dos decenas de autos forman una especie de “autopista submarina” ubicada a unos 250 metros de la costa, en una zona por la que cada año pasan miles de bañistas sin saber qué ocurre debajo.
Un proyecto que busca cambiar el fondo de Miami
El objetivo de Reefline en Miami es ambicioso: construir un arrecife artificial de coral de 11 kilómetros a lo largo del litoral. La meta no es solo estética. Durante décadas, esta área contó con arrecifes naturales que protegían la costa de la erosión y sostenían una gran diversidad de especies. El calentamiento del agua y la contaminación los hicieron desaparecer casi por completo.
“Es una transformación del símbolo”, explica Caminos. “El auto es un emblema de la polución, pero su forma es perfecta para que crezcan corales”. Las esculturas fueron colocadas a unos seis metros de profundidad, donde la luz solar es suficiente para favorecer el crecimiento. A apenas dos meses de su instalación en Miami, ya comenzaron a aparecer los primeros corales.
Los autos funcionan como verdaderas “macetas submarinas”. Una vez que se instalan los corales —considerados especies fundacionales—, el resto de la fauna marina llega de manera natural. Peces, invertebrados y otras formas de vida empiezan a reconstruir un ecosistema que Miami había perdido.
La instalación se realizó con grandes embarcaciones y con la colaboración del artista argentino Leandro Erlich. Todas las piezas fueron testeadas para resistir tormentas y huracanes, un detalle clave en una zona como Miami, expuesta a fenómenos climáticos extremos.
Cómo se visita el arrecife de Miami
Aunque la idea de una “ciudad subacuática” resulta tentadora, visitar el arrecife de Miami no es tan simple. Se puede llegar nadando, en kayak o tabla, pero la profundidad dificulta permanecer mucho tiempo observando las esculturas.
Por eso, la organización Reefline ofrece salidas en embarcación con equipo de buceo, permitiendo descender y recorrer el lugar con una única regla: no tocar nada. Para Caminos, esa experiencia tiene algo de ritual. "Mucho del arte más importante fue invisible durante siglos", sostiene, en referencia a obras que no se exhiben en vitrinas ni museos.
El mayor desafío ahora es económico. Completar los 11 kilómetros de arrecife artificial en Miami requiere una inversión cercana a los 33 millones de dólares. Para lograrlo, el proyecto busca apoyo estatal y privado, además de un sistema de adopción de esculturas.
Quienes colaboran pueden “adoptar” autos o estrellas submarinas que llevan placas con sus nombres. Entre los primeros donantes figuran Gloria Estefan y Emilio Estefan, dos figuras históricas de la cultura de Miami.
Mientras el arrecife sigue creciendo y el horizonte de finalización se proyecta a una década, Reefline ya despertó interés internacional. “Tenemos invitaciones de Dubái y Maldivas”, adelantó Caminos. Pero el laboratorio principal sigue estando en Miami, donde el arte decidió hundirse para salvar al mar.


