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El importante descubrimiento arqueológico que expertos hicieron en el sur de Texas

Nuevas investigaciones científicas dieron lugar a un importante descubrimiento: antiguas pinturas rupestres del sur de Texas resultaron ser miles de años más antiguas de lo que se creía y obligan a revisar la historia del arte prehistórico en la región.

Las pinturas rupestres del sur de Texas forman parte de una tradición artística milenaria que se mantuvo durante miles de años entre antiguas sociedades cazadoras-recolectoras.

Las pinturas rupestres del sur de Texas forman parte de una tradición artística milenaria que se mantuvo durante miles de años entre antiguas sociedades cazadoras-recolectoras.

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Un grupo de científicos realizó un importante descubrimiento sobre el arte rupestre más antiguo de América del Norte. Según explicaron los expertos, algunas pinturas en cuevas resultaron ser mucho más antiguas de lo que se creía hasta ahora.

El hallazgo surgió a partir de trabajos arqueológicos en los cañones del suroeste de Texas, cerca de la frontera entre Estados Unidos y México. Allí, los investigadores confirmaron que los murales del estilo Pecos River comenzaron a pintarse hace casi 6.000 años, lo que revela una tradición artística larga y continua desarrollada por antiguas sociedades de cazadores-recolectores.

La investigación fue liderada por la arqueóloga Carolyn E. Boyd, de la Texas State University, y publicada en la revista científica Science Advances. El estudio replantea lo que se sabía sobre el arte ritual temprano en América del Norte y cuestiona la idea de que las sociedades sin agricultura eran culturalmente simples.

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El descubrimiento permitió confirmar que estas pinturas rupestres del sur de Texas forman parte de una tradición artística milenaria, mucho más antigua de lo que se creía.

El descubrimiento permitió confirmar que estas pinturas rupestres del sur de Texas forman parte de una tradición artística milenaria, mucho más antigua de lo que se creía.

Un paisaje sagrado junto al río

El trabajo se centró en las Lower Pecos Canyonlands, una región de cañones formada por paredes de piedra caliza con aleros naturales. Estos refugios rocosos ofrecían superficies lisas y protegidas, ideales para pintar. Muchos murales permanecen exactamente en los mismos lugares donde, miles de años atrás, se habrían realizado rituales y ceremonias.

Las pinturas muestran escenas densas y cuidadosamente organizadas. Los artistas usaron pigmentos minerales de color rojo, negro y amarillo para representar figuras humanas estilizadas, animales y símbolos abstractos. En algunos casos, los murales cubren grandes extensiones de roca y contienen decenas de elementos dispuestos de forma intencional, lo que descarta que se trate de simples decoraciones.

Cómo se logró realizar el nuevo descubrimiento

Uno de los grandes desafíos de la arqueología es fechar el arte rupestre. Los pigmentos minerales no pueden datarse por sí solos porque no contienen carbono. Sin embargo, los investigadores descubrieron que los antiguos artistas mezclaban los colores con aglutinantes orgánicos, como grasas animales o resinas vegetales, para fijarlos a la piedra.

Esos materiales orgánicos dejaron rastros microscópicos de carbono. Al analizarlos con técnicas de radiocarbono, los científicos pudieron estimar cuándo se aplicó la pintura. Para evitar errores, las muestras se tomaron directamente de capas internas de pintura y no de la superficie de la roca, que puede contaminarse con humo, agua o actividad humana posterior.

Además, el equipo estudió las capas superpuestas de pintura. Al observar qué colores estaban encima de otros, pudieron reconstruir el orden en que se pintaron las figuras. Este análisis mostró patrones repetidos en distintos sitios, lo que indica que existían reglas compartidas y una planificación común.

Un arte que perduró miles de años

Para afinar las fechas, los científicos usaron un modelo estadístico que combina múltiples dataciones y reduce la incertidumbre. En total, se analizaron 57 fechas directas por radiocarbono y 25 fechas de costras minerales en 12 sitios distintos.

El resultado fue contundente: las pinturas del estilo Pecos River comenzaron entre hace 5.760 y 5.385 años y continuaron realizándose hasta hace entre 1.370 y 1.035 años. Esto significa que la tradición artística se mantuvo durante al menos 4.000 años, y posiblemente hasta casi 4.800.

Uno de los aspectos más llamativos del descubrimiento es la estabilidad de los símbolos. A pesar de los cambios climáticos y culturales, los motivos principales se repitieron durante milenios. Los investigadores identificaron al menos ocho murales que siguen un mismo sistema de imágenes, con figuras y símbolos que se repiten en más de 200 pinturas conocidas.

En sociedades sin escritura, la repetición ritual es clave para transmitir conocimientos. Los especialistas creen que estos murales funcionaban como una forma visual de preservar mitos, reglas sociales, calendarios ceremoniales y creencias espirituales de generación en generación.

Cuidado, respeto y herencia viva

El clima seco de los cañones ayudó a conservar las pinturas durante miles de años, pero hoy siguen siendo frágiles. Inundaciones repentinas, humo y el contacto humano representan riesgos reales. Por eso, las muestras tomadas fueron del tamaño de la cabeza de un alfiler y se complementaron con fotografías de alta resolución y microscopía digital.

Además, muchas comunidades indígenas consideran estas imágenes sagradas, vinculadas a seres ancestrales y relatos de creación. Por ese motivo, los investigadores trabajaron junto a asesores indígenas para decidir cómo estudiar, interpretar y difundir los resultados.

Este descubrimiento no solo amplía la historia del arte en América del Norte, sino que también obliga a repensar a las antiguas sociedades cazadoras-recolectoras como culturas complejas, con sistemas simbólicos sólidos y una visión del mundo profundamente estructurada.