Trump impone aranceles globales para aislar a Irán y escala la presión internacional
Estados Unidos anunció aranceles del 25% a países que comercien con Irán en medio de protestas y represión interna.
Donald Trump impondrá aranceles a los países que comercien con Irán.
EFEEl presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió subir la apuesta contra Irán y llevar el conflicto a un terreno que conoce bien: el comercio internacional. A través de su red Truth Social, anunció la imposición de aranceles del 25% a todos los países que mantengan vínculos comerciales con Teherán, una medida que busca aislar económicamente al régimen iraní tras la represión de las protestas que dejaron casi 600 muertos.
“Con efecto inmediato, cualquier país que mantenga relaciones comerciales con la República Islámica de Irán pagará un arancel del 25% sobre todas y cada una de las operaciones comerciales que realice con los Estados Unidos de América”, escribió Trump. Y remató con una definición sin matices: “La presente orden es definitiva y concluyente”. Según el mandatario, la decisión responde al uso de fuerza letal contra manifestantes, una línea que Irán estaría “empezando a cruzar”.
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La estrategia de Donald Trump
El anuncio no llega aislado. Trump viene combinando sanciones económicas con amenazas explícitas de acción militar. “Estamos barajando algunas opciones muy contundentes”, dijo a periodistas a bordo del Air Force One, y lanzó una advertencia directa: “Si lo hacen, les golpearemos con una fuerza que nunca antes han sufrido”. En su entorno admiten que se analizan desde ciberataques hasta operaciones militares directas, incluso en coordinación con Israel.
El impacto potencial de la medida es amplio. China, Brasil, Turquía y Rusia figuran entre los países que mantienen relaciones comerciales con Irán, lo que transforma la decisión estadounidense en un mensaje indirecto al sistema internacional. Para Trump, el cálculo es claro: encarecer el costo de hacer negocios con Teherán y forzar una negociación desde una posición de máxima presión. “Irán quiere negociar”, insistió el presidente, convencido de que el desgaste económico terminará inclinando la balanza.
Desde Teherán, la respuesta fue inmediata. El canciller Abbas Araghchi aseguró ante diplomáticos extranjeros que “la situación está totalmente bajo control” y acusó a Estados Unidos e Israel de instigar la violencia. “Las manifestaciones se tornaron violentas y sangrientas para dar una excusa al presidente estadounidense para intervenir”, afirmó, en declaraciones difundidas por Al Jazeera. Aun así, dejó abierta una puerta: Irán está “abierto a la diplomacia”.
Mientras tanto, el régimen mostró músculo en las calles. Manifestaciones progubernamentales coparon este lunes distintas ciudades en respaldo al líder supremo, Alí Jamenei, en un intento de contrapesar semanas de protestas que desafiaron directamente al poder. En paralelo, el fiscal general advirtió que quienes participen de las movilizaciones serán considerados “enemigos de Dios”, un delito que en Irán puede castigarse con la pena de muerte.
Según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, más de 10.600 personas fueron detenidas en dos semanas de protestas, con al menos 599 muertos, entre ellos 510 manifestantes. En ese contexto, la ofensiva de Trump combina presión económica, retórica bélica y cálculo político: aislar a Irán, advertir al resto del mundo y reforzar su imagen de liderazgo duro en un escenario internacional cada vez más volátil.




