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Elecciones en Ecuador: quién es Daniel Noboa, el presidente millennial que quiere mantenerse en el poder

A sus 37 años, busca ser reelegido para un mandato completo tras un primer período marcado por medidas de mano dura y polémicas institucionales.
Daniel Noboa busca mantenerse en el Gobierno con sus 37 años. Foto: EFE
Daniel Noboa busca mantenerse en el Gobierno con sus 37 años. Foto: EFE

Daniel Noboa y Luisa González se enfrentan en las elecciones en Ecuador se enfrentarán nuevamente en las urnas en lo que será una revancha de aquella elección de 2023, en la que Noboa se consagró ganador. El presidente más joven en la historia democrática de Ecuador y de América Latina busca extender su gobierno hasta 2029, con una propuesta que combina reformas económicas impopulares, un enfoque punitivista en seguridad y una manera de hacer política propia de la generación millennial.

Electo en 2023 con 35 años, Noboa se convirtió en el heredero político que su padre, el magnate Álvaro Noboa, no logró ser, pese a cinco intentos presidenciales. Desde su llegada al poder, ha marcado distancia con los liderazgos tradicionales. Habla poco en público, evita conferencias de prensa, se comunica principalmente por redes sociales y prefiere los videos en TikTok a las entrevistas televisivas. Su tono es breve, directo y, a veces, irónico. "Disruptivo", como lo define su entorno. "Autoritario", como lo acusan sus críticos.

La guerra como bandera

El país que recibió en noviembre de 2023 encabezaba los índices de homicidios en América Latina y arrastraba un déficit fiscal cercano a los USD 5.000 millones. Noboa respondió declarando la "guerra" al crimen organizado, a través del Plan Fénix, un programa de seguridad de tono militarista que él mismo lleva tatuado como símbolo en el cuerpo. La estrategia fue cuestionada por presuntas violaciones a los derechos humanos y por la falta de controles judiciales, pero sigue siendo el eje de su propuesta de continuidad.

En el frente económico, avanzó sin titubeos con la eliminación de subsidios a los combustibles y el aumento del IVA. Medidas similares habían desatado crisis sociales en otros gobiernos, pero en su caso fueron implementadas sin mayores protestas. Para sus detractores, eso responde a un control férreo del poder y un debilitamiento institucional que se agravó durante su gestión.

Crisis y escándalos

La polémica más grave llegó en abril de 2024, cuando Noboa ordenó un operativo policial en la Embajada de México en Quito para detener al exvicepresidente Jorge Glas, quien había recibido asilo diplomático. El episodio, considerado una violación del derecho internacional, generó un conflicto diplomático con México y un repudio generalizado de gobiernos latinoamericanos.

Tampoco pasaron desapercibidas sus disputas internas. Con su vicepresidenta, Verónica Abad, mantuvo un enfrentamiento abierto. Primero la envió como embajadora a Israel para alejarla del Gobierno. Luego, intentó suspenderla y nombrar por decreto a una vicepresidenta encargada, algo que la Justicia declaró inconstitucional. Finalmente, el Tribunal Contencioso Electoral la suspendió oficialmente. Con su exesposa, Gabriela Goldbaum, también mantiene un conflicto legal por la custodia de su hija, lo que derivó en acusaciones de violencia vicaria.

Política y estética millennial

Nacido en Miami en 1987, Noboa creció entre empresarios y políticos. Su formación transcurrió en universidades del exterior y su carrera arrancó en las empresas familiares antes de entrar al Congreso en 2021. Se presenta como un político moderno: publica videos entrenando en el gimnasio, muestra sus tatuajes, rompe con los códigos de vestimenta formales y se deja ver en actos oficiales con camisas ajustadas, lentes polarizados y zapatos Prada.

En la investidura presidencial, combinó un traje oscuro con calzado llamativo, y en una visita al presidente colombiano Gustavo Petro en Galápagos recibió al mandatario con una camisa blanca y bermuda fucsia. Para muchos, un gesto de irreverencia; para otros, una falta de respeto institucional.

“Un pésimo enemigo”

“Soy un pésimo enemigo a tener”, declaró alguna vez. Sus rivales, incluso dentro del espectro político más cercano, coinciden. Rafael Correa lo apodó “Calígula”, y distintos sectores lo acusan de gobernar con impulsos más que con consensos. Sin embargo, en menos de un año aplicó medidas estructurales sin desatar estallidos sociales.

El próximo domingo, Ecuador decidirá si le da a Noboa un mandato completo para profundizar su agenda. La pregunta abierta es si su estilo millennial y su modo vertical de gobernar seguirán teniendo respaldo en un país marcado por la inestabilidad.