Corrupción, cárteles y fentanilo: el colapso de México
La situación de seguridad en México, particularmente en regiones como Nuevo Laredo, llegó a un punto crítico: el narcotráfico domina amplias zonas del país y el Estado es incapaz de controlar la violencia. Así, la administración de Claudia Sheinbaum enfrenta el desafío que definirá su gobierno. Sin embargo, el problema central no radica únicamente en la violencia del crimen organizado, sino en la corrupción sistémica que impregna cada nivel del Estado mexicano, impidiendo cualquier intento real de erradicar a los cárteles.
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Históricamente, la corrupción en México fue un obstáculo insuperable para la lucha contra el crimen. Ejemplos abundan: desde el general Salvador Cienfuegos, ex secretario de defensa nacional quien fue arrestado en Estados Unidos por sus vínculos con organizaciones criminales, hasta jueces y policías que, en lugar de hacer cumplir la ley, facilitan la liberación de criminales de alto perfil. Este patrón se repite una y otra vez, dejando claro que el sistema judicial mexicano está infiltrado por los cárteles. Un decomiso masivo de fentanilo puede parecer un éxito, pero si los responsables son liberados en semanas, la victoria es efímera. El Estado, en este sentido, demostró ser fallido: no puede aplicar la ley de manera efectiva ni garantizar la seguridad de sus ciudadanos.
Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, elevó la presión sobre México para que controle el tráfico de fentanilo. Esta droga genera una crisis de salud pública en el país del norte. La amenaza de imponer aranceles del 25% llevó a Sheinbaum a desplegar 10.000 efectivos en la frontera, una medida para apaciguar a Washington. Sin embargo, esto difícilmente cambiará la realidad en el terreno. Con una frontera extensa y una droga sintética fácil de ocultar y transportar, los cárteles demostraron una capacidad de adaptación impresionante, lo que hace que estas medidas sean insuficientes.
El control territorial de los cárteles es otra señal del colapso del Estado mexicano. Se estima que entre el 30 y el 35% del país está bajo el dominio del crimen organizado. En ciudades como Culiacán o Nuevo Laredo, los cárteles actúan como gobiernos de facto, con su propia estructura de seguridad y un sistema de justicia paralelo basado en la violencia. La brutalidad escala: el uso de coches bomba, torturas y asesinatos masivos coloca a varias ciudades mexicanas entre las más peligrosas del mundo. La administración de López Obrador, con su política infantil de “abrazos, no balazos”, agravó el problema, y ahora Sheinbaum se enfrenta a un enemigo incontrolable.
Desde Washington, cobra fuerza el debate sobre una posible intervención en México. Trump firmó una orden ejecutiva que designa a los cárteles como organizaciones terroristas, lo que abre la puerta a sanciones económicas y a operaciones militares en territorio mexicano. Se mencionaron posibles ataques con drones y el uso de fuerzas especiales para eliminar a líderes del narcotráfico. Y gana adeptos la idea de tratar a México como a Líbano, donde Hezbolá tomó control de grandes áreas sin un gobierno efectivo. Estados Unidos tiene el poder militar, económico y tecnológico para imponer su voluntad, con el dominio de la inteligencia artificial brindándole aún más herramientas para rastrear y eliminar objetivos en territorio mexicano.
La reacción mexicana ante esta posibilidad es predecible: indignación y discursos sobre soberanía. Sin embargo, la realidad es que el gobierno mexicano no tiene el control de su propio territorio. La corrupción impide cualquier solución interna, y el país se encuentra en un estado de parálisis, donde los intentos de fortalecer la seguridad son saboteados desde adentro. Ante esta debilidad, Estados Unidos tiene una decisión que tomar: aceptar que su vecino es un Estado fallido o intervenir de manera unilateral. La voz de México en este asunto es irrelevante, porque, en última instancia, la seguridad nacional estadounidense está en juego, y Washington no permitirá que el caos en su frontera siga escalando sin consecuencias.
Las cosas como son
*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.