Argentina ya no es amiga ni de sus amigos
Una serie de conflictos “tontos” separan al país de sus vecinos más cercanos, como son Chile y Uruguay, aunque Brasil no escapa a la “peleíta barrial” de contundente repercusión en el normal desarrollo de actividades económicas, comerciales y hasta diplomáticas, si se quiere.
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Se trata de situaciones que se pueden adjudicar a la falta de gestión más que al resultado de alguna estrategia competitiva de parte de nuestro país. Torpeza y soberbia son dos calificativos que podrían calzar a la hora de mencionar los recientes choques.
Elmartes, la ministra de Minería de Chile retó como si se tratara de un niño chico malcriado al secretario de Minería de la Nación, el persistente en el cargo Jorge Mayoral, hombre de José Luis Gioja y mandamás del sector.
Increiblemente, el funcionario de la Casa Rosada le había pedido a Chile (justamente a Chile) que “se ponga los pantalones largos) en materia minera, enojado porque en ese país se suspendió la actividad de la mina Pascua Lama. El argentino no dijo esa frase en off the record a algún periodista desbocado. Tampoco, fue “sacado de contexto”. Fue parte de su discurso por la conmemoración del Día de la Minería, expresado en Catamarca ante todos los gobernadores mineros del país presentes (aunque Paco Pérez no fue y a Gioja no le hacía falta ir porque para eso ya estaba Mayoral). Daniel Scioli, el mejor posicionado candidato de los peronismos a la Presidencia, fue testigo.
La respuesta trasandina repercutió en la tapa de los diarios locales con fuerza: su ministra Williams le respondía que “ese no es el tono con el que acostumbro a discutir los temas”. La palabra del funcionario, dinamita mal colocada en medio de la exploración de nuevos vínculos entre Argentina y Chile, sellados por Michelle Bachelet al elegir a Cristina Fernández como la primera visita de su segundo mandato.
Pero no es el único caso.
Sin entrar en los detalles de lo que representó (y de lo que todavía queda una letanía) el conflicto de Gualeguaychú contra las pasteras uruguayas, arengada por el Gobierno en otras épocas, ni tampoco poniendo en la mesa la serie de “sincericidios” que los políticos uruguayos cometen a diario contra la Argentina, sus funcionarios y su historia, ahora recaló un nuevo conflicto.
Esta vez, harto, el canciller uruguayo, Luis Almagro, le puso un freno verbal al subsecretario de Puertos y Vías Navegables de Argentina, Horacio Tettamanti. Hay un conflicto latente desde hace tiempo entre ambas naciones rioplatenses debido a que nuestro país le prohíbe a los buques de carga hacer escala en el puerto uruguayo de Nueva Palmira.
Pero de allí a burlarse socarronamente de la crisis generada en Uruguay por la situación, hay un trecho muy grande y el argentino decidió recorrerlo.
“No queremos ser el valet parking de Nueva Palmira”, insistió Tettamanti, el mismo que firmó la declaración para que las mercaderías de Argentina no puedan transbordar en puertos de Uruguay y que, además, limitó la capacidad de las barcazas paraguayas que navegan por la hidrovía rumbo al puerto oriental.
“Tettamanti sería el primer antiartiguista. Tettamanti sería Sarratea (...) Uruguay no tuvo ninguna alucinación de ningún tipo, la única alucinación es hacerle perder a sus exportadores de frutas tiempo en puertos, de dos a cuatro días. Se les echa a perder fruta, esos son alucinaciones que afectan a su sector exportador”, sostuvo el canciller uruguayo.
“Reconozco –agregó después- que Argentina tiene 2.500 kilómetros de costa y que en esos kilómetros puede tener todos los puertos que quiera pero las condiciones deben ser de mejora de esos servicios y no de empeoramiento. Las condiciones de logística y de eficiencia de Uruguay no puede ser resueltas por Argentina con las condiciones que hoy tiene”.
"Uruguay sí propuso acuerdos bilaterales de carga con Argentina, y Argentina no ha respondido todavía", detalló el ministro, al revelar también que en 2011 Buenos Aires se comprometió a "no tomar decisiones unilaterales sobre estos asuntos", algo que no cumplió. La cuestión es que el puerto de Montevideo perdió un 43% del tráfico gracias a las medidas del país “amigo”, el nuestro, que además se niega a reunirse con todas las partes que deberían intervenir en el manejo de la hidrovía internacional, entre ellos, Brasil.
Puede aceptarse que el amorodio con este último país reconoce otro tipo de raíces, aunque echarle la culpa al vecino de que aquí estén suspendiendo y hasta expulsando trabajadores de las plantas automotrices sea la versión del momento.
Sin embargo, la Argentina se comporta como la niña superada del barrio que les hace bullyng a sus vecinas. Hasta que necesite de su apoyo, algún día. O hasta que el Gobierno requiera de un baño de imagen y busque fotos con mandatarios mejores posicionados con sus electorados, como los de, precisamente, Uruguay y Chile.

