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Continuidad o castigo

Estados Unidos elige quién será su presidente. En una elección sumamente polarizada, Obama parece correr con ciertas ventajas que te explicamos en esta nota


Si los votantes se vuelcan este martes masivamente a las urnas en los Estados Unidos, venciendo la abulia y las broncas con la situación del país, Barack Obama será reelegido este martes como presidente.

Allí, el actual mandatario se encuentra frente a un virtual empate con el rival republicano, Mitt Romney. El primero, consigue los favores de los sectores más pobres, las mujeres, los jóvenes y las minorías étnicas mientras que en una marcada diferencia, el contrincante es apoyado mayoritariamente por hombres blancos, mejor posicionados económicamente y por las personas de más de 50 años.

Así lo dio a conocer la encuestadora Gallup al establecer las características de los votantes por uno y por otro.

Dicho "en argentino", la polarización política en un país en el que se presenta un record de aspirantes a la presidencia y no solamente los dos que se ven públicamente, ha hecho que Estados Unidos esté crispado.

Hay decepción con Obama: su gestión deportó más inmigrantes que la de George Bush y no cumplió con todas las promesas para este sector que es clave en la determinación del triunfador y que, por su propia bronca, se encuentra desmotivado de ir a votar.

A su vez es mucho menos prometedora para estos sectores la posibilidad real de una gestión republicana y, particularmente, encabezada por Romney, que ha tropezado una y otra vez con su propia inseguridad a la hora de hablar de latinos e inmigrantes.

Pero no solo coneste sector del electorado Obama tiene cuentas pendientes. Los estadounidenses "puros" le reclaman un plan de salud que recién podrá verse en pleno funcionamiento en dos años más, demorado en su implementación real y los sectores más "progresistas" o más a la izquierda, aquellos que lo llevaron a transformarse en el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos, lo ven directamente como "el mal menor" y no como aquel prohombre de otrora.

Obama parece tener asegurados los electores en los estados claves para ser reelegido pero le puede pasar lo que a su correligionario Al Gore: perder en el electorado general, en el voto popular. Este país tiene una democracia que elige a su presidente por un sistema indirecto, como lo era la Argentina, por ejemplo, en 1983. Éstos deciden quién gobierna.

La bronca por las promesas incumplidas del actual mandatario parece ser contenida por un poder de movilización del Partido Demócrata alimentado de manera orgánica.

Es bien sabido que allí los partidos políticos funcionan como mecanismos meramente electorales. Sin embargo, la crisis interna republicana, con una derecha que se les va de las manos, como la constituída por los sectores más afines al Tea Party, contrasta con el nivel de organización lograda por los demócratas.

Si algo tiene Obama a su favor en la estructuración de la militancia es lo que llamaríamos aquí como "el obamismo": un sistema de comités partidarios que tiene una ingeniería de relojero, alta presencia en estados claves, como lo es Ohio, fuerte incidencia organizativa y militante en los sectores populares. Eso diferencia a un partido del otro, claramente.

Romper el empate será clave para que el que gane -y todas las apuestas dicen que será Obama una vez más- pueda afrontar la crisis con fuerza. Pero nada indica que eso garantice que no haya que enfrentar esa situación con más ajuste y medidas impopulares. El "sueño americano", muchas veces, se torna una pesadilla y el que gane tendrá que saber despertarse a tiempo.