Terminó Big Little Lies: un final pequeño para grandes actrices

El reparto estelar salvó una segunda temporada que careció de foco y de tensión. Un juicio dramático y cierres felices para (casi) todos, en una serie que parece imposible que continúe.

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Francisco Pérez Osán

Big Little Lies no pudo mantener el nivel durante su segunda temporada.

El domingo finalizó la segunda, y probablemente última, temporada de Big Little Lies. El capítulo final mostraba los finales de todas las integrantes de "Las cinco de Monterrey", con resultados variados que dejaron a muchos con sabor a poco. Sin embargo, en un año en que los finales parecen ser más decepcionantes que otra cosa (no vamos a recordar a Game of Thrones), Big Little Lies consiguió mantenerse fiel a su espíritu y sortear con éxito una segunda temporada bastante innecesaria.

Primero, lo mejor. El reparto, que ya durante la primera entrega estaba plagado de estrellas, mejoró exponencialmente con la adición de Meryl Streep en el papel de Mary Louise Wright, la madre de Perry, el violento que terminó empujado por las escaleras en el final de la primera temporada. Sus apariciones fueron lo que levantaron un guión no-tan-inspirado y mantuvieron la tensión a lo largo de los 7 capítulos.

De más está decir que el resto del reparto tampoco se quedó atrás. Reese Witherspoon (Madeline), Nicole Kidman (Celeste), Laura Dern (Renata), Shailene Woodley (Jane) y Zoë Kravitz (Bonnie) volvieron a brindar actuaciones de primer nivel, aunque algunos personajes, el de Kravitz sobre todo, parecieron alejarse de la historia principal, y estuvieron desconectados durante la mayoría de los episodios. Ese fue el principal problema de esta nueva entrega de la que había sido una de las series insignias de HBO: todas las respuestas necesarias para cerrar la historia se habían dado en el final de la primera temporada. Por eso, algunas cosas que se vieron en la segunda entrega fueron superfluas. Por ejemplo, las visiones de la madre de Bonnie que la mostraban ahogándose nunca llevaron a nada. Se puede presumir que eran metafóricas, y que mostraban la presión que el haber mentido sobre la muerte de Perry ejercía sobre su hija, pero al final quedaron más como relleno que otra cosa.

El juicio de Celeste le dio toda la tensión a la segunda temporada.

El juicio sobre la custodia de los hijos de Celeste fue el punto alto del final. El contrapunto entre dos grandes actrices marcó un nivel de tensión inigualable, y las duras escenas de abuso le agregaron una dosis de dramatismo pocas veces vista. Claro que, a la hora de los memes, la venganza de Renata para el esposo que la había llevado a la ruina y engañado se llevó todas las palmas. La destrucción de los trenes a batazo limpio fue el alivio que los espectadores necesitaban tras la dureza del juicio.

Los productores se tomaron el trabajo de cerrar todas las historias, y lo hicieron -para una serie que se había caracterizado por su alto nivel de dramatismo- de manera edulcorada. Madeline renueva los votos con el esposo al que había engañado, Celeste se queda con sus hijos, Renata puede salir de una relación que la estaba arruinando, Jane consigue superar el trauma del abuso y Bonnie se libera del peso de la mentira. Todos terminan tan bien como podían terminar, pero sin nada que haga que el final sea memorable.

Si esta segunda temporada era poco probable, una tercera es prácticamente imposible. Desde los productores, pasando por los directores y llegando a todo el reparto, nadie considera que se pueda seguir con la historia. El escollo más grande a la hora de una hipotética tercera entrega es que no hay nada más para contar. Lo que los espectadores podemos esperar es que, esta vez, HBO no se ciegue por el éxito y deje que la historia llegue a su fin.

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