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Marixa Balli desenterró una inquietante premonición que tuvo el Potro Rodrigo antes de su muerte

Entre confesiones nocturnas y visiones del futuro, la bailarina reveló la faceta más espiritual del ídolo antes del trágico accidente.


El mito de Rodrigo Bueno nunca termina de escribirse. A más de dos décadas de aquel junio que enlutó a la música popular, Marixa Balli reabrió una herida que mezcla nostalgia con un misticismo que pone la piel de gallina.

En una entrevista que dejó a todos pensando, la artista recordó una de las últimas conversaciones que mantuvo con el Potro, donde el cantante, sacado de su habitual alegría, le confesó que sentía que su paso por este mundo tenía fecha de vencimiento.

La premonición de Marixa Balli sobre el final del Potro

Según el relato de Marixa, el músico estaba atravesando un proceso interno muy particular, marcado por sueños recurrentes con su padre. En esas visiones, su progenitor le aseguraba que estaba destinado a realizar una obra trascendental antes de que volvieran a encontrarse.

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El "Potro" Rodrigo sentía que su vida llegaría a su fin tras alcanzar un hito fundamental en su carrera.

Para los seguidores del cuartetero, estas especulaciones se conectan directamente con los trece Luna Park consecutivos que consagraron a Rodrigo. Lo que en ese momento parecía un delirio de grandeza o una simple charla de almohada, hoy se lee como el aviso de una partida inminente que él ya presentía.

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La relación entre Marixa y el cantante estuvo marcada por confesiones profundas sobre la vida y la muerte.

Marixa, visiblemente movilizada, detalló que Rodrigo le confió sin vueltas que le quedaba poco tiempo y que estaba convencido de que su misión en la Tierra estaba por cumplirse. Esa faceta espiritual, alejada de los flashes y el ruido mediático de la época, mostró a un hombre que caminaba hacia su consagración con la certeza de que el éxito era la antesala del final.

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A 26 años de su partida, el testimonio de la bailarina suma una capa de misterio a la leyenda del cuartetero.

El relato de Balli no hace más que agigantar la figura de un artista que vivió a mil por hora y que, según este testimonio, ya conocía el desenlace. Tenía solo 27 años y estaba en la cima, pero en la soledad de sus charlas con quien fuera su gran amor, el ídolo ya había empezado a despedirse.

Al final del día, la historia de Rodrigo sigue generando la misma duda existencial: si fue un accidente del destino o un guion escrito mucho antes de aquel choque en la autopista.