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Al despedir a Antonio Gasalla, Juana Molina reveló por qué se rompió su relación con el actor: "Nunca me lo perdonó"

La actriz y cantautora se sinceró sobre el motivo de su distanciamiento con el capocómico, y le dedicó unas sentidas palabras a través de una extensa carta.
Juana Molina despidió a Antonio Gasalla Foto: Instagram @soyjuanamolina
Juana Molina despidió a Antonio Gasalla Foto: Instagram @soyjuanamolina

Juana Molina, talentosa actriz y cantautora, despidió a Antonio Gasalla con una sentida carta en la que confesó por qué tras el exitoso trabajo que compartieron en los años '80, después el capocómico la hizo a un lado.

Sobre el punto que marcó la ruptura de su vínculo con Gasalla, Molina confesó en su extenso escrito, que fue a comienzos de los 90 cuando a ella le ofrecieron hacer su propio programa. "Se enojó muchísimo conmigo. Muchísimo, muchísimo, muchísimo y fue una pesadilla ese año. Nunca me lo perdonó. Casi ni participaba en el programa, y mucho menos en la obra de teatro de ese verano”.

Si bien Juana Molina contó que intentó acercarse a Antonio Gasalla en una entrega de los premios Martín Fierro, el legendario actor le demostró que todavía estaba enfadado con ella. 

Juana Molina y Antonio Gasalla trabajaron juntos en televisión en los años '80. Foto: Captura TV.

Si tan sólo hubiéramos tenido la madurez de hablar aquella vez. Ver si había una opción mejor y no quedarnos ambos con este nudo en la garganta, esta tristeza que, evidentemente, tuvimos los dos. Qué orgullosos somos y las cosas que nos perdemos por eso”, se sinceró la artista.

Aquí compartimos la carta completa de despedida de Juana MolinaAntonio Gasalla:

Murió Antonio.

Qué manera de divertirnos cuando trabajé en su programa.

Y qué triste lo que pasó después.

Me siento un poco como las actrices que escribieron sobre ellas mismas cuando murió David Lynch, pero lo cierto es que lo más lindo de Antonio era cuando me amaba. Cómo me miraba cuando lo hacía reír. A veces sentía que se olvidaba de actuar porque se distraía mirándome como si fuera un espectador. Para mi era todo que él se divirtiera conmigo, me hacía actuar mejor, ser más libre.

El lugar que me dio fue enorme y me hizo crecer. Generosísimo, nunca jamás compitió ni fue de esos que no quieren que los demás se destaquen, al contrario, era como si necesitara que fuéramos sus bufones, que lo hiciéramos reír a él. Era muy lindo eso, muy único.

Era severo, pero increíblemente cómico y sensible. No hace falta que se los diga yo.

Además había una familiaridad extra por el hecho de que él y papá coincidieron mucho en café concerts y espectáculos varios cuando yo era chica.

Sin hacerme la importante, terminé siendo su compañera principal en todos sketches, pero eso no duró mucho.

Un día, Fernando Marín me llamó para proponerme hacer mi propio programa. Fue a principio de año del ‘90, cuando la temporada de Gasalla acababa de empezar. Le dije que sí, pero que para el año siguiente, que ya estaba comprometida con Gasalla ese año. Entonces, pensando que actuaba con la fidelidad que correspondía, lo primero que hice fue contárselo a Antonio.

¡Para qué!

Se enojó muchísimo conmigo. muchísimo, muchísimo, muchísimo y fue una pesadilla ese año. Nunca me lo perdonó. Casi ni participaba en el programa, y mucho menos en la obra de teatro de ese verano, en la que finalmente quedé afuera porque me tiré de un caballo desbocado y me esguincé horriblemente.

Fue durísimo cuando estrenamos Juana y sus hermanas, yo sólo pensaba en Antonio.

Un día me lo encontré en una entrega del Martín Fierro y me acerqué a saludarlo:

“¿Qué querés?” me dijo. “Saludarte”, contesté. “Ya está, ya me saludaste, qué más?”.

Y ahí me fui y nunca supe más nada de él hasta que hace poco, mamá me dio una carpeta de recortes que había juntado durante años y ahí encontré una nota suya, de 2013, en la que decía unas cosas lindísimas sobre mi.

Fue un shock. Por inesperado y porque ya era 2023 y eso lo había dicho hacía 10 años. Él ya estaba enfermo y era tarde para verlo y que nos perdonáramos, abrazáramos y demostráramos nuestro mutuo cariño.

Qué tristeza

Si tan sólo hubiéramos tenido la madurez hablar aquella vez. Ver si había una opción mejor. Y no quedarnos ambos con este nudo en la garganta, esta tristeza que, evidentemente, tuvimos los dos.

Qué orgullosos somos y las cosas que nos perdemos por eso.

Antonio, te estoy inmensamente agradecida por haberme dado el lugar que me diste y por tu gracia infinita.