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Edgardo Moreira: “El teatro musical me mantiene vivo, joven, como excitado”

El reconocido actor protagoniza 'Come from away' en el Teatro Maipo. Acaba de viajar junto al numeroso elenco de la obra a Gander, el pueblo canadiense donde ocurrió la historia original. Habló con MDZ sobre su encuentro con el personaje que interpreta y algo más.

Cuando Edgardo Moreira retomó sus clases de canto, cinco años atrás, jamás pensó en todas las alegrías que le traería esa decisión. Para entrenar su voz buscó a Sebastian Mazzoni, “el mejor profesor que había en ese momento”. Reconoce que no se equivocó y hoy le está profundamente agradecido. Fue él quien lo incentivó a presentarse al casting del musical Come from away. Nunca había escuchado hablar del espectáculo y lo único que sabía, hasta ese entonces, es que tendría su versión argentina en el Teatro Maipo de la mano de The Stage Company.

En 50 años de carrera, Moreira solamente había participado en dos obras de teatro musical: Despertar de primavera, dirigido por su maestro Agustín Alezzo; y en Aquí no podemos hacerlo, bajo la mirada de Pepe Cibrián. Al principio dudó en presentarse a la audición; pero motivado y confiado en Mazzoni, allá fue. Quedó seleccionado para interpretar a Claude Elliot, el alcalde de Gander (Canadá) que recibió y organizó a los 38 aviones que el 11 de septiembre de 2001 aterrizaron en el pequeño pueblo tras el atentado a las Torres Gemelas.

Pandemia mediante, finalmente la obra se estrenó en junio del año pasado. Fue galardonada como Mejor Musical tanto por los Premios ACE (otorgados por la Asociación de Cronistas del Espectáculo de la Argentina), como por los Premios Hugo (que reconocen a lo mejor del teatro musical en el país). Además, Moreira fue nominado en la terna de Mejor actuación protagónica masculina.

'Come from away' fue galardonado como Mejor Musical por los Premios Hugo y los Premios ACE / Foto: Gentileza Prensa

Acostumbrado al teatro de texto, sin quererlo, este trabajo lo modificó por completo. “El musical requiere de una gran destreza y concentración. Uno está acostumbrado a trabajar con una libertad mayor, pero cuando hacés un musical, la música es matemática. A veces se tiene solo un segundo para hacer un quiebre actoral, que se entienda lo que pasa y que entre en el tiempo musical. Y un segundo en un teatro de texto es nada”, cuenta en diálogo con MDZ.

Y detalla: “Me cambió todo; todas las estructuras porque canto, bailo y actúo. Estoy estudiando canto y voy a empezar a estudiar música. Tengo ganas de hacer musicales y quiero seguir haciéndolos porque descubrí que esto es un desafío que me mantiene vivo, joven, como excitado. Me obliga a seguir preparándome. Estoy haciendo pilates dos veces por semana para que mis huesos y mis articulaciones tengan la flexibilidad que necesito. Tengo que tener mi cuerpo a disposición, no solamente la voz. Me cambió la vida y estoy feliz. Conozco de musicales, pero nunca de lo que conozco de teatro de texto, entonces tengo para descubrir un montón. Es como entrar en la cueva de Ali Baba; está lleno de tesoros”.

Con el estreno del espectáculo, en la sala ubicada en calle Esmeralda, el reconocido actor cuenta que “empezó un periplo maravilloso que concluyó con un viaje que está absolutamente fuera de cualquier sueño que uno tenga”. Sucedió que todo el elenco de Come From Away acaba de viajar al pueblo donde transcurre la obra y estuvo en contacto con los propios protagonistas de la historia. “Fue una experiencia mucho más que artística; una experiencia vital”, señala.

El elenco de Come from away en el aeropuerto de Gander / Foto: Gentileza Prensa

La idea del viaje fue de Carla Calabrese (actriz, directora y productora de la obra). “Fue una gran lección de vida que nos dieron tanto ella como Enrique Piñeyro, su marido. Cuando subimos al avión, habiendo salido de la función del domingo, a la hora estaba ella sirviéndonos las bandejas como una azafata de cualquier aerolínea. Realmente fue muy contundente el ejemplo de humildad, de servicio, de lo fundamental de cuidar y querer al otro”, indica.

- ¿Cómo surgió la idea del viaje a Canadá?

- Hace como cuatro meses que Carla apareció y nos dijo que quería llevarnos a todos a Gander para que conociéramos a los personajes reales de la obra, para que estuviéramos en contacto con esa realidad que estamos contando. Nos pareció un delirio, pero después nos empezamos a organizar con las visas para Canadá. Cuando ensayábamos, nos mostraba los videos del avión de Enrique en el que llevaba a los refugiados de Ucrania. Lo que estábamos armando en la ficción tenía un correlato en la realidad. Es muy fuerte. Ahora nosotros viajamos en ese mismo avión que se ocupa para hacer vuelos humanitarios. Tanto ella como él, hacen lo que hacen porque están convencidos de que esa es la forma de vivir. No es una postura o una cuestión marketinera, sino que ellos viven así y su teatro también es así. La creación del viaje a Gander es como una especie de experiencia como cuando se termina el bachillerato y te vas de viaje de egresados porque después empieza otra etapa de tu vida. Esto más o menos era una especie de cosa así, pero que tenía un valor tremendo desde el punto de vista humano por la cohesión que se dio en todo el grupo. Salimos del teatro y después volvimos al teatro; o sea, salimos un domingo y volvimos al otro domingo. Tuve la sensación de que había pasado una semana mágica, como si una alfombra mágica te llevara y te volviera a depositar en el mismo lugar.

- ¿Qué enseñanza te dejó?

- Me dejó claro que hay una escala de valores que trasciende todo y que tiene que ver con darle al otro o a los otros el primer lugar. Uno tiene que ocuparse de eso, de hacer sentir bien al otro, de servir al otro, de cuidar al otro y que en eso uno encuentra la felicidad. Ha sido un viaje feliz para todos los que participamos porque todos estábamos shockeados. A la vuelta, en el avión, me puse a servir a mis compañeros como si fuera un azafato más, porque ese es el espíritu que nosotros transitamos en Gander. En la calle la gente te sonreía. Hay una hospitalidad, una intencionalidad a priori de la gente de empatía con el extranjero.

Edgardo Moreira junto a Claude Elliot / Foto: Gentileza Prensa

- ¿Cómo fue el encuentro con Claude Elliot, el alcalde que interpretás en Come from away?

- Fue una experiencia única. Lo conocí en Tim Horton, el bar donde en la obra figura que todos se reúnen. En ese local es donde él estaba cuando recibió el llamado de los Estados Unidos y le dijeron que iban los aviones. Me encontré con un hombre de mi estatura, de una cara muy muy rozagante y rosada, un poco más gordito que yo. Lo abracé y él me abrazó de una manera absolutamente abierta y afectuosa. A partir de ahí empezó toda una charla, vinieron compañeros y después, al día siguiente en su auto me llevó a mí, a mi mujer y a Enrique a ver la falla de Dover. Lo vi durante tres días.

- ¿Y de qué hablaron?

- Empiezo por el final. El penúltimo día, fuimos a ver la obra y a cenar. ¡Fuimos atendidos por los personajes reales! Claude se acercó a la mesa en la que yo estaba y me dio un paquete. No había alcanzado a ver que había y me dice “mira yo quiero decirte que desde el primer día que te conocí, sentí que vos tenías la compasión y el amor como para poder interpretar mi personaje. Esto que te traigo de regalo es la bandera de la ciudad. Quiero que vos la tengas y quiero decirte que quizás en esta vida no nos volvamos a encontrar, pero lo que quiero que estés seguro es que yo voy a estar con vos siempre”. Ahí me derrumbé. Me senté en la silla tomado absolutamente por la emoción, mis compañeras me abrazaban porque no podía reaccionar, estaba shockeado. Ese fue el final. 

- Y antes, ¿qué pasó?

- En el medio charlamos de todo, de la obra, de esto, de aquello… Le pregunté si alguna vez había trabajado en el ejército o en algún club deportivo donde haya tenido gente que adiestrar, ordenar. Me dijo que sí, que era técnico paramédico y que de eso trabajó 30 años. Me contó que estaba acostumbrado a llegar a un accidente de auto y decidir quién iba primero, quiénes iban segundos, terceros. De él dependía si la persona vivía o moría, no tenía posibilidad de dudar. Le consulté si no tuvo miedo durante los eventos de 2001, porque para mí es un dato fundamental. Estábamos sentados en la misma mesa donde ocurrieron los hechos, imaginate lo impactante de estar viviendo con él esa situación. Me contó que le dijeron que venía cierta cantidad de aviones, no me acuerdo cuántos, por unas horas. Empezaron siendo veintipico y terminaron 38 aviones. Me dijo “me dí cuenta que no iban a quedarse unas horas, pero no le podía decir a mi gente esto porque era algo que intuía yo. Decidí dejar a la gente en el avión durante 28 horas porque necesitaba organizar dónde iban a dormir, qué iban a comer”. Él se dio cuenta antes de que todo ocurriera.

También le pregunté algo muy personal que me llamaba la atención. Le dije: “vos podés contestarme o no. Pero de tu mujer no se habla en ningún lugar, ¿ella vive o vos estás separado?”. Me contestó: “mi mujer viene conmigo y es mi gran apoyo, está permanentemente ayudándome”. Me contó que es cardióloga y que ella atendía a la par de él, que se pasaba 20 horas atendiendo gente, después iba a su casa, dormía unas horas y después volvía. Pero ella nunca quiso ser parte, pasar a ser protagonista de la historia cuando los escritores fueron a Gander a hacer todo el estudio y el relevamiento de los personajes. Ella no quería que la nombraran, ni la hicieran aparecer, no le interesaba estar en ningún lado. O sea, ¿podés tener idea de lo que es esa mujer que tiene al lado?

- Ahora siguen con funciones en el Maipo y el año que viene llevarán la obra a España para hacer temporada. ¿Cuánto tiempo será?

- Carla viajó a Londres y pidió los derechos para España. Ya firmó el contrato con la sala y quiere que vayamos todos. Los españoles le pedían algunos actores de allá y ella dijo que no. Tramitó su ciudadanía española para poder hacer los contratos de seis meses y que nosotros, sin ser españoles, podamos estar contratados durante ese tiempo de manera legal. Así tenemos la posibilidad de hacer cuatro meses en Madrid y dos meses de gira. Hasta seis meses puede contratar al elenco argentino completo argentino. Ya me estoy organizando. La idea es estrenar el 11 de septiembre y estar hasta febrero. Es una movida importante. Ya confirmé que voy. Tengo muchísimas ganas de hacer la experiencia en España con una obra como esta que ya es un éxito y que va a llegar precedida del éxito.

Carla Calabrese y Enrique Piñeyro junto a artistas de 'Come from away' y un grupo de argentinos que viajó a Gander / Foto: Gentileza Prensa

- ¿Y cómo te tomó la noticia?

- Como parte de ese viaje que hicimos. El viaje son ellos dos, o sea Enrique y Carla. Hay mucha gente que tiene mucha plata y no hace lo que hacen ellos. Ellos ven la vida como una gran aventura y ponen a disposición, de los que queramos ser partícipes, las posibilidades que ellos tienen. Me parece extraordinario ese espíritu aventurero y al mismo tiempo creativo, vital y profundamente respetuoso de las relaciones humanas y de lo que cada uno necesita. Yo voy a tratar de seguirlos en el viaje. Es fantástico. Para mí es como haber encontrado una forma de encarar la profesión absolutamente diferente, pero no solo por el viaje a Gander, sino por lo que ha significado los procesos de ensayo, la obra y que siempre seguimos corrigiendo. Todas las funciones vamos una hora y media antes y le dedicamos 15 o 20 minutos a reensayar o a corregir determinadas cosas.  El espectáculo está permanentemente siendo revisado.

- La última. Querés seguir incursionando en el teatro musical; si pudieras elegir, ¿qué otros espectáculos te gustaría hacer?

- Varios. Podría ser El hombre de la Mancha, Mi bella dama o El violinista sobre el tejado. Cualquiera de los tres me fascinan. Para empezar, esos.

Para agendar

Come from away

De viernes a domingo, en el Teatro Maipo (Esmeralda 443, Buenos Aires). Entradas en Plateanet.