Luis Machín: “Soy actor y cuando actúo no puedo hacer juicios de valor”
Hasta ahora, una de las mejores experiencias que vivió Luis Machín a la salida de un teatro fue cuando se le acercó un espectador y le confesó: “Ví que estaba acá y me quedé porque lo quería saludar. Ví una obra suya hace años y me fui puteando, diciendo ‘esto no es teatro’. Con el tiempo me di cuenta que pensaba en la obra en un montón de momentos cotidianos y que me encantó”.
Te puede interesar
Nancy Dupláa rompió el silencio sobre su distanciamiento con Adrián Suar
Para Machín, el arte es sanador. Y cree que, más tarde o más temprano, a todos nos transforma y nos propone escucharnos desde otro lugar. “En una época en la que estamos ametrallados por tanta información, que en lugar de mantenernos con niveles de sabiduría nos mantienen con fuertes niveles de angustia, ahí el teatro es reparador -indica el reconocido actor-. Cuando uno ve una obra, lee un libro o ve una pintura la respuesta no es inmediata. A veces uno se emociona pero después ese trabajo sigue, se sostiene en la cabeza y va en contra de la información, que es machacante, persistente. Lo que nos conmueve a través del arte perdura en el tiempo y nos hace analizar los temas desde un lugar más amplio”.
Y en búsqueda de que esto ocurra, hoy -y después de 11 años-, el artista volvió a las tablas con La última sesión de Freud. En esta obra, de Mark St. Germain y dirigida por Daniel Veronese, se pone en la piel del legendario psicoanalista para debatir, con inteligencia y humor ácido, sobre temas de todos los tiempos. En escena no está solo, lo acompaña Javier Lorenzo, quien interpreta al brillante académico C.S. Lewis, un ateo que se convirtió al catolicismo. En poco más de 60 minutos, estos dos hombres, de ideas radicalmente opuestas, discuten, con firmes argumentos, sobre la existencia de Dios, el amor, el sexo y el significado de la vida.
-
Te puede interesar
Quién es el ex famoso que enamoró a Marcela Tauro
Antes de finalizar una exitosa temporada en Buenos Aires y salir de gira por Argentina, Machín se tomó unos minutos y dialogó con MDZ.
- ¿Por qué quisiste reponer esta obra más de una década después de su estreno?
- Siempre me quedé con la sensación y la confirmación de que la gente iba con mucho interés a verla. Era un público muy variado, pero había muchos psicoanalistas y católicos porque la obra es esencialmente eso, la contraposición de dos ideas radicalmente opuestas. La visión religiosa y la científica. Cuando terminamos de hacer la obra sentí que quedó mucha gente con ganas de verla y yo con ganas de actuarla. A medida que fueron pasando los años, me empezaron a dar más ganas de hacer Freud, se lo comenté a Jorge Suárez y hubiera querido que él hiciera Lewis e invertir, pero él tenía otros compromisos tomados. (Nota del R.: en la primera versión de la obra Machín interpretaba a C.S. Lewis y Jorge Suárez a Sigmund Freud).
- ¿Cómo fue darle vida a dos personajes opuestos en la misma obra?
- Está bien bueno cuando son opiniones tan enfrentadas, tan distintas. Yo me psicoanalizo hace más de 25 años. Soy alguien que cree en el psicoanálisis como una forma de entender comportamientos, conductas… De entender un poco más la cabeza, que muchas veces nos puede jugar tan en contra. El psicoanálisis me permitió ser un ser social, intenté, e intento, entender movimientos propios de mi psiquis y a mi me fue una tabla de salvación muy importante. También el haber formado parte, durante muchos años, de los grupos de acción católica en Rosario. La religión está muy arraigada a mi y me ha marcado muchísimo. Algunos aspectos estimo que para bien, pero muchos para mal. Son posiciones que conozco mucho porque tuve un poco de camino a la inversa: era muy creyente y me convertí al freudismo. Esta obra es un punto de inflexión. Cuando hacía a Lewis y defendía la creencia religiosa, no por eso lo hacía con menos convicción. Soy actor y abracé a ese personaje, lo entendí y quise. Cuando uno actúa no puede hacer juicios de valor, porque sino no puede actuar, es generar un impedimento muy fuerte. He hecho personajes muy malditos y no intentaba encontrarles una explicación moral a sus comportamientos sino que más bien trataba de encontrarles la estructura emocional que sostiene esa forma de llevar adelante los acontecimientos propios de ese ser humano.
- La obra profundiza sobre temas que no suelen verse en el circuito comercial y durante este verano se metió entre las diez obras más convocantes de calle Corrientes. ¿Por qué pensás que pasó eso?
- Años atrás, cuando nuestro productor Sebastián Blutrach le presentó el texto a Carlos Rottemberg, él la leyó y quiso hacerla. Estrenamos en el Multiteatro y se empezó a llenar. Al mes, nos invitó a cenar a todos y nos dijo: ‘tengo que decirles que esta obra siempre me gustó pero estaba convencido de que iba a ser un rotundo fracaso comercial. Pensé que íbamos a estar dos semanas, tres o, a lo sumo, al mes íbamos a tener que bajarnos porque la gente no iba a responder’. Él se llevó una gran sorpresa porque si bien estaba en el circuito comercial no es una comedia, aunque por momentos la gente se ríe. Freud era bastante cínico, tenía algunas salidas cómicas, era muy filoso en su decir y metimos algunas de esas cosas en la composición del personaje. La gente disfruta mucho eso y el nivel que tiene la discusión. Es una especie de partido de tenis, la veo a la gente en la platea mirando de un lado a otro. No es una comedia de las que proliferan en el teatro comercial, pero la gente responde muchísimo. ¿Por qué? El psicoanálisis en la Argentina ha crecido mucho. Somos muchos los que nos psicoanalizamos y muchos psicoanalistas, sobre todo en ciudades portuarias como Rosario, Buenos Aires, Santa fe, que han recibido la emigración de manera tan masiva y que han abrazado a esta forma de vida que es el psicoanálisis. Al teatro no solo vienen psicoanalistas y católicos, viene gente con inquietudes.
- ¿Con qué inquietudes?
- Me parece que por el tipo de discusión mostrada. La actuación tiene un acento muy fuerte porque no solo se exponen ideas, sino que son dos cuerpos componiendo a estos hombres que defienden ideas. Todo está en la actuación. La obra despierta la curiosidad de ver a dos hombres con pensamientos tan opuestos intentando ver si hay algún punto en común.
- ¿Y existe ese punto en común? ¿Cuál es?
- A mi manera de ver, ese punto en común es que somos seres humanos y que en el fondo de todo debemos cuidarnos independientemente de las ideas férreas que sostengamos, en este caso católicos y ateos. Podés trasladarlo a esto a un montón de planos hoy que el mundo se polariza tanto. Uno ve que en la mayoría de los países hay tantos enfrentamientos de posiciones que están llevando a la autodestrucción. En algún lugar esta obra cala hondo en donde estas diferencias se exponen tanto.
- ¿Qué mensaje deja?
- Creo que lo que queda muy por delante de los criterios personales es que somos seres humanos y que de verdad que si seguimos así, vamos en un camino autodestructivo, como lo que vivimos en relación al planeta, al clima o cosas que uno puede asociar. Los temas asociativos en cada persona repercuten de manera muy diferente. Yo te digo lo que me puede pasar a mi con una obra con estas características. Función tras función voy renovando esta sensación de que son dos ideas que tratan de explicarse una a otra con humor cínico e incluso hasta con cierto nivel de agresión verbal y, por momentos, física. La defensa de las creencias personales a veces lleva a comportamientos extremos. Tal vez es un poco ingenuo pensar que esta obra nos puede salvar de las diferencias más profundas. De todas maneras, creo que cuando estamos tan bombardeados de noticias y angustiados de situaciones sociales tan complejas como las que atravesamos, el arte nos propone pensar las cosas desde otro espacio, con otros tiempos.
Para agendar
La última sesión de Freud
En cartel hasta el 23 de abril. Viernes y sábado, a las 22; y domingo, a las 18:30. Teatro Picadero (Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857, Buenos Aires). Entradas en Plateanet.
En Mendoza: viernes 30 de junio y sábado 1, a las 21; y domingo 2 de julio, a las 20. Teatro Mendoza (San Juan 1427, Ciudad). Entradas en Entradaweb.

