Julio Chávez deslumbra en escena en la piel de una travesti alemana
Con la misma soledad que un torero se enfrenta al toro, Julio Chávez se sube al escenario para, en Yo soy mi propia mujer, contar la historia de Charlotte Von Mahlsdorf, "un personaje fascinante, peculiar y excéntrico que produjo la Guerra Fría".
Si bien no es sencillo estar solo en un escenario, Chávez hace que lo parezca. Es que tiene oficio, está a la altura del desafío y sale airoso. Luego de 90 minutos interpretando varios personajes, el público lo aplaude de pie por un rato largo.
Chávez es Charlotte, una travesti coleccionista de objetos que vivió en Berlín durante los regímenes nazi y comunista. También es Doug Wright, el escritor de la obra y quien entrevistó a este extravagante personaje a fines de la década de los '90. Además, le da vida a otros personajes secundarios. Su capacidad interpretativa es admirable. El experimentado actor entra y sale de cada uno de los papeles de una forma tan delicada y sutil que hipnotiza al espectador. Tan sólo le basta un leve movimiento para ponerse en la piel de uno u otro y por momentos, la historia pasa a un segundo plano.
La escenografía es escasa pero llamativa. Hay una gran puerta de fondo, una silla, un escritorio, un fonógrafo y algún que otro elemento de utilería. El vestuario es sobrio (un pantalón y una camisola negra) y se completa con un collar de perlas y un anillo; un gran acierto para no distraer al espectador y que la atención esté puesta en su minimalista actuación.
Yo soy mi propia mujer es un claro ejemplo de que con menos se puede lograr más. Es una clase magistral de teatro donde Julio Chávez demuestra que en Argentina hay talento y mucho.
Para agendar
Yo soy mi propia mujer
De viernes a domingo en el Teatro Metropolitan Sura (Avenida Corrientes 1343, Buenos Aires). Entradas en Plateanet.