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Rating: la razón por la que Mirtha Legrand no puede contra Andy Kusnetzoff

A pesar de que la diva está muy por encima de su competidor en términos de oficio y personalidad, las mediciones favorecen a PH porque en estos tiempos el público sigue los programas más por sus formatos que por las estrellas que los conducen.

Este sábado se produjo el esperado regreso de Mirtha Legrand a la televisión, tras un paréntesis de más de dos años por las limitaciones impuestas por la pandemia de coronavirus. Más allá de la gran expectativa por ver a la diva nuevamente liderando su programa La noche de Mirtha (El Trece), el rating favoreció a Andy Kusnetzoff, principal rival de la legendaria conductora en la contienda por las mediciones.

Si bien en esta oportunidad el desliz de Legrand no fue por una gran diferencia, ya que Kusnetzoff tuvo un promedio final de 8.6 puntos de rating, mientras la "reina" de la televisión argentina alcanzó 8.1, sería esperable que en las próximas semanas esa distancia se profundice una vez superado el interés de volver a ver a la abuela de Juana Viale en acción.

Más allá de que los números en la televisión abierta a nivel general están lejos de sus tiempos de gloria, un factor que influye claramente en el declive del rating de Mirtha tiene que ver con el hecho de que hoy el público elige formatos y no estrellas. En estas últimas temporadas, ha quedado más que en claro que propuestas como MasterChef Celebrity o La Voz Argentina no triunfan por tener a figuras como Santiago del Moro o Marley en la conducción, sino porque la receta internacional de esos ciclos resulta atractiva. Lo mismo se puede decir de Marcelo Tinelli, que el año pasado tuvo una olvidable última temporada de ShowMatch con su ya perimido Bailando, y actualmente ha logrado mejorar aquellas paupérrimas marcas con Canta conmigo ahora. Si bien en lo que va de este 2022, el popular astro de El Trece ha quedado en algunas oportunidades fuera del top 5 de lo más visto de cada día, indudablemente su nuevo formato ha vuelto a conquistar a gran parte del público.

En términos de dinámica, tanto en el programa de Mirtha Legrand como en el de Andy Kusnetzoff hay invitados que cenan. Pero el envío del ex CQC ha sabido centrar buena parte de la duración de cada emisión en la previa del "punto de encuentro", en el que los artistas y deportistas convocados abren su corazón hacia lacrimógenas anécdotas personales. Además, en esta temporada ha sumado un momento final de distensión, cuando los comensales juegan a sacar un oso de peluche de esas máquinas que en tantos kioscos o hipermercados resultan invencibles.

En cambio, en el caso de Legrand, su clásico formato es menos dinámico, y una vez que la diva hace su entrada en el estudio y describe su look; lo que queda es su ida y vuelta con los invitados en la mesa. Con una apuesta que combina la coyuntura política y las polémicas mediáticas, la diva inició su temporada número 54 en el aire sin mayores novedades en la estructura de su programa. 

Es cierto que el menú de invitados también influye en el resultado final del rating, pero tampoco es determinante. En esta oportunidad, Mirtha Legrand hizo su primera cena televisada junto a Baby Etchecopar, Moria Casán, Fernando "Pato" Galmarini y José Luis "El Puma" Rodríguez. Mientras que Andy Kusnetzoff mejoró su lista de convocados, después de varias semanas con figuras low-cost de relleno, y este sábado contó con presencias como Luciano Castro, Julieta Díaz, Grego Rossello, Daniel "Profe" Córdoba y Alex Caniggia.

También juega a favor de Kusnetzoff el hecho de dar en la tecla con una atmósfera más liviana, a tono con la noche del sábado, en tiempos de gran angustia en los que probablemente una gran porción del público no quiera pasar su cena de fin de semana en contacto con los temas de coyuntura política y social que generalmente propone "La Chiqui".

En términos de conducción, por oficio y sagacidad Mirtha Legrand está a años luz de Andy Kusnetzoff, pero el ciclo del ex ladero de Mario Pergolini gana en dinamismo. La figura de Telefe gana el rating no por ser mejor líder que la diva, sino porque su producto es más ecléctico. 

En este contexto, la posibilidad de que Mirtha gane terreno depende de "aggiornar" un poco el formato, sin abandonar su esencia. Por ejemplo, en lugar de que su infaltable pregunta fulminante hacia algún invitado llegue en cualquier parte de la emisión, podría estar anunciada como una especie de sección que seguramente contaría con un auspiciante bien dispuesto a pagar por patrocinar ese momento. 

Con un poquito de apuesta por lo lúdico, y sin desvirtuar demasiado la estructura del programa de Mirtha, sobre el final de la cena los invitados podrían elegir sobres, por ejemplo con  las opciones "verdad" u "opinión", y pasar otro filoso momento frente a la inquisidora conductora. 

Teniendo en cuenta que Legrand estudia a fondo vida y obra de cada comensal, la producción también podría jugar un poco con secciones ya probadas con éxito en otros ciclos, como la de enfrentar a los convocados a ver hasta qué punto sus ideas resisten un archivo de su pasado. De hecho, ese recuerdo podría estar directamente relacionado con el paso que han tenido en el programa de Mirtha a lo largo de décadas, ya que la mayoría de los comensales se han sentado en su mesa en más de una oportunidad. 

No se trata de transformar las noches de Mirtha Legrand en una experiencia pastiche, pero dado que el consumo en el prime time de la televisión abierta ha cambiado radicalmente sus reglas, sería el momento oportuno de condimentar un poco esas cenas.