Opinión

Polémica Netflix y Granizo: el dilema de consumir algoritmos

En tiempos de una excepcional variedad de propuestas, creemos que tenemos el poder de elegir, pero lo cierto es que navegamos entre aquello que queremos ver y lo que se impone como tendencia a la vuelta de un clic.

Laureano Manson
Laureano Manson sábado, 9 de abril de 2022 · 17:13 hs
Polémica Netflix y Granizo: el dilema de consumir algoritmos
Granizo, un éxito que se beneficia con el guiño del algoritmo

En una era dominada por una frondosa variedad de propuestas, cada vez se presenta con mayor contundencia el interrogante sobre nuestro grado de decisión sobre todo aquello que consumimos. Si ponemos por ejemplo esta nota como como parte del engranaje, las posibilidades de la llegada de sus lectores se dividen entre el interés por el tema, la voluntad de coincidir/confrontar con el autor; o el clic sin tantas mediaciones por ser el primer título que aparece en la pantalla.

En cierto sentido, más allá del enorme despliegue promocional de Granizo y la popularidad de Guillermo Francella, los millones de visualizaciones que está conquistando este éxito de Netflix residen en el musculoso algoritmo que determina la aparición de la película en el mismísimo menú de ingreso del gigante del streaming. A partir de ahí, dos horas de nuestro día pueden estar destinadas a darle PLAY a este producto, o bien bucear en el buscador temático de la plataforma para así dar con otro título.

Transitamos un momento de profundos cambios en el consumo cultural, y si bien para que lleguemos a la determinación de ver tal o cual película siempre hubo filtros como la publicidad, la presencia de una estrella, o simplemente la recomendación boca en boca; hoy esos tiempos se han precipitado a la velocidad de algoritmos que condicionan nuestro consumo dejando la decisión propia en el territorio del espejismo. Creemos que tenemos el poder de elegir, pero lo cierto es que navegamos entre aquello que queremos ver y lo que se impone como tendencia a la vuelta de un clic.

Si para disfrutar una película hace unos años, el proceso de toma de decisión incluía la fila para el ingreso a la sala de cine o la espera para que algún canal de cable la emitiera, ahora ese ritual quedó reducido a un algoritmo cuya misión es hacernos creer que eso que nos presenta es una gran alternativa. Seguramente, el triunfo de este "recomendador" virtual reside en su intensidad a la hora de multiplicarse en millones de pantallas para generar éxitos casi inmediatos, pero también su victoria está avalada por la pereza de un gran sector de consumidores que entregan su poder de selección al Dios digital. 

Volviendo al caso puntual de Granizo, es posible que muchos de sus espectadores la hayan visto por el protagónico de Francella, luego otros tantos se habrán sumado para ser parte del acontecimiento del que todos hablan; y nunca faltarán quienes se crucen con esta película en algún momento libre porque el algoritmo de Netflix la presente como opción destacada. Hay una gran paradoja en esto de la diversidad de oferta. Cada cual hará lo que quiera con su tiempo de ocio o entretenimiento, pero ya que estamos en una era excepcional en cuanto a volumen de producción, lo más atinado sería optar entre la inmediatez de lo primero que nos ofrezca la pantalla y la recuperación del cuasi extinto ritual de la búsqueda, como si estuviéramos planeando una gran noche de película, revolviendo las bateas del videoclub de barrio, con el rapto de adrenalina de dar con nuestra mejor elección.

 

 

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