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Soledad Aquino dio escalofriantes detalles del momento en el que estuvo al borde de la muerte

La ex de Marcelo Tinelli habló del difícil año de internación que atravesó, que la llevó a ser sometida a un trasplante de hígado.

Este viernes, Soledad Aquino rompió el silencio en LAM (América) y dio escalofriantes detalles del momento en el que estuvo al borde de la muerte, antes de ser sometida a un trasplante de hígado.

“Sorry por no haber ido, pero me cuesta todavía arrancar y me cuesta estar mucho tiempo en un lugar”, se disculpó Aquino desde su casa.

La ex de Marcelo Tinelli contó cómo sus hijas y el conductor la acompañaron durante aquel dramático momento. “Me acompañaron todos. Fue increíble. Para mí era poco tiempo, porque quería estar todo el tiempo con ellos. Mis amigos, mi familia y mis hijas, ni hablar. Todos estuvieron presentes”, destacó Soledad Aquino.

Soledad Aquino, junto a sus hijas Cande y Mica Tinelli.

Sobre el historial de su situación de salud, la entrevistada contó: “Es algo que me pasó toda la vida... Es como el cáncer. Acudí a todo tipo de tratamientos, pero cuando las cosas tienen que ser, son. Todo empezó con una hepatitis C. Mucha gente la tiene y a todos les aconsejo que se la curen ya”.

Luego Aquino especificó: “No hay síntomas. Yo salí del sanatorio, Marcelo me vio y estaba totalmente amarilla. Cuando me dijeron que tenían que hacerme un trasplante me re asusté, creí que me moría. Estábamos en plena pandemia, venía de estar encerrada todo el día. Sumado a toda esa situación de miércoles, empecé a sentirme mal. En ese mismo momento me di cuenta de que algo estaba realmente jorobado y que era serio. Hasta que me descompuse, me fue a buscar una de mis hermanas y ahí quedé todo un año entero. El momento en el que sentí más miedo fue la tarde en la que me dijeron que estaba disponible el órgano. Yo les pregunté cuándo me lo iban a poner y me dijeron: ‘¡Ahora!’. Después, tuve más miedo aun cuando me dijeron que sufrí dos paros cardíacos y que mi médico me tuvo que revivir como en las películas. No fue con máquinas, me tuvieron que revivir manualmente. Eso me pareció increíble”.

Además, Soledad Aquino habló del proceso de rehabilitación tras el trasplante. “La vida pos trasplante es durísima. El otro día les dije a mis médicos, dos eminencias: ‘¡Desgraciados! ¡No me dijeron que iba a ser para tanto, que era tanto dolor!’. Estaba con cables por todos lados... Es un trasplante durísimo, muy jodido. Supongo que con todos los trasplantes pasará lo mismo, pero es muy larga la recuperación; tu cuerpo se rearma y todo se tiene que acostumbrar a este órgano nuevo que no es tuyo. La palabra paciente va perfecta. Somos pacientes. Lo que tuve que aprender fue eso. Tenés que aprender todo de cero, hasta a cortar una papa. Después de salir de la internación en La Trinidad empezó la recuperación en el Santa Catalina. ¡No podía ni siquiera agarrar el celular! Pesaba 49 kilos; no tenía fuerzas ni para levantarme y lavarme los dientes. Fue muy dura esa parte. Pero yo sabía que todo iba a salir bien. Intentaba ponerle onda a todo. Si no le ponés buena vibra a la vida estás sonado. Tenés que intentar reírte con la misma boludez. Lo mejor que puede pasarte en el día es matarte de risa de vos mismo”, comentó.

Recién tomé conciencia de que mi vida había vuelto a empezar la primera vez que entré a mi casa. ¡Volvía a estar en mi mundo! Sentir los olores de mi casa, estar con mis animales... Ese día fue la gloria del cielo. A veces me levanto a la mañana y estoy hipersensible... Muchas amigas yoguis me dicen que cuando estás tan cerca de la muerte se abren muchos umbrales distintos y por eso tengo cosas muy premonitorias, estoy un poco allá, acá, no sé dónde estoy. Tengo una sensación distinta de la vida. Ahora agarro mi cepillo de dientes y me parece muy loco, porque durante un año estuve dependiendo de los demás para todo. Fue una guerra todos los días, todo el tiempo”, destacó Soledad Aquino.

Finalmente, la madre de Cande y Mica Tinelli reconoció: “Tengo ganas de escribirle una carta a esa familia que me donó el órgano. Algunos me dicen que es zarpado porque por ahí toco la sensibilidad de esas personas, pero es una necesidad que siento, porque no saben lo importante que fue para mí. ¡Volví a vivir! Gracias a esa persona yo volví a vivir. Es impresionante el cariño que siento por parte de la gente en la calle. Me siento Messi, Maradona. Un amor tremendo. Me largo a llorar con la gente. Y recibo muchísimas consultas y creo que es la parte más relevante que estoy haciendo ahora. A todos les aconsejo que se agarren del amor, que es lo que más vale, que recen, que abracen. Siento que me fui y volví”.