Cristian Coria sale de gira con el suceso teatral del que todos hablan
Convencido de que “el teatro tiene la virtud de traspasar épocas, gobiernos, catástrofes y pandemias” y con ansías de concretar un deseo personal, el actor y flamante director Cristian Coria estrenó en abril Sueño de una noche de verano, uno de los clásicos de William Shakespeare. Lo que nunca imaginó era lo que iba a ocurrir después: una seguidilla de funciones agotadas.
La voz se corrió y la versión mendocina del espectáculo del dramaturgo inglés se convirtió en una especie de suceso. ¿El secreto? “Seguramente es por la belleza de la obra original y la excelencia artística que más de 20 artistas locales ponen en juego cada función, sin guardarse nada y sobre todo, sin especular”, cree Coria y afirma: “Queremos hacer teatro, buen teatro, generar cultura y llegar a la mayor cantidad de público posible. Y, en ese intento, trabajamos”.
-
Te puede interesar
Coppola rompió el silencio tras su internación de urgencia: su palabra
Para él, en el complicado contexto que atravesó -y atraviesa- la cultura debido a la pandemia, “los artistas debieron darse su lugar. Por el simple hecho de resistir, de creer en su arte, de tener convicciones firmes y solidaridad entre pares”. Y, sobre la posición de los dirigentes durante este período, explica: “El apoyo ha sido pobre, fiel reflejo del lugar que ocupa la cultura para nuestros gobernantes locales. Sin entrar demasiado en detalles, tener un Ministerio de Cultura y Turismo, así ‘unidos’, deja clara nota de que la cultura pasa a ser un platillo de entretenimiento que se sirve por ‘amor al arte’. Frase mediocre si las hay”.
Por eso, en la perseverante búsqueda de reforzar la cultura, de llegar a nuevos horizontes y con el afán de acercar un mensaje de amor a más personas, el grupo arma las valijas y sale a recorrer distintos departamentos de la provincia. Este fin de semana estarán en Godoy Cruz y luego, en Maipú y Ciudad. “La gira soñada”, es como bautizaron a esta aventura que comenzó de la manera más impensada y, al parecer, no tiene límites.
- Teniendo en cuenta que el estreno de la obra fue en un contexto muy complicado para las artes escénicas, ¿por qué apostaste a algo tan grande?
- En realidad no nació nunca como una apuesta, ni siquiera como un desafío. Simplemente me dejé guiar por el deseo de poder ver en escena esta hermosa obra. Sabía que el teatro estaba viviendo un momento extraño y no tenía certezas de poder llegar a un estreno tradicional. Sin embargo, sabiendo todo eso, trabajé con la convicción de que el teatro tiene la virtud de traspasar épocas, gobiernos, catástrofes, pandemias… Ahí íbamos a estar para cuando se pudiera hacer… y se hizo.
- ¿Por qué un clásico?
- Porque admiro los clásicos. Siento que su fervor es actual y, en lo personal, me siento mucho más identificado con las formas en que las pasiones, emociones y sensaciones, son presentadas. Toda la humanidad se refleja en los clásicos. Son como un lugar de encuentro.
- ¿Qué lugar se le dio a los artistas durante la pandemia?
- El lugar nos lo dimos nosotros, a nosotros mismos, por el simple hecho de resistir, de creer en nuestro arte, de tener convicciones firmes y solidaridad entre pares. Si nos referimos a lugares o ayudas oficiales, creo que hubo muy pocos. Al menos en lo particular, transité la pandemia sin apoyo ni ayuda de nadie. Participé de ciclos como ‘Yendo de la escena al living’, que fueron espacios gestionados y sostenidos por los mismos artistas. Claro que, para montar Sueño, recibí apoyo del Instituto Nacional del Teatro a través de un subsidio de producción. Creo que el INT fue el único que sacó líneas para hacer frente a la dura situación artística y económica que atravesamos quienes nos dedicamos al teatro. A nivel gubernamental local, en cambio, cuando solicitamos ayuda para sostener producciones o para generar nuevas propuestas, no fueron para nada generosas las atenciones.
- ¿Cómo ves el rol de los actores hoy en la sociedad?
- No voy a decir vapuleado, no voy a decir menospreciado ni menoscabado; tampoco voy a decir ninguneado ni manoseado. Creo que nuestro rol en la sociedad se cumple a través de nuestra constancia y perseverancia. ¿Para qué existimos los/las actores/actrices si no es para demostrar que aquí seguimos, que el mundo sigue, que la vida sigue? Y para contar infinitas historias, de las formas más extrañas y originales posibles, para demostrar con conciencia y belleza que no pueden vapulearnos, ni menospreciarnos, ni menoscabarnos, ni ningunearnos, ni manosearnos. Aunque muchos y muchas lo intenten solapada o descaradamente.
- ¿Cuáles crees que han sido los factores que han influido para que SDV se convierta en un suceso en Mendoza?
- Creo que Sueño fue una de las primeras obras de teatro grande que volvió a los escenarios de nuestra provincia después de la pandemia. Pero al poco tiempo, también aparecieron otras producciones importantes y muy bien aceptadas por el público también. No sé si Sueño es o no un suceso, me cuesta entenderlo así. Pero si llega a serlo, seguramente es por la belleza de la obra original y la excelencia artística que más de 20 artistas locales (actores, actrices, bailarines, escenógrafas, titiriteros, vestuaristas, técnicos, etc.) ponen en juego cada función, sin guardarse nada y sobre todo, sin especular. Somos un grupo de más de 20 personas que queremos hacer teatro, buen teatro, generar cultura y llegar a la mayor cantidad de público posible. Y, en ese intento, trabajamos.
- ¿Qué proyectos tenés a futuro como director?
- Muchos, pero son más ideales y anhelos que otra cosa por ahora. Me he sentido bien en este camino que arranqué como director, aunque siento, y sé, que me falta muchísimo por aprender. No quiero olvidarme tampoco, por el afán de dirigir, del actor que soy. Ahora sé que, con estudio y responsabilidad, puedo desarrollar las dos tareas. El teatro es un arte maravilloso y misterioso. Sea lo que me toque hacer ligado a la actuación y al teatro, seguro serán grandes desafíos a encarar con mucha alegría y trabajo.
Para agendar
Sueño de una noche de verano
Este domingo 29, a las 20 horas, en el Teatro Plaza (Colón 27, Godoy Cruz).
Repite: domingo 5 de septiembre, 20 horas, en el Teatro Imperial (Pescara 301, Maipú); domingo 12 y 26 de septiembre, 20 horas, en el Teatro Tajamar (Paseo Alameda 1921, Ciudad).
Las entradas ($500) para cualquiera de las funciones se pueden conseguir en EntradaWeb.