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Mercedes Morán en MDZ: "Envejecer frente a cámara no es sencillo"

En dos semanas, la talentosa actriz ha sido vista por casi un millón de espectadores con sus roles en "El amor menos pensado" y "El Ángel". Morán habló de todo con MDZ Radio. Desde su agitado presente artístico, hasta los límites del cuidado estético, y la lucha por la paridad salarial que están librando las actrices.

Estamos transitando un mes de agosto que aspira a ser récord histórico de taquilla para el cine argentino. La estrategia se basa en un plan que contempla el estreno de una contundente película nacional cada semana, y el apoyo del INCAA junto al Ministerio de Cultura de la Nación, que desde este domingo lanzan la promoción Mes del cine argentino, que estará disponible desde el 19 de agosto al 19 de septiembre, con funciones a mitad de precio de jueves a domingos para producciones de nuestro país en todas las salas.

Si bien hubiera sido más saludable plantear estrenos tan taquilleros como El amor menos pensado, El Ángel y Mi obra maestra, estableciendo su llegada a las pantallas con 2 semanas de diferencia para evitar una fuerte competencia entre ellos; la seguidilla de títulos nacionales está dando un auténtico batacazo. Esta semana, las tres películas mencionadas se encuentran en el Top 5 de la taquilla, todas ellas posicionadas entre los films más convocantes en los cines a lo largo y a lo ancho de la Argentina.

Sin dudas, una de las figuras clave del exitoso cine nacional de esta temporada es Mercedes Morán, quien brilla como co protagonista de El amor menos pensado y tiene un notable rol secundario en El Ángel. En Otra manera, el programa que cubre la segunda mañana de MDZ Radio, mantuvimos una extendida charla con la talentosa actriz. Desde su agitado presente profesional, hasta la dinámica de trabajo con Ricardo Darín, pasando por su forma de encarar el proceso de envejecer frente a cámara con gran exposición; y la pelea salarial de las mujeres por igualar los cachets de los varones en la industria cinematográfica.

- En dos semanas has sido vista por casi un millón de espectadores entre las películas El amor menos pensado y El Ángel. Habitualmente interpretás personajes con una fuerte impronta, mujeres temperamentales. ¿Son los personajes que mayormente te ofrecen o los que más te seducen?

-(Riendo con complicidad) Un poco las dos cosas. Yo puedo responder claramente que lo que más me seduce es la idea de que el próximo personaje sea diferente al anterior, algo que me saque de un lugar de comodidad o un lugar ya probado. Me gusta correr riesgos. El cine es un acto de fe, donde la película siempre es del director. Lo que hago es tomar la mano del realizador, establecer un vínculo de total confianza con él, convertirme en arcilla para sus manos; y la verdad es que este año ha sido muy placentero para mí porque he tenido cuatro directores fantásticos: Juan Vera en El amor menos pensado y Luis Ortega en El Ángel, pero también hay dos películas por estrenarse con las que ya he girado por festivales, Sueño Florianópolis de Ana Katz y Familia sumergida de María Alché.

- En El amor menos pensado volvés a compartir protagónico con Ricardo Darín tras una dupla muy exitosa como la que hicieron en Luna de avellaneda. Pero esta vez, además de ser compañeros de trabajo, lo has tenido a Ricardo también como jefe, porque él es uno de los productores de la película. ¿Cómo fue esta experiencia?

-El trabajo con Ricardo fue fantástico, muy placentero. Hubo mucho encuentro artístico, desde la lectura del guión coincidíamos en cosas que queríamos subrayar. Él tiene una participación activa, que me parece re natural, más allá de que en esta película eso esté oficializado, porque estuvo cumpliendo funciones de productor además de protagonista. Para mí también es habitual, yo me siento muy cercana a eso, siempre participo en cosas que exceden mi rol como actriz, y lo vivo naturalmente; no lo vivo como una invasión de nada. La posición del director es muy fundamental para que sea posible la participación del equipo. Con Juan Vera fue posible la participación de todos. Desde rubros como asistencia de dirección, hasta sonido, iluminación, vestuario, maquillaje. Juan abrió el juego para que todos sintiéramos que estábamos participando creativamente de la película. Cuando eso sucede de la mano del director, es fantástico.

Ricardo Darín y Mercedes Morán en El amor menos pensado.

- Juan Vera debuta como director con El amor menos pensado tras un largo recorrido como ejecutivo de una compañía como Patagonik. Él ha sido productor de películas tan variadas como Zama, La reina del miedo, Me casé con un boludo, Corazón de león Elefante blanco; entre otras tantas. También escribió comedias exitosas como Mamá se fue de viaje. Lo admirable de Vera es que siendo un ejecutivo, con el El amor menos pensado logra dar su primer paso en la dirección con una película sensible. Muy diferente al enfoque de otros gerentes/directores al estilo Marcos Carnevale, que despachan despropósitos como Inseparables o El fútbol o yo.

-Juan podría haber dirigido hace años, y recién ahora hace su ópera prima. Él pudo separar muy bien las dos cosas, en el mejor de los sentidos. El guión le tomó casi dos años de escritura. Por mi amistad y cercanía con él, yo tuve noticias de este proyecto desde sus comienzos hasta la última versión del texto. Juan está sensiblemente comunicado con la historia que está contando. Después, obviamente su experiencia como productor ha sumado a la película. Pero cuando escribió y dirigió, se dedicó específicamente a trabajar desde ese lugar, lo cual es muy saludable para el proceso.

- El amor menos pensado toma algunas de las convenciones de la comedia romántica, partiendo de la historia de una pareja que entra en crisis y se separa tras 25 años de unión. A su vez, la película vulnera algunas reglas de oro del género como la duración. Habitualmente las comedias románticas duran 90 minutos, en cambio Vera se permitió extenderse durante 2 horas y 15 minutos. Desde una perspectiva personal, yo sentí que me faltó ver el desarrollo de los personajes en solitario, sin sus amantes ocasionales o parejas formales. A la hora de la decisión final de los protagonistas, que por supuesto no vamos a spoilear aquí, ¿no sentiste que faltó ese espacio en soledad?

-No. La verdad que no. Coincido con vos en que la película se toma la saludable libertad de contradecir algunas leyes de la comedia romántica, y en otros aspectos es clásicamente fiel al género. Lo que hace El amor menos pensado es una variación sobre los encuentros y desencuentros amorosos. Porque más allá de los dos protagonistas, hay otras parejas en la película que tienen diversas circunstancias. La película se corre de los lugares comunes de la infidelidad o de lo que fuera. En ese contexto, se toma la libertad de que esta decisión en solitario no se subraye. Los protagonistas viven unas historias, algunas que terminan antes de empezar, y después se encaminan hacia un final que tampoco quiero adelantar.

Ricardo Darín y Mercedes Morán en El amor menos pensado.

- La película tiene personajes muy elaborados, y algunos que aportan el llamado "comic relief" (alivio cómico), como es el caso de la rutilante irrupción de Andrea Politti. A su vez, roles como los que cubren Jean Pierre Noher y Andrea Pietra están tratados con mucho cuidado, no como recipientes vacíos. Desde mi perspectiva, en los últimos minutos El amor menos pensado se debate entre la segunda oportunidad y la nostalgia, sin una definición del todo clara.

-Pienso bastante parecido. Pero me parece que una de las cosas que es para destacar de la película, es que ideológicamente no toma a la separación como un fracaso. Eso es fantástico, en el sentido de que a veces la comedia romántica no puede correrse de esos clichés, y acá sin bajar ningún dedito, ni hacer fuerza para empujar emociones o chistes, subyace este tema. Desde el rol femenino, que es el que me toca ejercer a mí, la protagonista también está corrida del estereotipo de la damita típica de la comedia romántica, un poquito histérica, un poquito insatisfecha. A mí me parece que es una mujer honesta. Los dos personajes son valientes a la hora de escuchar las preguntas que los están interceptando, se alejan de la idea de la pareja desgastada o llena de engaños. Hay otros modelos de parejas que están a su alrededor jugando esos roles, por eso hay tanta identificación y empatía con lo que sucede entre la película y la gente.

- Vamos a El Ángel, donde tenés un rol secundario brillante. En una charla a solas con Toto Ferro, el protagonista central de la película, me contó que Luis Ortega es un director que se abre a la sorpresa que pueda brindar espontáneamente un actor. ¿Cómo fue tu experiencia en este rodaje?

-Con Luis somos amigos y yo lo admiro muchísimo. Hacía mucho tiempo que teníamos ganas de trabajar juntos. Cuando me contó del proyecto, le dije que sí antes de leer el guión porque quería actuar en una película de él. Coincido con lo que dice Toto, porque Luis es de los directores que piensan que cualquier accidente puede insuflar vida a una escena. A su vez, hubo una participación activa de todos para sostener y acompañar a Toto que estaba debutando en la actuación con un rol protagónico, ayudamos a darle la confianza necesaria.

- Hablemos sobre el tema de la estelaridad. En la industria cinematográfica, desde Hollywood hasta nuestras películas nacionales, estamos acostumbrados a ver hombres como cabeza de cartel. Ricardo Darín es sinónimo de éxito desde hace tiempo, pero también nombres como Adrián Suar, Guillermo Francella y Oscar Martínez. Sin embargo, es muy raro ver una película argentina industrial liderada en cartel por una mujer. De hecho, este año los únicos casos son los de Valeria Bertuccelli, en un triple rol como protagonista, guionista y directora con La reina del miedo; y Natalia Oreiro que es figura de la producción más taquillera del cine nacional en lo que va del año con Re loca. ¿Cuál es tu visión sobre este tema de la estelaridad centrada mayormente en los hombres?

-Vos hablaste de las películas de Valeria y de Natalia, y a mí me gustan esas experiencias porque están ellas dos solas. Porque sino la fórmula es un hombre que encabeza, o juntar entre tres y cuatro mujeres. Parece ser que una sola mujer no alcanzaría. Entonces está la fórmula alternativa de cuatro amigas, o cuatro amas de casa. A la industria todavía le cuesta apostar a que encabece una mujer, hablando de una historia de mujeres, desde un punto de vista femenino. En las dos películas mías que quedan por estrenarse este año, dirigidas por Ana Katz y María Alché, me he puesto la película al hombro en las dos oportunidades. Se trata de dos directoras que cuentan una historia donde la protagonista es una mujer. Creo que de a poco las cosas están cambiando, y que van a seguir cambiando. Ya no se va a volver atrás.

Mercedes Morán en Familia sumergida, la ópera prima de María Alché.

- En la industria cinematográfica, las actrices vienen cuestionando el tema de la disparidad salarial. Un debate tan necesario como saludable. Es lógico que una figura como Ricardo Darín tenga un alto cachet porque su presencia supone una importante convocatoria de público. En tu caso personal, ¿cómo te sentís con la compensación económica de tu trabajo?

-Yo personalmente me siento bien, lo que he acordado me ha dejado satisfecha y me ha parecido justo. En nuestra profesión es difícil establecer un criterio, son tantas las variantes. Pero sí es claro que en una sociedad patriarcal y machista, las leyes las hacen los hombres y las mujeres estamos en inferioridad de condiciones. El hecho de que no me haya tocado a mí, no hace a una generalidad, es una feliz excepción personal.

- Otro imperativo que va cambiando paulatinamente tiene que ver con la imagen. Esa idea de que una mujer de 60 años tenga que verse como una de 40. Hay una presión social con ese tema, que en el cine se refleja claramente. Nicole Kidman se arrepintió por las consecuencias del bótox en detrimento de su expresión. La industria del cine exige un cuidado estético que puede ser muy dañino, ¿cómo balanceás ese cuidado sin que impacte en tus rasgos de interpretación?

-Envejecer frente a una cámara con tanta exposición no es sencillo, es difícil. Hay exigencias de mercado que a veces te empujan a tomar unas decisiones para verte un poco mejor, en fin. Personalmente, trato de no sucumbir a esa inseguridad, a ese miedo. Me cuido muchísimo, estoy atenta. Hay películas y películas. En algunos casos es más importante que luzcas de una determinada manera, que se te vea fresca, vital y atractiva. En cambio, hay otras películas en donde la atracción y la seducción pasa por otro lado. Yo navego en esas aguas. Tengo la fortuna de ser convocada para producciones industriales y también para propuestas más de autor, donde esos criterios estéticos van cambiando. Cuando trabajé con Walter Salles, él me habló de la dificultad que tienen algunos directores cuando hacen películas de época, porque la cirugía te borra de un plumazo la época que querés construir, te lleva a los '80 o a los '90. Tenemos diferentes modelos de cara, onda pómulos, boca o nariz. Hay alguna nariz que te lleva directo a la idea de que fue operada en los '70. Como yo quiero ser considerada por esos directores, a los que no les importa específicamente las marcas del paso del tiempo, eso me ayuda en esta batalla contra la exposición. Cuando me encontré con Pablo Larraín, para hacer Neruda, yo anhelaba trabajar con él. Al reunirnos me dijo: "Ay, me estarías dando un poco joven para el personaje". Y yo no podía creer que pudiera perder un papel por estar así, porque contradice todo el folclore. Es muy difícil la batalla que establecemos hombres y mujeres contra el tiempo, esa cosa de despedir nuestra juventud.

Mercedes Morán junto a Luis Gnecco en Neruda.

- Convengamos que el cine es más demandante con las mujeres en esa batalla...

-Sí, es así. Pero más allá de eso, yo siempre me preguntaba por qué ninguna protagonista de más de 40 años no sufre calores ni sofocos. Es como que los procesos femeninos, se terminan con el embarazo. Por eso, trato de dotar a mis mujeres de cosas que les pertenecen y las interfieren en la edad que tienen. Trabajar para que las cosas sean más verdaderas, y menos románticas, desde ese punto de vista choto del romanticismo mentiroso

Podés escuchar la entrevista completa, aquí: