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Magnífica noche de música en el parque San Martín

Gustavo Santaolalla, Orozco-Barrientos, la Orquesta Sinfónica de la UNCuyo y el Coro Universitario regalaron una jornada excepcional ante una multitud.

Mendoza nos regala estas cosas: una noche magnífica, una orquesta destellante, músicos de nivel mundial, un público ávido de vivencias y un escenario natural que nos envidian en todo el mundo.

Estos condimentos fueron los que se unieron anoche para darle marco a una jornada espectacular en donde la Universidad Nacional de Cuyo dio cierre a sus actividades artísticas anuales.

Pasaditas las 20.30, el "Ensamble de música popular" formado Alejandra Marengo, en voz; Celia Gala en percusión; Martín Parra Cano, en percusión; Santiago Nahuel Jofré, en voz, bajo eléctrico y guitarrón; Andrés Musolino, en guitarra y Mariano Colombo, en piano se ganó los primeros aplausos ante los que llegaron bien temprano.

Después, de a poco, el Prado Gaucho se fue colmando hasta que una cantidad estimada en las quince mil personas estuvieron en el lugar. Eso si: muchas sillitas, mesitas y familias decididas a cenar en el lugar.

El afamado y distinguido Coro de la Universidad Nacional de Cuyo, dirigido por Silvana Vallesi, fue quien ocupó el escenario para hacer "¡Bomba é!", de Ángel Cucco Peña y "Tangata", de Astor Piazzola.

Ya a las 22.15 el dúo Orozco-Barrientos subió al escenario y fueron muy bien recibidos. Después de una veintena de minutos de actuación, invitaron a Gustavo Santaolalla a que los acompañara en una canción para terminar con “Celador de sueños”, envueltos en una cariñosa ovación.

Inmediatamente después, uno de los platos fuertes de la jornada: la Orquesta Sinfónica y Gustavo Santaolalla hicieron de "Iguazú", "El Viaje", "Biutiful", "De Ushuaia a La Quiaca", creando un clima excepcional.

Fue precisamente la Orquesta la que captó toda la atención cuando bajo la batuta de Carlos Vieu, con una magnífica interpretación de la "Obertura 1812" de Tchaikovsky y a continuación el "Cuarto Movimiento Sinfonía nº 9", de Beethoven, junto al CUM.

Cuando el reloj ya marcaba los primeros minutos del nuevo día, y bajo una tenue lluvia, los músicos se unieron para un cierre único.