El poder y las mujeres

Una de las particularidades más relevante que pudimos observar de las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatoria (PASO) celebradas el pasado fin de semana en nuestro país, es que en las boletas electorales aparecía como candidata al máximo puesto del ejecutivo nacional una sola mujer. Quien además quedó fuera de las elecciones de octubre por no alcanzar el requisito del 1,5% de los votos válidamente emitidos que exige la ley 26.571 del año 2009. Por lo que una vez más las elecciones presidenciales argentinas no contarán con representantes femeninas. Sin embargo, los medios de comunicación no hicieron gran repercusión sobre el asunto. Al parecer, hemos naturalizado la ausencia de mujeres en los puestos de mando más importantes de nuestro país.

maría josé elmelaj

Debate candidatos Anabel Fernandez Sagasti

ALF PONCE / MDZ

Solo en tres ocasiones, el máximo escaño ha sido ocupado por el género femenino en Argentina, únicamente dos de ellas fueron resultado de la voluntad popular emitida en las urnas.

Este fenómeno se repite en la mayoría de los países del mundo, incluyendo aquellos considerados influyentes por la comunidad internacional, como es el caso de Estados Unidos, donde nunca una mujer ha detentado el máximo escalafón.

Si tenemos en cuenta que las mujeres representan poco más de la mitad de la población mundial, ¿dónde están a la hora de ser electas como máximas representantes de sus países? Esta realidad pareciera decirnos que en la estructura socio política en que vivimos, el poder aparece como un atributo asociado al género masculino.

El patriarcado ha mantenido a las mujeres apartadas del poder. El poder no se tiene, se ejerce. No es una sustancia, sino una red de relaciones y nunca es individual, sino que pertenece a los grupos. Desde esta óptica el patriarcado no es otra cosa que un sistema de pactos interclasistas entre varones. La igualdad legal entonces no se traduce en igualdad real y la neutralidad del sistema es una falacia. Las mujeres no llegan a los centros de poder, lisa y llanamente, porque el sistema de selección de los partidos políticos donde se deciden las candidaturas aún prima a los varones.

No hay ámbito en que las mujeres no estén infrarrepresentadas. Y como ya decían los “Cuadernos de Quejas y Reclamaciones” de la anónima Madame BB del Pais de Caux allá por 1789 en vísperas de la Revolución Francesa:

“Estando demostrado que un noble no puede representar a un plebeyo, del mismo modo un hombre no podría con mayor equidad, representar a una mujer, puesto que los representantes deben tener los mismos intereses que los representados…”.

Al parecer las cosas no han cambiado tanto como pensábamos.

Dado que la función presidencialista en Argentina solo puede ser detentada por una persona cada cuatro años, la equidad nos señala que la presencia de mujeres en las candidaturas, con verdaderas posibilidades de ser elegidas, es una deuda de la democracia.

A pesar de haber derribados varias convicciones y estereotipos de género a lo largo de los años, la desigualdad sigue más que vigente. El sistema democrático es todavía deficiente si no logra integrar de manera real a más de la mitad de la ciudadanía.

María José Elmelaj

Abogada

Diplomada en género e igualdad

Contacto: mjelmelaj@gmail.com

Instagram: @mariajoselmelajfava

Actualmente se encuentra dictando el taller “Mujeres y poder”

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