ver más
|

Alerta nacional

La tragedia radiactiva en Brasil que llegó a Netflix y revive la alarma por el robo de Cesio-137 en Rosario

El robo de una cápsula de Cesio-137 en Rosario reavivó el recuerdo del caso Goiânia, ocurrido en 1987 que dejó un saldo de cuatro muertos.


Mientras continúa la alerta nacional por el robo de una cápsula de Cesio-137 en el Instituto de Cardiología de Rosario “Dr. Luis González Sabathie”, la investigación volvió a poner en foco el accidente radiológico ocurrido en Brasil en 1987, considerado uno de los antecedentes más graves de contaminación radiactiva.

La comparación surge por la peligrosidad del material sustraído y por el antecedente de Goiânia, capital del estado de Goiás, donde una fuente radiactiva médica en desuso fue retirada de un hospital abandonado el 13 de septiembre de 1987. Aquel hecho derivó en una emergencia sanitaria de gran escala, con cuatro muertes identificadas y 249 personas afectadas por envenenamiento por radiación. Incluso, llevó a que Netflix cree la miniserie de seis episodios, Emergência Radioativa, donde retrataron lo ocurrido en Goiânia.

Cómo empezó el accidente de Goiânia

El Instituto Goiano de Radioterapia, una clínica privada localizada en Brasil, había sido abandonado en 1985 con una unidad de teleterapia que contenía cesio-137, la misma que desapareció en Rosario. Durante los años siguientes, transeúntes y personas en situación de calle ingresaban al edificio para refugiarse, hasta que Roberto dos Santos Alves y Wagner Mota Pereira sustrajeron la unidad y la trasladaron en una carretilla hasta la casa de uno de ellos, ubicada a unos 600 metros del hospital abandonado.

La tragedia en Brasil llevó a que Netflix cree una miniserie.

Según el relato del caso, ambos desmantelaron el equipo con la intención de vender sus partes como chatarra. En ese proceso extrajeron la cápsula de cesio de su carcasa de protección y durante varios días intentaron romperla, hasta que finalmente lograron abrirla. Poco después comenzaron a sufrir vómitos, diarrea y mareos, síntomas que atribuyeron a la mala ingesta de algún alimento y no a una exposición radiactiva.

El brillo azul que expandió la contaminación

Varias piezas fueron vendidas a una chatarrería, donde el dueño quedó sorprendido por el extraño brillo azul que emanaba del cesio expuesto. Ese detalle, lejos de generar una advertencia inmediata, llevó al hombre a trasladar la cápsula a su casa y mostrársela a familiares, amigos y vecinos. Así, el material radiactivo se expandió entre distintas personas que lo tocaron o permanecieron cerca de él.

Durante dos semanas, quienes habían estado en contacto con el elemento comenzaron a presentar síntomas sin encontrar una explicación clara. Finalmente, la mujer del chatarrero llevó la cápsula a las autoridades, lo que activó un amplio operativo de emergencia. Más de 112.000 habitantes de la zona fueron sometidos a controles radiológicos y se confirmó que 249 personas habían resultado envenenadas por radiación.

Un saldo fatal y una advertencia vigente

El saldo fatal del accidente de Goiânia fue de cuatro personas fallecidas, entre ellas una menor, como consecuencia del contacto con la cápsula radiactiva. Además, se indicó que la Sociedad de Víctimas afirmó la existencia de más de 16 muertes por enfermedades vinculadas a la fuga radiológica.