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Jardín con aroma al atardecer: la enredadera que suma flores, néctar y vida todo el verano

Con flores tubulares llenas de néctar y un perfume dulce que se siente más al caer el sol, la madreselva se volvió una de las trepadoras preferidas en el jardín

Esta trepadora no solo decora, sino que también decora cualquier jardín.

Esta trepadora no solo decora, sino que también decora cualquier jardín.

Pixabay

Hay plantas que no solo decoran: transforman el clima de un jardín. La madreselva entra en ese grupo. Es una enredadera con empuje, capaz de trepar con rapidez y de cubrir superficies que suelen quedar “desnudas”, como rejas, medianeras o cercos. A eso le suma un detalle que la hace distinta.

Un aroma dulce que se intensifica al final del día y una floración que, en temporada, se vuelve un foco de movimiento. Donde se instala, suelen aparecer visitantes: colibríes, abejas y otros polinizadores atraídos por un recurso simple y valioso, el néctar.

Por qué los colibríes la eligen

El secreto está en la forma de sus flores. La madreselva produce flores alargadas, tipo tubo, diseñadas casi a medida del pico fino de los colibríes. Esa estructura les permite alimentarse con facilidad, porque el néctar está disponible en profundidad y el ave llega sin esfuerzo. En primavera y verano suele florecer con fuerza, y esa continuidad la convierte en una estación de “recarga” natural durante varios meses.

A nivel visual también juega: hay variedades con tonos blancos, amarillos, rosados o rojizos, colores que resaltan desde lejos y ayudan a atraer no solo aves, sino también insectos benéficos. Y el perfume, que suele volverse más marcado al atardecer, termina de completar el combo que la hace irresistible.

La mejor trepadora de hoja perenne para flores y frutos es la Lonicera implexa, también conocida como madreselva de hoja perenne. Foto: Gentileza Alamy/Robert Wyatt
La mejor trepadora de hoja perenne para flores y frutos es la Lonicera implexa, también conocida como madreselva de hoja perenne. 

La mejor trepadora de hoja perenne para flores y frutos es la Lonicera implexa, también conocida como madreselva de hoja perenne.

Cómo crece y qué aspecto tiene en el jardín

La madreselva es una trepadora de tallos flexibles, que se enroscan con facilidad si encuentran un soporte cercano. Con una guía inicial puede subir por una pérgola, una pared con estructura, un alambrado o una reja y, en poco tiempo, “vestir” el espacio. Puede alcanzar varios metros de altura si se le da lugar.

Sus hojas suelen ser verdes y ovaladas, y la planta se destaca por una floración abundante que aparece en racimos o grupos según la variedad. En muchas especies, el follaje se mantiene todo el año, mientras que otras pierden hojas en invierno. Esa diferencia —perenne o caduca— suele influir en la elección, sobre todo si se busca cobertura constante o si se prefiere que el sol entre en los meses fríos. Su capacidad de adaptarse a distintos climas, sumada al crecimiento rápido, explica por qué es tan común verla en exteriores.

Cuidados simples para que se mantenga fuerte

No es una planta caprichosa, pero agradece ciertas condiciones. Se desarrolla mejor con sol directo o, al menos, con buena luz y algo de sombra parcial. El riego debe ser moderado: tolera períodos cortos sin agua, aunque responde mejor si el suelo no se seca por completo durante la floración.

Lo ideal es un sustrato fértil y con drenaje, para evitar encharcamientos que debiliten raíces. La poda cumple dos funciones: ordenar la planta y evitar que invada más de la cuenta. Un recorte de mantenimiento después del período de floración suele ser suficiente para controlar su expansión y estimular nuevos brotes. Al inicio conviene ayudarla: guiar los tallos jóvenes hacia la estructura elegida, para que trepe donde uno quiere y no se desparrame.

Elegir dónde ubicarla cambia todo. La madreselva funciona muy bien para cubrir muros y cercos, sumar privacidad y crear sombra natural en pérgolas. También es una aliada en patios medianos y balcones amplios, donde el verde trepador aporta volumen sin ocupar tanto suelo. Además de su valor ornamental, introduce una escena diaria: aves que van y vienen, insectos polinizadores y un perfume que aparece como telón de fondo. En tiempos de jardines más funcionales y menos demandantes, esta enredadera sigue ganando lugar por una razón simple: ofrece mucho con poco.