Adios al maderazo
Desde el año 2011 tengo el gusto de estar al servicio de uno de los principales críticos de vino, Tim Atkin Master of Wine. Ha visitado Argentina durante las dos últimas décadas y nos ha visto crecer, mutar y mejorar año a año.
Durante las dos últimas semanas tuvimos sesiones de más de 100 vinos por día, donde descubría nuevas joyitas, redescubría viejas y modificaba su impresión sobre ciertas etiquetas.

Entre las más de cien bodegas catadas y las decenas de bodegas visitadas durante esas semanas confirmó la tendencia del año pasado.
El cambio viene desde el más pequeño que no tiene nada que perder (lo sé, su dinero) pero tiene mucho por ganar y también desde las grandes marcas que han apostado a la innovación junto a la investigación y desarrollo para poder conseguir encontrar su nuevo estilo.
¿Qué tiene de malo el viejo estilo?
Nada, sólo que el consumidor crece, madura y evoluciona. Por suerte, nuestro pueblo bebe vino desde hace siglos y obviamente el vino que bebe hoy, no es el mismo vino de hace 80 años y ni siquiera el de hace diez años.
En la década del noventa se comenzó a mejorar la tecnología utilizada en elaboración, se importaron tanques, selectoras, fermentadores y sin lugar a dudas, barricas.
Los enólogos destacaban las notas de vainilla, canela o coco aportada por las mismas, pero lo que no se destacaba tanto era el tipo de fruta y su estado de madurez.
Llegamos a escuchar hablar sobre vinos con 200% de barrica nueva, donde por ejemplo el vino pasaba un año en barrica nueva y luego era trasvasado a otra barrica nueva para reposar otro año. El tostado de las mismas era de medio a intenso y para no perder el vino dentro de la barrica este debía ser concentrado, estructurado y poderoso. Grandes vinos nacieron durante esos años y otros tantos, no tan buenos, trataron de imitarlos y lamentablemente sólo lograban desequilibro y tendían al maderazo.
Hoy con una industria más madura, con mayor conocimiento no sólo de la tecnología sino también científico y experimental, el vino está cambiando.
Ya no es necesario envejecer o criar el vino en barrica para lograr un gran vino, así como tampoco el mismo debe ser blanco o tinto, ni varietal ni blend. Un gran vino es un gran vino sin más requisito que un perfecto balance.
Entre los vinos presentados más del 95% eran tintos y el resto eran blancos, rosados y espumosos. La mayoría apostó al malbec con una menor participación de otros varietales y blends. 
Entre los malbecs que despertaron la atención de Tim Atkin MW se encontraban aquellos con menor impacto de madera y gran dominio de la fruta. Premió la frescura y la sinceridad del vino por sobre el aporte de la madera. Se lucieron los vinos que mostraban su lugar de procedencia y habían sido elaborados con todo el cuidado para no ocultarle esa información al paladar.
Entre las muestras presentadas, era llamativo ver el cambio de estilo dentro de la misma bodega cuando presentaban por ejemplo un malbec 2016, un reserva 2014 y un gran reserva 2011, siendo este último el de mayor madera obviamente pero también un gran dominio de la misma.
Es hora de decirle chau al exceso de madera, de dejar brillar a la uva de calidad y permitir que cada lugar muestre su sello personal.
El reporte no saldrá hasta mayo pero ya le puedo anticipar que cada día elevamos nuestra calidad y que ya no hay mucho que envidiarle a las grandes zonas del mundo. Aunque obviamente nos queda mucho por crecer y descubrir nuestros propios terroir. Esa es la parte emocionante de la historia.
Hasta la próxima.



