La mujer que conoce a todos: Cecilia Zunino y el arte de construir vínculos
Cecilia Zunino construyó una vida entre San Juan y Mendoza. Pero hoy revela un talento que la define: su capacidad para generar vínculos, acercar personas y hacer que los encuentros sucedan.
Cecilia Zunino confesó un lado diferente de su personalidad en una charla En Confianza.
Rodrigo D'Angelo / MDZCecilia Zunino es una sanjuanina de raíces profundas y mendocina por elección. Lleva décadas construyendo una historia que atraviesa los medios de comunicación, el mundo empresarial y el agro.
Trabajó desde muy joven junto a la familia Estornell, estuvo vinculada a Canal 8, produjo contenidos y desarrolló proyectos tanto en San Juan como en Mendoza. También fue pionera al apostar, hace casi tres décadas, por la producción orgánica con De Mi Campo, un emprendimiento nacido en Barreal que comenzó con aromáticas y que hoy abastece a restaurantes, bodegas y consumidores que buscan productos de calidad.
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Pero detrás de esa empresaria, productora y mujer habituada a moverse con naturalidad entre mundos muy diferentes aparece otra Cecilia. Una mujer que dice ser mucho más tímida de lo que los demás imaginan, que cultiva la amistad, que considera a sus empleados parte de su familia y que encuentra en sus amigos una verdadera red de contención. Una mujer que disfruta recibir en su casa, sentarse a una mesa larga, compartir un vino y, sobre todo, hacer que las personas se encuentren.
Tiene un talento que no figura en ningún currículum y que, probablemente, sea una de sus mayores virtudes: sabe construir vínculos. Tiene una capacidad especial para acercarse a las personas, generar confianza y convertir un encuentro casual en una amistad, un contacto o una relación que perdura. Su agenda social parece no tener fronteras: políticos, embajadores, empresarios, banqueros, artistas y personalidades de distintos ámbitos forman parte de ese universo con el que Cecilia se relaciona con absoluta naturalidad. Con esa misma desenvoltura se hace amiga del carnicero, el jardinero, el trabajador de la viña o el productor de aromáticas.
En su caso, no se trata simplemente de conocer gente. Hay un interés genuino por las personas: por conversar, escuchar, compartir y tender puentes. Por eso, entre los socialités mendocinos, hay una frase que se repite cuando alguien necesita llegar a determinada persona: “Preguntale a la Zunino, que seguro te ayuda con el contacto”.
Esta es el lado B de Cecilia Zunino: el que aparece cuando se apagan las luces de los eventos. Una mujer que habla de sus raíces, de Barreal, de sus amigos, de sus nietos y de esa virtud que descubrió que también la define: ser una creadora de vínculos.
“San Juan son mis raíces y Mendoza me permitió desplegar mis alas”
—Ceci, sos sanjuanina, pero hace décadas que Mendoza es tu casa. ¿Qué tiene San Juan que llevás con vos y qué tiene Mendoza que hizo que se convirtiera en tu hogar?
—Siempre siento a San Juan y a Mendoza como una sola cosa, a las dos provincias las tengo en el corazón. Soy muy fiel a mis raíces. Me educaron así. Adoro San Juan, mis raíces están allá, y adoro Mendoza porque me permitió desplegar mis alas.
Para mí, Mendoza y San Juan son una región. No lo veo como una provincia y otra. Estoy educada así, soy de sangre italiana y en Italia todo se maneja como región. Mi papá siempre vio las cosas como región y después me casé con un italiano que también veía todo como región. Es más, creo que sumaríamos muchísimo si hiciéramos que más gente lo viera así.
Soy una agradecida a Mendoza por cómo me ha recibido. Me costó muchísimo adaptarme, pero cuando entendí cómo era la forma de Mendoza, me adapté. Eso sí: necesito ir a San Juan aunque sea una vez por semana.
—Y dentro de San Juan hay un lugar que tiene un significado todavía más profundo para vos: Barreal.
—Barreal es un lugar donde nos criamos con mi familia. Mi abuela nos dio ese lugar cuando éramos muy chicos. Toda nuestra niñez, las vacaciones y todos los fines de semana íbamos a Barreal. Pasamos los mejores momentos de nuestra infancia allá. ¡Veranos enteros! Tres o cuatro meses.
Mis abuelos fueron como los fundadores de ese lugar. Barreal es donde nosotros tenemos nuestra esencia. Yo no tengo manera de devolverle a ese lugar toda la felicidad que me dio.
En un momento me pregunté cómo podía hacer para que Barreal se conociera más y pensé que la manera era con De Mi Campo.
—Antes de hablar de De mi Campo... ¿Qué te pasa cuando llegás a Barreal?
—Siento que tengo una energía distinta. Ese sentir me lo da la naturaleza. Ayer estuve en Barreal, fui por el día y volví, y te juro que ese lugar es distinto. Volvés renovado. No podría irme a vivir allí porque necesito la actividad que tengo acá, pero elijo ir bien seguido y me encanta compartir Barreal con quienes quiero.
Una vida detrás de las cámaras
—Tu historia también está muy ligada a los medios mendocinos y sanjuaninos. ¿Cómo comenzó esa relación?
—Empezó cuando tenía 14 años. Desde esa edad estoy relacionada con la familia Estornell. Mi suegro, Jorge Estornell, que en ese momento era quien estaba al frente de Canal 8, me eligió para que trabajara con él. Me pidió que trabajara en Canal 8 y también en su bodega.
Lo cierto es que desde chica me metí en Canal 8 y por eso tengo un cariño muy especial por ese medio de comunicación. Después vino la compra de Canal 7 de Mendoza. Vinimos dos veces: una porque falló la entrega y la segunda cuando finalmente lo entregaron. Y también me vinculo con la radio, porque mi suegro había prometido una radio de frontera, que es la radio Calingasta, que todavía está en Barreal y es muy linda.
Así empezó mi relación con los medios.
—Pero siempre atrás de cámara. Nunca te interesó ser la cara visible.
—No, jamás lo hice ni lo haría porque no me gusta. Lo mío siempre fue estar atrás, en la producción.
—Después de tantos años, ¿qué aprendiste del negocio de la televisión?
—Que los canales locales tienen algo que la gente necesita. Les puede gustar la televisión de Buenos Aires, sin duda, pero necesitan la televisión local. Cada día me doy más cuenta de que tanto Mendoza como San Juan necesitan producción local.
—¿Creés que la televisión sigue viva?
—Sí. Y eso te lo aseguro simplemente porque aparecen auspiciantes: te das cuenta de que siguen buscándote. Hoy es cierto que va cambiando todo, hay mil plataformas, redes sociales... pero el contenido de la TV sigue estando vigente. Puede ser que no lo veas en vivo, o a determinada hora en la pantalla de la TV y después lo veas en YouTube, pero lo ves.
—Entonces, ¿las redes sociales y las plataformas compiten con la televisión o son caminos que pueden complementarse?
—Se suman. Nosotros, por ejemplo, las notas interesantes que hacemos en el programa las subimos a Instagram y a YouTube, y tenemos muchas reproducciones. La televisión abierta también puede alimentar a las redes. Nosotros subimos todo lo que hacemos en televisión a las redes.
De Mi Campo: una apuesta adelantada a su tiempo
—Otro de tus grandes proyectos es De Mi Campo. ¿Cómo nació?
—Nació en Barreal. Es un lugar con un clima extraordinario y quería hacer algo para que se conociera más. Empecé a investigar sobre producción orgánica y cuando fui a Salud Pública en San Juan a preguntar dónde podía averiguar, me dijeron: “¿Qué locura se te ocurrió?”. Nadie sabía demasiado sobre el tema.
Me hablaron de la OIA, la Organización Internacional Agropecuaria, que certifica confianza y calidad. Busqué la dirección y fui a Buenos Aires. Allí conocí a Pedro y Daniela, que son los dueños, y me explicaron todo sobre el mundo orgánico. Yo pensaba que era llenar un formulario y listo, pero había inspecciones y muchísimas exigencias.
De Mi Campo fue el cliente número 46 de la OIA: hoy son miles. Hace 28 años que somos orgánicos.
—Y empezaste prácticamente de cero.
—No tenía ningún cultivo. Quería empezar con aromáticas porque la zona es ideal. Barreal tiene una amplitud térmica de más de 20 grados entre la mañana y la noche y es uno de los lugares ideales de Argentina para producir aromáticas. Esa amplitud hace que las plantas tengan una concentración de sabor muy interesante.
Empezamos con orégano y fuimos incorporando otras aromáticas, después infusiones. Cuando te metés en esto no parás.
Hoy De Mi Campo goza de buena salud. Encontramos un nicho con mucha calidad y muy bien presentado. Tenemos muchos clientes gastronómicos y bodegas, y todas las plantas, aromáticas e infusiones que vendemos vienen de Barreal.
El lado B: “Me sale naturalmente generar vínculos”
Cecilia, En Confianza charló con nosotros de ese don especial: el de ser una "creadora de vínculos": ¿Cómo conoce gente? ¿Cómo tiene tantos contactos? Si querés saber eso y mucho más, mirá el siguiente video. ¡Y si preferís leer la entrevista en vez de verlo, scroleá hacia abajo!
—Quienes te conocen dicen que sos una mujer de perfil bajo. Te costó incluso aceptar esta entrevista. Pero hay un costado tuyo que me interesa especialmente: tu capacidad para generar vínculos. Sos una especie de puente entre personas de mundos muy diferentes. ¿Te reconocés en esa descripción?
—Sí. Desde chica he sido así. Siempre genero lazos. No sé, nada me detiene. Cuando veo a alguien, enseguida tengo empatía. No me cuesta nada.
—¿Te gusta conocer personas?
—Me encanta. Ya sea un empresario, un banquero o una persona que trabaja de florista, de carnicero o de pintor. En el acto genero relación. Me surge.
—¿Y te hacés amiga?
—Me hago amiga. Y después sigo muchas relaciones. Muchísimas. Cuido mucho mis amistades. Por supuesto, no todas las relaciones que genero se convierten en amigos íntimos, pero debo decirte que a mis amigos íntimos los cuido muchísimo. Trato siempre de estar pendiente de si necesitan algo y soy muy consecuente con ellos.
—¿Te sale naturalmente relacionarte con personas de mundos tan distintos?
—Me sale naturalmente. Lo he hecho toda la vida. Mi papá tenía un banco y yo trabajaba con él. Atendía desde una persona que iba a buscar una tarjeta de crédito hasta alguien que hacía un plazo fijo importante. En Barreal estaba con todo el mundo. Lo hice siempre, naturalmente. Y me encanta.
—Te propuse un título para esta entrevista: “creadora de vínculos”. ¿Sentís que te define?
—Sí. Nunca me lo habían dicho, pero sí.
—Hay una anécdota que lo explica muy bien: incluso viajando en avión terminás conociendo gente.
—Sí. Voy mucho a ver a mi hija -que vive en España- y cuando llego mi yerno me carga y me dice: “¿A quién conociste en el avión? ¿Qué amigo te hiciste?”. Porque siempre conozco a uno o al otro. Una vez ayudé a una señora grande que justo era la suegra del piloto. El piloto vino a acercarse y me agradeció.
La paradoja de una mujer de bajo perfil que siempre está invitada a todos lados
—Hay una contradicción interesante: decís que sos de perfil bajo, pero no hay prácticamente evento social, empresarial o institucional importante en Mendoza o San Juan al que no estés invitada. ¿Cómo conviven esas dos Cecilias?
—A mí me encantan los eventos sociales. Puedo ser de bajo perfil en algunas cosas, pero todo lo que es social, salir y estar con gente me encanta. Siempre fui muy sociable.
—Y también muy anfitriona.
—Me encanta recibir. Eso es muy sanjuanino. Los sanjuaninos somos muy de casa abierta. Eso me costó cuando vine a Mendoza. Yo decía: “¿Por qué nadie me toca el timbre? ¿Nadie pasa a tomar un café?”. En San Juan todo el mundo pasa a tomar un café, te toca el timbre y entra. Acá tenés que avisar que vas a ir a tomar un café.
—¿Cómo tiene que ser una buena reunión en tu casa?
—Cuando hay buena energía, la gente te hace la reunión sola. Vos ponés lo mejor tuyo: la comida, el vino, la buena mesa. Por ejemplo, nosotros, es decir mi grupo de amigos, nos juntamos los domingos a comer. Así de simple. Si hay buena energía y buen grupo, la pasás bien siempre.
—¿Sos de pensar mucho qué personas juntar alrededor de una mesa?
—No, no soy nada estructurada. Jamás pongo estructuras en eso.
—¿Qué preferís: un almuerzo íntimo, una cena, un cóctel, un gran evento?
—Todo. Me gusta todo.
Conocer gente no es lo mismo que construir relaciones
—Hay algo que me interesa mucho: ¿qué diferencia existe entre conocer a mucha gente y realmente construir relaciones?
—Podés conocer a mucha gente. Ahora, el círculo con el que construís relaciones y tenés amistad es totalmente distinto. Una cosa es conocer y otra es la gente con la que compartís y tenés una amistad real.
Ese círculo es mucho más chico. Tenés otro cuidado, otra empatía, otro conocimiento. La convivencia diaria con esa gente es distinta.
—En Mendoza hay una frase que aparece mucho cuando alguien necesita un contacto: “Preguntale a Cecilia Zunino”. ¿Te consultan, te piden favores, te preguntan cómo llegar a determinada persona?
—Sí, cuando me preguntan algo que puedo ayudar, ayudo. Pero no creo tener la respuesta a todo, de ninguna manera. Siento que por ahí piensan que tengo más relaciones de las que realmente tengo. Pero en lo que puedo ayudar, ayudo.
—¿Alguna vez esa capacidad de ayudar se convierte en un peso?
—No. Te repito: si puedo ayudar, ayudo.
“Soy mucho más tímida de lo que creen”
—¿Qué parte de la Cecilia que vemos en los eventos conoce solamente tu círculo íntimo? ¿Qué sorprendería de vos a alguien que te ve en un cóctel, súper elegante, en un hotel cinco estrellas o en una bodega?
—Que soy mucho más tímida de lo que creen. Creo que soy mucho más reservada de lo que me ven.
Y hago muchísimas cosas con muchísima pasión. Eso creo que la gente no lo conoce. Muchas veces creen que todo es suerte. “Qué suerte tiene”, dicen. No. Yo le pongo a la vida muchísimas horas de trabajo y mucha pasión.
—Hay detrás de esa imagen social una mujer que trabaja muchísimo.
—Se trabaja, se trabaja. Eso es lo que mucha gente no conoce.
—Si vos no estuvieras presente en un lugar en donde se está hablando de vos, ¿qué te gustaría que dijeran tus amigos?
—Que he sido muy leal con ellos. Me parece que la lealtad es una virtud que uno debe tener siempre.
“Soy una cultora de la amistad”
—¿Sos una cultora de la amistad?
—Sí. Soy una cultora de la amistad y una agradecida de los amigos. Creo que la amistad es fundamental, sobre todo porque yo acá en Mendoza estoy sola de familia. Mi hija vive en Madrid, mis nietos están allá. Entonces, para mí, los amigos son mi pilar en Mendoza.
Soy una agradecida de tenerlos. Son mi contención. Tengo amigos de todas las edades y de todos los círculos sociales. Y siempre agradezco. Soy muy agradecida de la vida.
—¿Y esa heterogeneidad de tus amistades también te define?
—Sí. Tengo amigos de todas las edades y siempre agradezco tenerlos.
Redes sociales: el vínculo que no reemplaza al encuentro
—Vivimos en una época en la que muchas relaciones pasan por Instagram, WhatsApp o mensajes. ¿Creés que estamos perdiendo algo del vínculo cara a cara?
—El vínculo real es importantísimo e irreemplazable. Pero las redes también te dan algo.
Yo tengo un grupo de amigas de Buenos Aires que, si no tuviéramos las redes, quizás se hubiese disuelto. Las redes lo mantienen vivo. Ellas vienen una vez al año a Barreal y a Mendoza, y permanentemente nos contamos lo que hacemos. Mandamos una foto de la cordillera, cualquier tontera, pero lo mantenemos vivo todas las semanas.
Si no tuviéramos las redes, no mantendríamos tan viva esa amistad.
—Entonces no sos una mujer que rechaza la tecnología.
—No, para nada. Uso WhatsApp, uso Instagram. Me encantan. Las incorporé muchísimo a mi vida. No estoy en contra de eso, pero creo que el vínculo humano es importantísimo.
Juan Pablo Candisano y los vínculos que también se construyen trabajando
—Hay otro vínculo que es muy importante en tu vida profesional: Juan Pablo Candisano. ¿Quién es para vos?
—Es como un hermano más chico, un apoyo muy grande. Hemos hecho realmente, durante los años que nos conocemos, una empresa muy bonita.
Con Juampi vamos a San Juan a trabajar todo el tiempo. Creo que le he hecho querer San Juan.
—¡Olvidate! También es mi amigo y pienso que es casi un sanjuanino por adopción.
—Sí, adora San Juan. Y el proyecto que hemos hecho juntos, si bien lo lidera totalmente él, nos fascina. Cada vez queremos hacer más cosas.
“Las relaciones humanas son fundamentales en la vida”
—Como empresaria, ¿qué importancia tienen para vos las relaciones humanas?
—Para mí son muy importantes. Creo que los vínculos sanos siempre ayudan. Las relaciones humanas son fundamentales en la vida.
Me importa saber cómo está mi empleado, este chico o esta chica que trabaja conmigo, qué le está pasando. Para mí toda la gente que trabaja conmigo es parte de mi familia. Me importa muchísimo todo lo que les pasa. Es un cliché pero somos una gran familia.
—Quizás por eso también te sentís más cómoda en las empresas chicas, donde podés conocer a cada persona.
—Sí. A mí me gusta sentir que sé qué le pasa a cada uno. Lo que pasa en la finca, en Barreal, en De Mi Campo, en la productora. Siento que sé cómo vive cada uno.
“La Cecilia que conocen los que realmente me quieren”
—Y para terminar: ¿quién es la Cecilia Zunino que solamente conocen las personas que realmente te quieren?
—Esta que ves acá no es muy distinta. La que tiene pasión por lo que hace, la que disfruta muchísimo a sus nietos, que es algo nuevo en mi vida. Desde que nació Teo y después Nina, mi vida es otra.
Cuando falleció mi marido Adriano, todo el mundo pensó que iba a irme a vivir a Madrid con mi hija. Y yo siempre dije que no. Yo no puedo no tener mi vida propia. Creo que con esto también le hago un favor a Mili: cada una tiene que tener su vida.
Pero esos niños me mueven todo. ¡Nunca lo pensé! Cuando las abuelas te dicen “no sabés lo que se siente por los nietos”, pensaba que era como una frase hecha, nunca creí que iba a sentir algo así. Verlos felices me da una felicidad enorme.
Y hoy en esto las redes también ayudan. El vínculo por el teléfono hace que los vea todos los días, veinte veces al día, en clases, en su casa. Y tener la posibilidad de viajar, es maravilloso.
—Quizás ahí aparece la Cecilia más auténtica: la empresaria, la anfitriona, la mujer de los contactos, pero también alguien profundamente agradecida por los vínculos que construyó.
—Sí. Soy muy agradecida de la vida.