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La verdad sobre la tormenta de Santa Rosa: qué revelan 118 años de registros

La tormenta de Santa Rosa une una antigua leyenda de Lima con condiciones atmosféricas propias del final del invierno. Por qué no siempre ocurre.

¿Existe realmente la tormenta de Santa Rosa? La respuesta que dejó más de un siglo de datos.

¿Existe realmente la tormenta de Santa Rosa? La respuesta que dejó más de un siglo de datos.

MDZ

Cada vez que agosto entra en sus últimos días, una pregunta vuelve a repetirse en la Argentina: ¿llegará la tormenta de Santa Rosa? La tradición la espera alrededor del día 30 y suele imaginarla como uno de los temporales más fuertes del año. Sin embargo, no existe una tormenta que responda puntualmente al calendario ni tiene que ser más intensa que cualquier otra.

Detrás de esa creencia conviven dos historias. Una nació hace más de cuatro siglos en Perú y vincula el fenómeno con una religiosa que habría salvado a Lima de un ataque. La otra pertenece a la meteorología y explica por qué el final del invierno puede favorecer el regreso de las tormentas en algunas regiones del país.

La tormenta de Santa Rosa es un fenómeno climático que tradicionalmente se espera entre los últimos días de agosto.

La tormenta de Santa Rosa es un fenómeno climático que tradicionalmente se espera entre los últimos días de agosto.

La leyenda que dio origen a la tormenta de Santa Rosa

La historia se remonta a 1615, cuando una flota de corsarios neerlandeses amenazaba con avanzar sobre Lima. Según la tradición religiosa, Isabel Flores de Oliva, quien más tarde sería conocida como Santa Rosa de Lima, reunió a un grupo de mujeres para rezar por la protección de la ciudad.

El relato sostiene que durante aquellas plegarias se desató una fuerte tormenta que impidió el desembarco y obligó a retirarse a las embarcaciones. Con el paso del tiempo, los temporales registrados cerca de la fecha dedicada a la santa comenzaron a ser asociados con aquel episodio.

Isabel Flores de Oliva nació en Lima en 1586, formó parte de la Tercera Orden Dominicana y murió en 1617, a los 31 años. Fue canonizada en 1671 por el papa Clemente X y su devoción se extendió rápidamente por América.

Aunque el calendario litúrgico católico actualmente la recuerda el 23 de agosto, en la Argentina la tradición continúa vinculándola con el día 30. En distintas localidades del país todavía se realizan celebraciones religiosas en esa fecha.

Su figura también quedó relacionada con la historia argentina. El 14 de septiembre de 1816, por iniciativa del diputado sanjuanino Fray Justo Santa María de Oro, el Congreso reunido en Tucumán la eligió como patrona de la Independencia de América.

Qué dice la ciencia sobre este fenómeno

La tormenta de Santa Rosa no es una categoría meteorológica diferente de las demás. El nombre popular se aplica a los episodios de actividad eléctrica que aparecen cerca del final de agosto y los primeros días de septiembre.

Durante el invierno, las tormentas son menos frecuentes porque su formación requiere condiciones atmosféricas y energéticas más propias de las estaciones cálidas. Hacia finales de agosto, sin embargo, comienza a aumentar la energía disponible y se producen cambios en la circulación regional.

El ingreso de aire cálido y húmedo desde el norte, el mayor calentamiento del suelo y la llegada de perturbaciones desde el oeste pueden combinarse y generar inestabilidad. La atmósfera conserva todavía frentes fríos propios del invierno, pero empieza a recibir humedad vinculada con el período cálido.

La investigadora Paola Salio, especialista en Ciencias de la Atmósfera de la UBA y el Conicet, explicó en una nota publicada por UBA Ciencia que en esta época comienza a intensificarse el flujo de humedad procedente del norte. Cuando ese aire se encuentra con los frentes que aún atraviesan la región, pueden desarrollarse tormentas importantes, especialmente en el área del Río de la Plata y la provincia de Buenos Aires.

¿La tormenta de Santa Rosa ocurre todos los años?

Los registros muestran que no. Un estudio del Servicio Meteorológico Nacional analizó las observaciones realizadas en la Ciudad de Buenos Aires entre 1906 y 2023. Para el relevamiento se consideraron las tormentas ocurridas entre el 25 de agosto y el 4 de septiembre.

En esos 118 años se registraron episodios en 67 oportunidades, equivalentes al 57% de los casos. El dato muestra una frecuencia considerable, pero también confirma que la tormenta no se presenta todos los años. Además, los eventos detectados no siempre estuvieron acompañados por lluvias intensas o abundantes.

El análisis corresponde a Buenos Aires y no puede extenderse automáticamente a todo el territorio argentino. El propio organismo aclara que el fenómeno se observa con mayor facilidad en el centro y el este del país. En el noroeste, la sequedad del aire durante esta época reduce considerablemente la posibilidad de actividad eléctrica.