El pueblo de Buenos Aires donde las picadas y las calles de tierra todavía marcan el ritmo
Uribelarrea es un pueblo de Buenos Aires donde la tradición rural, la buena comida y las calles de tierra todavía definen el paisaje.
La antigua estación ferroviaria recuerda el origen histórico del pueblo.
Instagram/@uribelarreaoficialUribelarrea entra en escena con una postal que parece resistirse al apuro. En este pueblo de Cañuelas, las diagonales, las casas centenarias y las calles de tierra arman un paisaje que conserva aire de otra época sin dejar de tener movimiento propio.
Fundado como colonia agrícola en 1889, Uribelarrea creció con una lógica ligada al campo y a la producción, y esa huella sigue visible en su trazado y en su identidad. No es un pueblo armado para parecer antiguo, sino una localidad que fue construyendo su carácter alrededor de esa mezcla de trabajo rural, tranquilidad y vida comunitaria.
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Buena parte del atractivo de Uribelarrea está en cómo logró volver turística una identidad que ya tenía. La gastronomía regional, los fiambres, los quesos, los vinos y la cerveza artesanal empujaron su nombre mucho más allá del circuito local, pero sin borrar el perfil de pueblo chico que todavía se percibe al caminarlo.
Ese costado gastronómico tiene además una celebración que terminó de instalarlo como destino. Desde 2009 se realiza allí la Fiesta de la Picada y la Cerveza Artesanal, un evento que convoca a miles de visitantes y que reforzó la relación entre Uribelarrea, los productores de la zona y una forma bien concreta de mostrar el sabor del interior bonaerense.
Pero Uribelarrea no vive solo de las mesas largas ni de las escapadas de fin de semana. En el pueblo también se pueden visitar emprendimientos productivos vinculados a quesos de cabra, fiambres artesanales, alfajores, cerveza, granjas y cultivos, además de una escuela agrotécnica salesiana que figura entre las más antiguas de América Latina.
Ahí aparece una de sus diferencias más claras frente a otros pueblos cercanos a Buenos Aires. Uribelarrea no se sostiene únicamente en la estética rural, sino en una actividad concreta que sigue ligada al trabajo, a la elaboración artesanal y a una escala donde producción y turismo todavía conviven de forma bastante natural.
El ritmo del lugar también juega a favor de esa experiencia. No hay grandes artificios ni una lista interminable de atractivos: alcanza con la plaza, la iglesia, los viejos edificios, los almacenes y el movimiento pausado de un pueblo que encontró en su propia historia una manera de seguir siendo actual.
Por eso Uribelarrea funciona mejor cuando se lo piensa como algo más que una escapada gastronómica. Entre arquitectura de otro tiempo, productos regionales y vida de pueblo, este rincón bonaerense sostiene una identidad rara de encontrar tan cerca de los grandes centros urbanos.