Adiós a Michel Rolland: el hombre que nos enseñó a mirar el mundo del vino
Visionario, polémico y apasionado, Michel Rolland fue el arquitecto de la modernización del vino argentino.
Michel Rolland fue uno de los enólogos más importantes a nivel mundial.
bodegarollandHay noticias que uno nunca quiere dar, especialmente cuando se trata de alguien que no solo fue un consultor, sino un motor de cambio estructural. El fallecimiento de Michel Rolland deja un vacío imposible de llenar, pero también una herencia que se respira en cada copa de vino argentino de exportación.
Michel no llegó a la Argentina simplemente para asesorar bodegas; llegó para desafiar nuestro propio techo de cristal. Cuando aterrizó en 1988, invitado por Arnaldo Etchart a los Valles Calchaquíes, se encontró con una industria que miraba hacia adentro. Él, con su visión global y ese olfato único para entender el mercado, nos obligó a mirar hacia afuera.
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Michel Rolland: el padre del Malbec moderno
Mucho antes de que el Malbec fuera nuestro estandarte, Rolland ya veía en él un potencial que pocos locales se atrevían a explotar. Su estilo trajo madurez, concentración y una elegancia que sedujo a los críticos más influyentes del mundo.
Su influencia fue estratégica: convenció a capitales extranjeros de que el Valle de Uco era la "tierra prometida". De su mano nacieron proyectos que cambiaron la fisonomía de Mendoza, siendo el Clos de los Siete su obra cumbre, junto a hitos en San Pedro de Yacochuya, Trapiche, Norton y Bianchi.
Charlas en el Valle: Una escuela personal
Más allá de las cifras y las etiquetas, me queda el recuerdo de esos encuentros íntimos en su bodega del Valle de Uco. Compartir una mesa con Michel no era solo catar vinos de clase mundial; era asistir a una clase magistral de vida y mercado.
En esas largas charlas, entre copas de Mariflor o Val de Flores, descubrí a un hombre de una generosidad intelectual inmensa. Como periodista, Michel fue una enorme inspiración en la comprensión del escenario global. Me enseñó a no mirar el vino como un hecho aislado, sino como un lenguaje universal que conecta culturas, economías y personas. Su capacidad para simplificar lo complejo y su honestidad brutal para marcar el rumbo de la industria fueron, para mí, una brújula invaluable.
Un legado de excelencia
Michel nos enseñó que en el vino "no hay milagros", sino trabajo, conocimiento del terroir y una búsqueda incansable de la calidad. Él fue el primer flying winemaker que demostró que el vino es un negocio de excelencia y protocolos, pero también de pasión.
Hoy la Argentina es un referente mundial gracias a que un francés decidió que nuestro país era su segundo hogar. Se fue el maestro, pero quedan sus blends y esa risa franca que siempre acompañaba una buena charla.
Gracias por las enseñanzas y por habernos abierto los ojos al mundo, Michel. Hasta siempre.


