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A menos de tres horas de Río de Janeiro: el pueblo entre cascadas donde podés escapar de las multitudes

Ríos transparentes, Mata Atlántica y cascadas para bañarse cambian por completo el paisaje en este pequeño pueblo cercano a Río de Janeiro.


Después de varios días entre playas concurridas, tránsito y movimiento, existe una alternativa bastante diferente sin alejarse demasiado de Río de Janeiro. Aldeia Velha es un pequeño pueblo rural ubicado al pie de la Serra do Mar, a menos de tres horas del centro carioca, donde dos ríos de aguas cristalinas atraviesan un entorno cubierto por Mata Atlántica.

Acá el plan cambia por completo. No hay que organizar jornadas alrededor de playas famosas ni de grandes atracciones: buena parte del tiempo se pasa caminando por senderos, siguiendo el curso de los ríos o buscando alguna de las cascadas que aparecen entre el bosque. El propio turismo de Río de Janeiro presenta a Aldeia Velha como un destino especialmente asociado con la tranquilidad y el contacto con la naturaleza.

Una de las salidas más conocidas lleva hasta la Cachoeira das Andorinhas. La caída principal tiene unos 19 metros y desemboca entre grandes paredes de roca. Desde el acceso hay una caminata corta hasta el primer sector de la cascada, donde existen pozos naturales para refrescarse durante los días cálidos.

Otra alternativa es Sete Quedas, dentro de una reserva privada de patrimonio natural. En este caso el recorrido es más largo: el sendero tiene aproximadamente 1,5 kilómetros y atraviesa sectores de bosque antes de llegar a una sucesión de caídas y piscinas naturales. La visita requiere organización previa y suele realizarse con guía.

La Cachoeira das Andorinhas es uno de los lugares para bañarse y caminar entre el bosque alrededor del pueblo.

El agua no es lo único que rodea al pueblo. Aldeia Velha está dentro del Área de Protección Ambiental São João/Mico-Leão-Dourado y frente a la Reserva Biológica Poço das Antas. Las montañas de la zona conservan sectores de Mata Atlántica que forman parte del hábitat del mico-leão-dourado, una de las especies más características de esta región brasileña.

También se pueden hacer cabalgatas, recorridos en bicicleta y travesías más largas por caminos de montaña. Una de ellas conecta Aldeia Velha con el sector de Encontro dos Rios, en Lumiar, aunque es una propuesta exigente que requiere varias horas de caminata. Para una visita más relajada, alcanza con combinar río, cascada y alguna comida casera en el centro.

La gastronomía mantiene bastante del perfil rural del lugar. Hay restaurantes con comida de campo, preparaciones hechas en fogón a leña y productos locales como palmito de pupunha, dulces artesanales y una particular pizza cuya masa se prepara con mandioca. También existen posadas y pequeños alojamientos junto al río para quienes quieran quedarse más de un día.

Así, Aldeia Velha funciona como una opción para quien ya conoce la cara más famosa de Río de Janeiro y quiere cambiar completamente de escenario. En menos de tres horas se puede pasar de una de las ciudades más visitadas de Brasil a un pueblo donde el día puede transcurrir entre bosque, caminos de tierra y pozos de agua transparente debajo de una cascada.