Este es el idílico pueblo que compró una pareja
Un pueblo deshabitado en España encontró nuevos propietarios. Jason Lee Beckwith y su esposa, una pareja de origen estadounidense y brasileño, adquirieron la aldea de Salto de Castro, situada en la provincia de Zamora, cerca de la frontera con Portugal. Con una inversión de 310.000 euros, la compra de este enclave despertó un gran interés, especialmente por el origen de los compradores y el ambicioso proyecto que planearon llevar a cabo.
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Salto de Castro fue un antiguo poblado hidroeléctrico construido entre 1946 y 1952 por la empresa Iberduero para alojar a los trabajadores de la presa de Castro. La automatización del sistema en 1989 llevó al abandono progresivo del lugar, que desde entonces permaneció deshabitado. La aldea contó con cuarenta y cuatro viviendas, una iglesia, un antiguo cuartel de la Guardia Civil, una hospedería, un bar, una piscina y varias instalaciones deportivas.
Su singular ubicación dentro de la reserva de la biosfera Meseta Ibérica lo convirtió en un punto de interés tanto por su historia como por su valor natural.
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Beckwith, quien pasó la mayor parte de su vida profesional en el sector de la impresión, decidió cambiar de rumbo hace seis años cuando abrió un negocio de alojamiento y desayuno en Estados Unidos. Tras venderlo y tomarse un año sabático, comenzó a buscar nuevas oportunidades en el sector hotelero. Inicialmente centró su búsqueda en su país de origen, pero su esposa le sugirió explorar opciones en Portugal. Posteriormente, consideró adquirir una casa cueva en Granada hasta que se encontró con la venta de Salto de Castro.
"Fue como si se encendiera un interruptor en mi cabeza", explicó al recordar el momento en que descubrió el anuncio del pueblo en venta. Aunque en un principio su esposa pensó que la idea era inviable debido a la magnitud del proyecto, lo animó a viajar a España para verlo en persona. La visita confirmó su interés: "Tan pronto como empecé a caminar por las calles y ver a mi alrededor todas las ruinas desmoronadas supe que ese era mi futuro".
El plan de recuperación de la aldea se llevó a cabo en varias fases. En primer lugar, trabajaron en la rehabilitación de la iglesia, con el objetivo de utilizarla para ceremonias. También previeron restaurar la piscina y uno de los edificios principales. Beckwith estimó que el costo total del proyecto oscilaría entre los cinco y seis millones de euros.
A pesar de su origen, el empresario no tuvo en mente atraer exclusivamente a turistas estadounidenses o californianos, sino que su intención fue que el proyecto estuviera enfocado principalmente al público español. "Nunca va a cambiar y eso me encanta, no vamos a construir Disneyland", aclaró en referencia a su intención de respetar la arquitectura original del pueblo y su integración con el entorno natural.
La recuperación de Salto de Castro se sumó a la creciente tendencia de inversores y particulares que buscaron revitalizar pueblos abandonados en España, un país que enfrentó un grave problema de despoblación rural. Este caso, sin embargo, captó la atención internacional por tratarse de un comprador extranjero que nunca antes había visitado Europa y que ahora se embarcó en la ambiciosa tarea de devolver la vida a un rincón olvidado de Zamora.