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Una entidad alerta por el cierre de pymes y el crecimiento del desempleo durante 2026

La situación económica muestra que hay sectores que están atravesando serios problemas. Las pymes están dentro de ese grupo y se manifiesta por la pérdida del empleo y cierre de empresas.


El presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, advirtió sobre la aceleración del proceso de primarización de la economía argentina y alertó que este modelo dejará a más del 75% de los trabajadores desamparados del empleo registrado.

En un contexto marcado por la recesión industrial y el cierre cotidiano de fábricas, lamentó que durante 2026 el sector se haya convertido en el mayor expulsor de puestos de trabajo, como consecuencia de la inviabilidad de los negocios que agregan valor nacional, una situación generada por la ruptura de la cadena de pagos en prácticamente todos sus eslabones.

Según explicó Rosato, la Argentina abandonó un modelo basado en el empleo y el desarrollo para reconvertirse en un esquema extractivista y primario, en el que apenas tres sectores concentran el ingreso fuerte de divisas al país. Este flujo de dólares, sostuvo, permite garantizar cierta estabilidad macroeconómica y financiera, pero al mismo tiempo abre la puerta a un proceso de desarticulación productiva que afecta a miles de fábricas, comercios y servicios que estaban directa e indirectamente enlazados. Esas unidades económicas, que antes generaban riqueza y la multiplicaban a través del empleo, hoy atraviesan procesos de cierre definitivo, con la consecuente pérdida de puestos de trabajo.

El titular de IPA destacó los resultados del último informe del Observatorio IPA, que reveló que de las 11.000 empresas que cerraron durante el último año, casi 2.000 fueron fábricas que bajaron sus persianas de manera definitiva. En ese marco, recordó que la industria suele ser el último sector en despedir trabajadores debido a la formación constante que requieren sus empleados, lo que lleva a las empresas a resistir hasta las últimas consecuencias.

Sin embargo, advirtió que en 2026 se ingresó en la etapa final de ese proceso, lo que explica que, de los 16 sectores que integran la economía, la industria haya concentrado casi todo el desempleo registrado en enero.

Rosato también anticipó que el plan de primarización, sostenido en una balanza comercial positiva producto del apagón de los motores fabriles, tendrá su impacto más profundo en el empleo a lo largo de 2026. Explicó que muchas empresas ya atravesaron una reconversión forzada para convertirse en importadoras y completaron su fase de achique, pero que aquellas que continúan en funcionamiento comenzaron a enfrentar serias dificultades para sostenerse, lo que disparó nuevas alertas por posibles cierres.

El informe del Observatorio IPA, conducido por el economista Federico Vaccarezza, respaldó estas advertencias al mostrar que la industria pasó a concentrar la inmensa mayoría de los despidos. A nivel general, el sistema perdió otros 7.593 empleos registrados en comparación con diciembre de 2025, pero al desagregar los datos se observa que la industria manufacturera explicó casi la totalidad de esa caída, con una contracción intermensual de 7.336 puestos de trabajo.

El deterioro se profundiza al observar el mediano plazo: el reporte indicó una caída interanual de 47.785 empleos, equivalente a un descenso del 4,0%, y subrayó que desde el inicio del ciclo en diciembre de 2023 el sector manufacturero acumula una pérdida total de 79.672 trabajadores registrados.

Esta dinámica de eliminación de puestos de trabajo está estrechamente vinculada al exterminio de unidades productivas. En términos generales, la economía mostró que el número de empleadores aportantes se redujo a 488.177, lo que representa una caída interanual de 11.194 unidades.

Al focalizar exclusivamente en el entramado industrial, el Observatorio IPA señaló que el deterioro también es significativo: se contabilizaron 46.728 empresas activas, frente a las 48.540 registradas en el mismo mes del año anterior, lo que implica la desaparición de 1.812 firmas. Además, desde diciembre de 2023 el sector manufacturero acumula una disminución de 2.993 empresas que cerraron de forma definitiva.

En cuanto a la actividad económica, el documento dio cuenta de un retroceso generalizado al señalar que el índice general registró una caída interanual del 2,1% y un descenso mensual desestacionalizado del 2,6%. El impacto fue particularmente severo en el entramado productivo: la actividad industrial volvió a caer en febrero, con un retroceso del 8,7% interanual y del 4,0% mensual, acumulando así ocho meses consecutivos de contracción.

La situación de asfixia que atraviesan las fábricas tiene su origen directo en un mercado interno profundamente deprimido. El informe indicó que el consumo cayó un 3,1% interanual y un 2,1% mensual en febrero, profundizando la dinámica contractiva.

Esta crisis de demanda es de tal magnitud que las familias recurren al endeudamiento para cubrir necesidades básicas: casi el 60% de las compras realizadas en supermercados se efectuaron mediante crédito, lo que refleja un mayor uso del endeudamiento para sostener el consumo esencial y evidencia el deterioro del poder adquisitivo de la población.

En el frente externo, lejos de representar un signo de desarrollo integral, los datos dejaron al descubierto las debilidades del esquema macroeconómico vigente. Si bien marzo cerró con un superávit comercial de 2.523 millones de dólares, el Observatorio IPA advirtió que este resultado consolida un esquema de superávit con sesgo recesivo y una creciente primarización de las exportaciones.

Según la entidad, este escenario de “superávit por compresión” muestra que, aunque el frente cambiario se fortalece, la actividad económica interna y la inversión en bienes de capital e insumos productivos continúan operando bajo un esquema de restricción y enfriamiento. Como prueba de este apagón inversor, el estudio señaló que las importaciones cayeron un 7,3%, producto de una fuerte contracción del 10% en las cantidades adquiridas.

Finalmente, el informe analizó la política cambiaria y advirtió sobre el impacto negativo que tiene en la competitividad de las empresas argentinas, que enfrentan crecientes dificultades para sostener su producción y su participación en el mercado en un contexto de recesión, caída del consumo y desarticulación del entramado industrial.