Superávit, reservas y crecimiento: los tres desafíos que enfrenta la economía de Javier Milei
Una consultora analizó las cuentas fiscales, las reservas y la actividad económica, y advirtió que la debilidad de los ingresos vuelve más exigente el cumplimiento de las metas acordadas con el FMI.
Javier Milei junto a su ministro de Economía, Luis Caputo.
PresidenciaLentamente, la política va metiéndose de lleno en la economía y comienza a ser factor de decisión de los inversores de toda tipología. Y comienzan los primeros balances sobre lo logrado (o no) por el actual gobierno y las preguntas sobre las propuestas opositoras. El foco se coloca especialmente en el sostenimiento actual y futuro del superávit primario, la política cambiaria y, en definitiva, si el país está o no creciendo y si crecerá. Y cuánto.
Es parte del temario del último informe de la Fundación Capital, titulado “Cuentas fiscales y riesgo país: el crecimiento económico como factor común”, y que analiza las posibilidades de sostener el actual ritmo fiscal y se especula sobre las estructuras conseguidas en la actual gestión de Javier Milei como presidente y Luis “Toto” Caputo como ministro de Economía que se podrían sostener a futuro.
La exigencia sobre las metas con el FMI y la evolución de las cuentas fiscales
Las principales conclusiones del informe elaborado por el equipo del economista Carlos Pérez son las siguientes:
- Si bien el superávit primario se mantiene, la debilidad de los ingresos fiscales vuelve más exigente el cumplimiento de las metas acordadas con el FMI, para lo cual será clave el desempeño de aquellos tributos relacionados con la actividad económica. A su vez, la marcada diferencia en el riesgo país implícito entre los períodos previo y posterior a las elecciones refleja la incertidumbre sobre la continuidad del programa económico, en un contexto en el que la sociedad parece demandar estabilidad, pero también mejoras más perceptibles en empleo e ingresos.
- El crecimiento continúa siendo modesto y heterogéneo, con mayor dinamismo en sectores intensivos en capital y menor avance en aquellos más vinculados con el empleo y el consumo. En este contexto, lograr que la estabilidad macroeconómica se traduzca en un crecimiento más generalizado aparece como uno de los principales retos hacia delante.
- Las cuentas fiscales balanceadas han ocupado un lugar central en la política económica de las autoridades, aunque este año sostener el superávit se ha vuelto más complejo, como venimos señalando en diversas oportunidades. En efecto, mientras los ingresos cayeron un 4,6% interanual real en el acumulado de los primeros siete meses del año, los gastos se redujeron en menor medida, un 2,8% interanual real en dicho período. Aun así, el resultado primario continúa siendo superavitario en torno al 0,9% del PBI.
- Al hacer un ejercicio replicando la evolución de los ingresos y los gastos observada en enero-julio para lo que resta del año, se advierte que el resultado primario alcanzaría el 1,1% del PBI, por debajo del objetivo acordado (1,4% del PBI en 2026), principalmente como consecuencia de la baja en los ingresos.
- Debe recordarse que aún no se han implementado plenamente varias leyes sancionadas por el Congreso —entre ellas, las vinculadas con la reforma laboral (el FAL comienza en noviembre), la emergencia pediátrica, el financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad—, lo que podría ejercer una presión adicional sobre el resultado fiscal hacia delante.
- La actual administración hará todo lo posible por cumplir con las metas acordadas; de hecho, se continúa observando un importante superávit primario. No obstante, este objetivo se torna más difícil, siendo la evolución de los ingresos clave para ello. Su desempeño dependerá, en buena medida, de que la economía logre consolidar un crecimiento más extendido, punto sobre el que hacemos referencia en el próximo apartado.
Los avances en la acumulación de reservas y los desafíos de la actividad
La economía argentina presentaba dos desafíos este año: la acumulación de reservas y la actividad económica. En el primero se observan avances importantes, mientras que en el segundo el progreso ha sido más limitado. A saber, con compras de divisas por parte del BCRA que superan los US$14.100 millones desde comienzos de año, las reservas recuperaron el terreno perdido el año pasado, con las líquidas ubicándose en torno a los US$23.200 millones. Si bien aún resultan escasas, siendo que incluyen los encajes de los depósitos en dólares y los fondos desembolsados por el FMI desde el acuerdo de abril de 2025.
- Respecto del segundo desafío, hoy la economía argentina presenta un crecimiento modesto del orden del 2 % i.a. Además, la expansión es muy heterogénea, con sectores “estrella”, como el agro (+9,9% i.a. acumulado), y energía y minería (+14% i.a.), que son más intensivos en capital; y sectores más rezagados, como la industria (-1,9% i.a.), el comercio (-1,2% i.a.), o la construcción (+2,2% i.a.), desde una muy baja base de comparación, que son más intensivos en empleo.
- Este comportamiento es el que se ve reflejado en los números fiscales del apartado previo, con una evolución muy débil de los tributos relacionados con el nivel de actividad. En efecto, de acuerdo con diversas encuestas, más del 40% de la población no quiere opciones extremas. Sin embargo, estas preferencias se encuentran dispersas entre distintas fuerzas políticas, ninguna de las cuales alcanza el 10%.
- La actividad mantiene una dinámica débil y heterogénea, con el sector externo como principal motor, la inversión en retracción y una recuperación acotada del consumo. Lograr la recuperación más generalizada sigue siendo uno de los principales retos hacia delante. No solo una mayor expansión devendrá en un incremento de los ingresos fiscales, sino que también podría favorecer una mayor reducción del riesgo país y una mejora de la confianza de la sociedad.
- Las autoridades parecen haber tomado nota al respecto. Habrá que ver si continúan implementándose medidas orientadas a apuntalar el crecimiento. Si bien no se esperan iniciativas del tipo “plan platita”, podría avanzarse en instrumentos vinculados con la inversión, como el RIGI o el RIMI, ya sea ampliando los sectores alcanzados o los beneficios contemplados. El desafío del programa ya no pasa solo por la estabilidad, sino por lograr que esa estabilidad se traduzca en crecimiento con generación de empleo de calidad.

