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Mercado vitivinícola: por qué hay estrés financiero en las bodegas

La situación en las bodegas preocupa por la baja rentabilidad, precios en picada y tensión en la cadena de pagos. El director ejecutivo del Bodegas de Argentina habló con MDZ Radio: "No le pondría crisis, pero es preocupante".

Bodegas Bianchi, con establecimientos en San Rafael y Valle de Uco, enfrenta una deuda de más de $1.000 millones. 

Bodegas Bianchi, con establecimientos en San Rafael y Valle de Uco, enfrenta una deuda de más de $1.000 millones. 

La industria vitivinícola argentina atraviesa un período de marcada dificultad, caracterizado por una contracción sostenida en sus ventas, una rentabilidad a la baja y un estrés financiero que ya afecta a bodegas de público conocimiento. Así lo expuso, con total claridad, Milton Kuret, director ejecutivo de Bodegas de Argentina, durante una entrevista en MDZ Radio 105.5 FM.

Escuchá la entrevista completa en MDZ Radio:

Entrevista Milton Kuret

Caída generalizada y estrés financiero

Al ser consultado sobre el diagnóstico del sector, Kuret fue contundente en los números: "Ya venimos de una caída que fue importante por allá por el año 2023 que caímos al 25%... vamos a cerrar las exportaciones, o ya se cerraron, en torno a una disminución del orden del 6, 7%, y algo parecido ocurre con el mercado local, con una disminución también del orden del 3%".

El problema, sin embargo, no se limita al volumen. El ejecutivo agregó que la situación se mira "con preocupación, sobre todo en aquellos segmentos de menores precios... hay una disminución de volumen con disminución de la rentabilidad". Para intentar revertir la tendencia, muchas bodegas han recurrido a bajas de precios: "muchos de los vinos han bajado sus precios, no hemos seguido los ratios de inflación... hay muchos vinos que para impulsar los volúmenes están promocionados o con bajas de precios".

Esta presión se transmite a toda la cadena comercial. "Con una cadena de pagos que también está estresada, toda la cadena de valor viene teniendo problemas y la consecuencia final es lo que estamos viendo en algunas bodegas que son de público conocimiento, con este estrés financieros", afirmó Kuret, destacando la paradoja de que esto ocurra "frente a una cosecha que va a ser prácticamente normal".

¿Una industria en crisis?

Frente a la pregunta directa sobre si el sector está en crisis, Kuret prefirió matizar la respuesta, aunque sin negar los graves problemas. "Yo no le pondría una palabra tan extrema", dijo, recordando la resiliencia histórica de una "industria milenaria" que en Argentina "ha pasado por situaciones muy complejas, se recuperó".

No obstante, admitió que la industria enfrenta un desafío de adaptación: "Hoy estamos transitando una situación con una disminución de volumen... la industria vitivinícola tiene una particularidad, tiene una inercia al cambio, frente a los cambios que se dan, a la velocidad del cambio del consumo, es mucho mayor que de pronto la velocidad que puede hacer la misma industria". Esta inercia se debe a "productos e infraestructuras muy grandes", que dificultan responder con rapidez a nuevas demandas de innovación en producto y packaging.

Causas: un fenómeno global con matices locales

Sobre los motivos de la caída, Kuret señaló que es un fenómeno observable a nivel mundial. "Nuestra disminución, este año está más menos, por los datos que tenemos, en el orden de lo que ha disminuido el consumo a nivel internacional, frente a otros años donde habíamos perdido participación... cae todo el consumo de alcohol, porque también hay otras bebidas a base de alcohol que por estilos de vida, por ocasiones de consumo, etcétera, o por demanda de otro tipo de bebidas, han hecho que se disminuya el consumo de alcohol".

En el caso argentino, se suma un factor local clave: "el bolsillo de los consumidores ha tenido una situación donde, siendo el vino algo prescindible en su economía familiar, obviamente que afecta el consumo".

Stock manejable, pero con un gran obstáculo: el financiamiento

Consultado sobre un posible sobre stock que agrave la situación, el directivo aclaró que, por ahora, no es alarmante. "Vamos a entrar a la cosecha con un stock razonable en las bodegas", estimado en "torno a los siete u ocho meses", lo cual consideró "razonables, son manejables".

El cuello de botella crítico es otro: "Vamos a enfrentar una cosecha donde las posibilidades de financiamiento son escasas, o si bien las hay, son a tazas que el negocio vitivinícola no las resiste, entonces eso hace la situación un poco más compleja". Ante esto, destacó la iniciativa del gobierno mendocino y el Banco Nación de impulsar "un crédito en dólares para exportaciones a tazas subsidiadas para que justamente nos ayude a sacar vino, sobre todo a granel, para que genere además el espacio en las bodegas para recibir la nueva cosecha".

Acuerdos comerciales: una luz de esperanza con desafíos

Finalmente, Kuret se refirió a los acuerdos comerciales recientes, como el Mercosur-Unión Europea, en los que Bodegas de Argentina trabajó activamente. "Sin lugar a dudas el acuerdo es bueno", afirmó, subrayando su importancia para la propiedad intelectual y el uso de marcas.

No obstante, advirtió sobre el nuevo panorama competitivo. "Estados Unidos ya cerró con la Unión Europea y al vino le puso una tasa del 15%, mientras que los vinos argentinos todavía estamos con el 10% y aspiramos a estar con menos". La clave, según Kuret, será la capacidad de "capturar el volumen que a lo mejor pudiera disminuir en Estados Unidos" y competir ante el futuro ingreso de vinos europeos al Brasil, segundo cliente de Argentina.

"Para eso falta un tiempo", concluyó, confiando en que haya "condiciones de competitividad interna en términos de presión fiscal y demás que nos permitan ser muy competitivos con ellos", aprovechando que los plazos de reducción arancelaria son más cortos para los vinos argentinos que ingresan a Europa que a la inversa.