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Llegó a EEUU con 300 dólares y hoy lidera un unicornio de 2000 millones: la historia de Gastón Taratuta

El fundador de Aleph contó cómo llegó a Miami con apenas 300 dólares y construyó una compañía que hoy vale 2000 millones.


Gastón Taratuta llegó a Estados Unidos el 27 de marzo de 1996. Ese mismo día, a la una de la tarde, ya estaba trabajando. Se había ido de Argentina con apenas 300 dólares en el bolsillo. "Me acuerdo que eran 15 billetes de 20", contó el fundador de Aleph, la compañía que hoy representa a gigantes como TikTok, Snapchat, Spotify y X en los mercados emergentes, durante una entrevista en La Fábrica Podcast.

Casi treinta años después, la empresa que arrancó de cero con aquel desembarco se convirtió en uno de los llamados “unicornios”, o startups que alcanzan una valoración de 1.000 millones de dólares o más sin cotizar en la bolsa de valores ni haber sido adquiridas por un tercero. Pero Taratuta pone paños fríos sobre ese término: "La compañía nunca valió 1000 millones, siempre valió 2000", aclara sin vueltas, remarcando que el crecimiento de Aleph no representó un salto repentino sino un proceso sostenido.

La compañía siempre valió 2000 millones de dólares

Una entrevista de trabajo a los ponchazos

Taratura recuerda con detalle cómo llegó a incursionar en la industria tecnológica. Antes de Aleph, pasó por Universo Online, el portal brasileño que en los 2000 se convirtió en el gran símbolo de la revolución del mail en Latinoamérica. Para conseguir ese trabajo, rememora, tuvo que atravesar una entrevista telefónica con pésima señal, que se desarrolló mientras del otro lado ocurría un partido de fútbol. "El partido está terminando y yo voy perdiendo 2 a 0", cuenta entre risas que pensó entonces.

La pregunta que fue gol

En ese escenario de mala conexión, jugado por la última oportunidad que le quedaba, se animó a hacer una pregunta personal a su entrevistador, hoy amigo, Alejandro Revich: "¿Vos tenés un primo que fue a Scholem?". La respuesta fue inmediata: "Mi hermano". Ese cruce, entre la escuela y la colectividad compartida, cambió todo. Poco después llegó otra pregunta clave, esta vez sobre marketing digital. Taratuta fue honesto: "Nada", contestó. Y para su sorpresa del otro lado le respondieron: "Perfecto, es lo que estoy buscando". A los dos meses, ya estaba adentro.

Vender lo que funciona, no lo que conviene

Con el correr de los años, Taratuta armó una filosofía de negocios que repite como un mantra. "Yo creo mucho en las relaciones de largo plazo. Yo te quiero vender lo que te funcione, que nos funcione a los dos, y que podamos tener una relación de largo plazo", explica. Y aclara que para él, la palabra "vendedor" a veces suena "un poco despectiva", como si alguien estuviera empujando un auto que no hace falta.

Esa mirada, dice, se construye desde chico. "Cada uno tiene un ADN único. Después, en la mesa de tu casa, te van formando las conversaciones que haya, y más tarde la misma vida te va dando la esgrima", resume. En ese punto, hace una reflexión sobre la crianza: hay padres que son "barrenderos", que le resuelven todo a sus hijos. Y aunque reconoce que está bien acompañar, advierte: "No le barrás la calle", porque al final cada uno tiene que remar y hacer lo que le gusta.

De Mercado Libre a socios de Sony

El primer gran cliente de Aleph fue Mercado Libre. A partir de ahí, la compañía sumó inversiones de nombres como Snapchat y X, además de otras familias inversoras. Una de las anécdotas menos conocidas tiene a Sony como protagonista. "Esto no lo conté", arranca Taratuta, antes de contar que en algún momento le vendieron una parte de la empresa a Sony y después se la recompraron. Cuando estaba por cerrar esa negociación, él le propuso a su socio Ignacio dejarle una porción a la compañía japonesa: "Dejalo que se quede un 4% o 5%". Y así fue. "Todavía somos socios", destaca.

De Argentina al mundo

Hoy, Aleph se extendió a Medio Oriente, África, Asia y Europa Central, sumando compañías que hacen el mismo trabajo que se hizo en Latinoamérica: ocuparse de todo lo que las grandes plataformas no quieren gestionar en los mercados emergentes, desde el KYC o la validación de identidad de las personas hasta la facturación, y consolidar esa actividad global en un solo pago para sus socios en Nueva York. "Ese valor continúa intacto después de casi 20 años", resalta.

Con esa estructura ya armada a nivel global, Taratuta se entusiasma con lo que viene: una ola de inversión publicitaria de tres trillones de dólares. "¿Por qué me lo voy a perder? Me da mucha adrenalina esta oportunidad", dispara. Aunque cuando le preguntan si se considera un visionario, no duda: "No, me considero un positivista y un laburante. Visionario no".