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Indumentaria vs. mercado abierto: la eficiencia como estrategia de supervivencia

La moda argentina enfrenta un escenario desafiante: adaptar costos, mejorar eficiencia y competir globalmente sin sacrificar empleo ni calidad en indumentaria.


El debate sobre el precio de la indumentaria en Argentina suele quedar atrapado entre dos veredas conocidas: proteger lo local o abrir la economía. Pero esa dicotomía hoy ya es anacrónica. En el escenario actual, el dilema ya no es ideológico, sino operativo. La integración al mundo es un hecho y el desafío real es cómo construir condiciones para competir y ganar en un mercado que es cada vez más global.

Para entender la urgencia, hay que mirar el humor social. Según encuestas, casi el 70% de los argentinos cree que su poder de compra mejorará "poco o nada" en 2026. Esto ya sienta las bases del desafío que enfrentan las marcas frente a un consumidor que se perfila cada vez más cauto en el consumo.

El precio de la indumentaria

En moda el impacto se siente más fuerte: según la CACE, la indumentaria no deportiva fue una de las categorías más golpeadas del 2025, con una caída del 14% en su facturación nominal. Los datos del informe Nubecommerce 2025/2026 que elaboramos todos los años en Tiendanube muestran una dinámica similar.

Si se analizan las tiendas online que ya vendían en 2024, el crecimiento interanual real del sector fue prácticamente nulo, versus un e-commerce que crece a doble dígito. La presión no es solo interna: el crecimiento del cross-border (plataformas como Shein o Temu) demuestra que la competencia ya no está golpeando la puerta, está instalada en el celular de los clientes.

Si el objetivo de la apertura es un mercado más competitivo, entonces las condiciones tienen que ir en esa misma dirección: menos carga impositiva distorsiva, acceso al crédito en condiciones razonables y mayor facilidad para importar y exportar. No solo para proteger a las empresas, sino para exigirles competir mejor.

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El precio de la indumentaria en Argentina suele quedar atrapado entre dos veredas conocidas.

Otra cara de la moneda

La apertura trae oportunidades concretas en términos de acceso a insumos, tecnología y productos que permiten mejorar la oferta, reducir costos y ampliar el mercado. Hoy, muchas marcas ya avanzaron hacia modelos híbridos, combinando producción local con importación de ciertos componentes o productos terminados.

En algunos casos, esto permitió reducir costos de producto entre un 30% y un 40%, sostener precios y, al mismo tiempo, seguir generando valor en el ecosistema local. En paralelo, hay una agenda que ya está en marcha dentro de muchas compañías de Indumentaria y de otras industrias: mejorar la eficiencia operativa, gestionar mejor el capital de trabajo, invertir en tecnología, usar datos para tomar decisiones más inteligentes y construir propuestas de valor más completas.

Pensar únicamente en ropa más barata es una simplificación riesgosa y no puede ser el objetivo final. Si ese abaratamiento ocurre a costa de destruir empleo, el efecto final sobre el consumo termina siendo negativo. El reacomodamiento hacia otras industrias no siempre es automático ni inmediato, y sin poder de compra, no hay mercado que sostenga ningún modelo, por más bajos que sean los precios.

Estamos en un punto de inflexión que no admite mantenerse estáticos. La moda argentina tiene el talento y la identidad para ganar. Mientras esperamos incentivos que ayuden a nivel la cancha, las empresas deben soltar los viejos modelos operativos.

En este presente desafiante, solo aquellas marcas que logren alinear su estructura de costos con una propuesta de valor diferencial y tecnológicamente ágil serán capaces de convertir este escenario de transición en un nuevo capítulo de crecimiento sostenido.

* Franco Radavero. Gerente General de Tiendanube