El "santuario" de olivos centenarios que se creó en Mendoza y es único en el mundo
Con un trabajo que comenzó hace poco más de una década,una familia mendocina ha logrado rescatar más de 5.000 árboles para crear un espacio inédito.
Emilio Cicero y sus hijos son los responsables del rescate de más de 5.000 plantas de olivo centenarias de Mendoza.
Milagros Lostes - MDZLo que empezó hace más de una década como una tarea altruista y un rescate casi intuitivo terminó convirtiéndose en una obra difícil de encasillar: un santuario de más de 14 hectáreas donde miles de olivares centenarios que alguna vez supieron hacer brillar a la olivicultura local lograron encontrar una segunda vida.
Ubicada en el departamento de Maipú, la Reserva de Olivos Centenarios “Parque Los Inmigrantes”, un “santuario” donde hoy hay más de 5.000 árboles de olivo que fueron trasplantados, tuvo su inicio en 2015 de la mano de Emilio Cicero, un productor agrícola mendocino dedicado a las almendras y la vid, y su familia. Hoy, más de una década después y con una transformación total del paisaje, está a punto de abrir sus puertas al público.
Entre lagos, senderos y homenajes a las familias inmigrantes que construyeron la identidad agrícola de Maipú, el lugar alberga ejemplares que podrían tener más de tres siglos de vida. Como lo contó en una entrevista con MDZ Online, con esta particularidades Cicero y sus hijos avanzan en un proyecto que combina conservación, patrimonio, turismo y memoria. El origen de la iniciativa, el interés de los expertos y visitantes de todo el mundo fueron algunos de los temas de los que habló el productor almendrero y rescatista de olivares.
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-¿Cómo surgió el santuario?
-Esto surgió en el año 2015 con la necesidad de rescatar estos hermosos árboles que se iban a los hornos de ladrillos, se transformaban en leña. Como toda la vida nos hemos dedicado a la agricultura y también a la olivicultura, no podía ser que terminaran así.
En un principio pensamos qué hacer con tantos olivos. Hoy ya hay más de 5.000 o 6.000 árboles y ocupan mucho espacio. Entonces dijimos: bueno, los vamos a rescatar y los vamos a poner en círculos. Un poquito cansados de las líneas rectas, y también por una cuestión vinculada al universo y a muchas cosas que nos gustan, decidimos hacerlos en círculos y en alta densidad, uno al lado del otro, pero respetando los espacios para que pudieran tener luz.
Así comenzó todo, con la idea de salvar los primeros olivos que pertenecieron a esta finca de la familia Nucete.
-¿Cómo llegaste a la olivicultura?
-Nosotros somos productores de almendras y de vid. Antiguamente también éramos productores de aceitunas, por eso tenía bastante experiencia en trasplantes. Cuando adquirimos esta finca, fue pensada para almendras, pero hoy es el santuario y ocupa casi 14 hectáreas.
-Te acompaña toda tu familia. ¿Cómo es ese trabajo?
-Siempre digo que soy un bendecido porque están mis cuatro hijos trabajando conmigo. Cada uno se fue incorporando de a poquito, como se puede, porque no es fácil. Esta es una empresa almendrera grande y ellos han encontrado su lugar. Y esto es nuestro cable a tierra. Acá también nos distraemos un poco porque no es el foco principal de la empresa. Esto no tiene fin de lucro.
-¿Por qué cuando rescataste el primer olivo dijiste "tenemos que hacer esto"?
-Porque no quería que se murieran. Yo amo los árboles, de una manera especial. Y dije: "La vida ha sido demasiado generosa conmigo, algo tengo que hacer". Y decidimos hacer esto.
-Estamos en un sector muy especial, donde arrancó todo. ¿Cómo se dio el diseño?
-Este es el sector inicial, donde hay unos siete u ocho círculos, que fueron hechos todo a pulso con un compás de campo junto con mis maquinistas, que son gente de primera, y le hemos puesto mucho amor entre todos. Mucha gente trabajó acá.
Hay que imaginarse un rectángulo de más o menos un kilómetro de largo. Hemos hecho cuatro sectores de círculos. Entre círculo y círculo siempre hay algo bonito que queremos mostrar. Entre algunos está el lago. Entre otros está el homenaje a los inmigrantes, con árboles que pertenecieron a ellos: don Ángel Furlotti, Manolo Nucete, Atilo Vena, Ambrosio y muchos más.
Este fue el primer sector, el que se hizo en el año 2015. Tiene la particularidad de que en 2023 logramos rescatar estos olivos que vemos acá. No sabemos exactamente cuántos años tienen. Yo creía que tenían 200 años. Vinieron especialistas de la facultad y me dijeron 300. Algunos otros se animaron a decir 400.
Por eso ahora vamos a datarlos junto con la universidad y con el profesor Fidel Roig para saber exactamente de qué estamos hablando.
-¿Le vas a pelear a La Rioja el olivo más antiguo?
-(Risas) No es la idea. La idea es que vivan. Pero sí puedo garantizar que los que están alrededor de estos círculos tienen entre 120 y 130 años.
Lo que más nos asombra es que son arauco originalmente. Lo vemos en los brotes que salen abajo y en algunas aceitunas que han dado. Eso nos demuestra que no han sido injertados.
Tener un arauco original de estas características nos enorgullece. Haber podido salvar esto, para mí, es algo enorme.
-En un momento en que la olivicultura mendocina busca reinventarse, este espacio parece trascender lo productivo. ¿Qué planes tienen para compartirlo con la gente?
-Cuando empezamos, lo pensamos como un jardín familiar. Pero con el tiempo, gracias al impulso de mis hijos y a la cantidad de personas que comenzaron a visitarnos, decidimos abrirlo de a poco al público. Tenemos un gran apoyo del Ministerio de Turismo de la provincia. Nos incentivan permanentemente y quieren inaugurar aquí la Ruta del Olivo en noviembre.
Así que hemos decidido avanzar, pero despacio. Como me decía don Antonio Pulenta: “Hay que crecer a paso de elefante”. Pasos cortos, firmes y sin apuro.
-Aunque no fue concebido con fines productivos, los árboles se ven extraordinariamente sanos. ¿Qué planes tienen?
-Siempre pensamos este lugar como un espacio de descanso para los olivos, no como una finca productiva. Pero están tan sanos y tan agradecidos que han comenzado a producir.
No hablamos de volúmenes comerciales, pero sí de una producción creciente. Estamos evaluando junto a Miguel Zuccardi elaborar un pequeño aceite. Y más adelante nos gustaría tener una almazara pequeña para producir exclusivamente el aceite de estos olivos.
-¿Existe algo similar en Argentina o en el mundo?
-Nos han contactado especialistas de distintos países. Me incorporaron a grupos internacionales dedicados a los olivares patrimoniales. Han venido personas de Turquía, California, Francia, Brasil y otros lugares.
Desde el Ministerio de Turismo de Mendoza nos han dicho que es algo único en el mundo. Yo todavía no termino de tomar conciencia de eso.
-¿Te imaginabas algo así cuando comenzaste?
-No, para nada.
-¿Cómo será la apertura al público?
-La idea es arrancar en noviembre con la Ruta del Olivo y el desarrollo del oleoturismo. Al principio funcionará como un gran parque para recorrer.
Después veremos qué surge. Hay quienes proponen actividades gastronómicas, otros piensan en yoga, eventos deportivos o encuentros culturales. Nosotros somos almendreros, así que estamos aprendiendo sobre turismo para entender qué podemos ofrecer.
-¿Cuántos árboles tienen hoy y cuál es el objetivo a futuro?
-Te doy mi palabra que no los hemos contabilizado aun. Pero en este santuario debe haber entre 4.000 y 5.000 olivos rescatados. Además, abrimos dos reservas nuevas. Una se llama El Paraíso, a un kilómetro de aquí, donde ya hay cerca de 1.000 olivos rescatados.
La otra se llama El Bosque. Allí intentaremos salvar unos 11.500 olivos de alrededor de 30 años. Estamos evaluando cómo reubicarlos y, eventualmente, generar algún ingreso que ayude a sostener el parque. Lo importante es que los árboles se salven. Ese siempre fue el objetivo principal.