El conflicto en Medio Oriente pone en jaque los costos del agro y la meta inflacionaria del Gobierno
La escalada del petróleo y las complicaciones logísticas en el Estrecho de Ormuz amenazan con encarecer fletes e insumos críticos como los fertilizantes.
Hasta ahora dos son las preguntas que rigen el conflicto de Medio Oriente: ¿hasta cuando puede durar? ¿Cuánto más puede subir el petróleo? Es que de ambas respuestas depende el nivel de impacto económico y alcance mundial que se puede alcanzar.
Y, aunque aparentemente alejada, Argentina no es la excepción. La suba del petróleo, que encarece la producción agroindustrial y los fletes, entre otras, es de alto impacto inflacionario (algo muy inoportuno hoy para el Gobierno).
Las opiniones están divididas. Por un lado los que creen que el barril puede volver a rondar los U$S 150, como en la crisis de 2008; o los que sostienen que el mercado está sobreabastecido, y que solo está subiendo (a alrededor de U$S 107-110/barril, aunque hoy cerro a US$95) por el “pánico" a la guerra, y no por un problema de mercado. Además, sostienen que volvería rápidamente a su nivel ni bien finalice el conflicto.
A favor, figuraría la situación del país con un superávit de US$7.000 millones el año pasado, en la balanza energética, por lo que se podrían revalorizar sus ventas externas este año.
Pero no es lo único. El cierre del Estrecho de Ormuz complica la logística de distintos productos que, de prolongarse el conflicto, deberán recorrer distancias mayores para llegar a destino, con el consiguiente encarecimiento, tema particularmente grave para la Argentina que se encuentra en el punto más austral del globo. Pero también, impacta sobre otros insumos clave de la producción agropecuaria local, como es el precio de los fertilizantes en general, y de la úrea en particular, en este caso, por su procedencia y por el gas que debe pasar por el Estrecho de Ormuz, hoy materialmente cerrado por las propias aseguradoras londinenses, debido a los riesgos máximos del transporte marítimo.
Por allí circula petróleo, gas natural licuado, y urea, entre otros.
Por supuesto, que otros mercados, como Chicago, no resultaron ajenos y, aunque tardo unos días en reaccionar, registró subas en todos los productos, en parte también, por las compras especulativas y de cobertura que se disparan, y por la condición energética de varios de sus productos como el maíz y la soja, por los biocombustibles que, naturalmente, acusaron también recibo.
Ayer, también previsible, hubo algunas tomas de ganancia y operaciones técnicas, que provocaron bajas, aunque se mantuvo la firmeza en medio de la volatilidad.
El sector agropecuario local es uno de los mayores consumidores de combustible, con una demanda anual de más de 5 millones de litros de gas oil, solo para desarrollar los cultivos anuales (granos), mientras que los fertilizantes constituyen un insumo clave para lograr mejores rendimientos. En la última campaña, la utilización llegó a superar los 5 millones de tn.
Carne: Más demanda que oferta
Con la confirmación de la apertura del mercado de Japón para la carne vacuna argentina, sumada al reciente acuerdo del Mercosur con la Unión Europea (99.000 tn más), y la oferta aún pendiente de 80.000 tn /año adicionales por parte de los EEUU, la posición de Argentina en el rubro registra un salto exponencial de demanda que aún no puede abastecer.
El caso de Japón es emblemático, ya que es un importador mundial muy exigente, que impacta en las decisiones de otros compradores y que supera, en promedio, las 500.000 toneladas anuales de compras, entre carne fresca y congelada, por U$D 3.100 millones por año.
Hasta ahora, solo la Patagonia estaba habilitada para cubrir ese mercado (lo que prácticamente no hacía), por estar en “zona libre sin vacunación (contra aftosa)”, exigencia que ahora Japón deja de lado habilitando las exportaciones del resto del territorio.
Seguramente, los frigoríficos exportadores ya estarán armando una nueva ingeniería de ventas para ver que mercados cubren, y en que magnitud, a fin de sacar el mayor provecho posible vía precios, ya que no va a ser posible abastecer la totalidad de tales volúmenes.
Argentina está estancada en una producción de algo más de 3 millones de toneladas/año, de las cuales se exportan unas 750-800.000 tn, y el resto se vuelca al mercado interno. Recién ahora se comienza a elevar el peso de faena, que estaba dominado por una demanda local de animales chicos, livianos.
En un informe reciente de la Facultad de Agronomía de la UBA se destaca además, que, “en Argentina nacen menos terneros por vaca que en otros países ganaderos, lo que limita la cantidad de carne que puede producirse”, y califica esta situación como “un problema estructural”, bien conocido por el sector.
De hecho, analistas reconocidos como Ignacio Iriarte ubican el déficit anual de crías en más de 400.000 terneros (en años normales).
Según Agronomía, del stock de 52 y 54 millones de cabezas (pueden ser menos ahora), “entre 22 y 24 millones son vientres. Sin embargo, la producción anual ronda los 14 a 15 millones de terneros, lo que implica una tasa de destete promedio de entre 62% y 65%”, explican.
En Uruguay, la tasa de destete se ubica entre 70% y 75%, mientras que en sistemas más intensivos como los de EE.UU. supera el 85%.

