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Día del Malbec: las bodegas que reinventan la cepa insignia desde el terroir de norte a sur

Desde los Valles Calchaquíes a la Patagonia, pasando por Mendoza y San Juan, el varietal se adapta para conquistar consumidores cada vez más exigentes.

Bodega Trapiche Marcelo Belmonte-13
Milagros Lostes - MDZ

Este 17 de abril, el mundo celebra el Día Mundial del Malbec, la variedad que cambió la historia del vino argentino. Este año, las copas vuelven a llenarse para celebrar con preguntas sobre su presente y su futuro. De cepa relegada a emblema global, el varietal construyó su identidad a fuerza de territorio, adaptación y una notable capacidad para interpretar los distintos paisajes del país.

Así lo entienden desde Grupo Peñaflor, una de las pocas compañías dentro de la vitivinicultura argentina que tiene la particularidad de contar con viñedos de Malbec de norte a sur del territorio nacional, a través de las bodegas que tiene en los principales valles del país. De ahí que este varietal se piense en plural y no de una única manera, con múltiples expresiones que nacen de la exploración de regiones, suelos y climas a lo largo de toda la geografía nacional.

Durante una entrevista con MDZ Online, Marcelo Belmonte, director de Vitivinicultura y Viñedos del grupo, recorrió ese diverso mapa que va desde desde los Valles Calchaquíes, con El Esteco, hasta la Patagonia, con Marantiqua, pasando por San Juan, con Finca Las Moras, y Mendoza, con la histórica Trapiche.

En la charla, el referente de la vitivinicultura nacional habló de la historia del Malbec en el grupo, los aprendizajes que les han dejado tantos años de trabajo, las particularidades de cada valle y el desafío que atraviesa toda la industria de poder vender el vino argentino en un contexto global que presenta un consumidor cada vez más exigente.

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Entrevista Bodega Trapiche Marcelo Belmonte

-El grupo cuenta con una larga relación con el Malbec, sobre todo en Trapiche, que tiene más de 100 años de historia, ¿cómo arrancó?

-Trapiche es una bodega histórica de la Argentina y desde su comienzo fue una bodega innovadora. No solamente desde lo varietal y en su cercanía con el Malbec, sino también desde el punto de vista enológico y vitícola. Fue de las primeras bodegas exportadoras del país.

Siempre estuvo muy ligada a la innovación en todos los aspectos de la cadena productiva y, particularmente, con el Malbec hay una historia muy larga. Como siempre, es una variedad emblemática para Trapiche y también para la Argentina. La verdad es que hay que rendirle homenaje a lo que ha hecho el Malbec por la industria.

-El Malbec estuvo presente a lo largo de más de 100 años de historia de la bodega. ¿Cuál fue el punto de inflexión?

-Creo que eso ocurrió a fines de los 90. Ahí nos empezamos a dar cuenta de que el Malbec, no solamente para nosotros sino para la Argentina, era una variedad con un gran potencial. Hasta ese momento, durante la reconversión vitivinícola, se habían incorporado otras variedades francesas -Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay, Pinot Noir- y el Malbec había quedado un poco rezagado.

Nos dimos cuenta de que realmente era una variedad con un gran potencial cualitativo y que, por sus cualidades como estilo de vino, se podía convertir en una variedad muy importante. Ahí tanto nosotros como la industria empezamos a prestarle mucha más atención y se puso mucho foco en el Malbec.

Bodega Trapiche Vinos Malbec (6)

-El grupo está presente en distintas regiones del país. ¿Cómo trabajan esa exploración y diversidad del Malbec?

-El Malbec responde muchísimo a las condiciones agroclimáticas de cada lugar y da perfiles totalmente distintos. Es una variedad que en cada lugar se comporta de una forma diferente. Hay que entender ese lugar, sobre todo en función de las temperaturas y de los tipos de suelo.

Eso es lo que te permite hacer Malbec de distintos perfiles. El perfil organoléptico, la estructura, la textura y la parte aromática están fuertemente influenciados por el lugar. Ninguno es mejor que otro, pero el terroir marca muchísimo al Malbec.

Eso nos obligó a entender cada vez más las variables que lo impactan, tanto de suelo como de clima. En el norte argentino, cuando uno va hacia zonas más cálidas, hay que buscar altitud. Por eso trabajamos en los Valles Calchaquíes, tanto en Cafayate como en Chañar Punco, entre los 1.000 y 1.700 metros sobre el nivel del mar.

Ahí tenés suelos distintos según dónde te ubiques: en zonas más aluviales, suelos arenosos y profundos, y hacia las laderas de Quilmes, más rocosos, con mayor estrés, lo que da otros perfiles. Dentro de los mismos valles hay perfiles muy distintos.

En Santa María, por ejemplo, que es hacia al sur y las temperaturas aumentan, tenemos perfiles más concentrados. Es un lugar con más estrés ambiental, lo que obliga a las plantas a reaccionar y fortalecerse. En Cafayate, en cambio, aparecen perfiles más fluidos y menos potentes.

Después, en San Juan, el Valle de Pedernal es un lugar que me gusta muchísimo y es una de las zonas top de Argentina, a unos 1.400 metros, con suelos distintos, muy parecidos a los de Catamarca, y un clima que da un nivel de elegancia y calidad de taninos único.

Y Mendoza, desde el Este hasta los distintos terruños del Valle de Uco, también tiene sus particularidades. Ahí vamos adaptando la viticultura a cada lugar. El Malbec no puede plantarse de la misma forma en todas las regiones: cambia el sistema de conducción, la selección del material vegetal. En los últimos 20 años aprendimos muchísimo en ese sentido.

El Malbec merece ser plantado y manejado de una forma específica en cada uno de los lugares. Nosotros no diseñamos un viñedo igual a otro. En el Este hacemos un desarrollo de viñedos que nos ha permitido levantar la calidad dos escalones de lo que venían teniendo los Malbecs en sí, dando un nivel propicio para un segmento determinado del mercado y que es distinto al diseño que hacemos en Gualtallary, Paraje Altamira o la Patagonia.

Uno tiene que entender el Malbec para poder plantarlo.

Bodega Trapiche Vinos Malbec (1)

-¿Cómo y por qué se puede lograr Malbecs en distintos rangos de precios?

-Eso te lo da mucho la región. Como viticultor, busco que el vino refleje de dónde viene. Entonces, en zonas más cálidas y con suelos más profundos encontrás Malbec más fluidos, con perfiles de fruta roja y más fáciles de beber. Después la enología se tiene que adaptar a esa condición de fruta, pero está muy asociado a que exploramos todas las regiones posibles en Argentina y elaboramos Malbec en cada una de ellas. No solo con nuestras 3.500 hectáreas propias, sino también a través de más de 400 productores asociados. Eso nos permite tener un mapeo muy claro de los perfiles de cada zona y construir esa escalera de la que hablás.

-Dentro de la exploración que realizan, ¿cómo identifican nuevos lugares para el Malbec?

-Hacemos muchos estudios. Hacemos algunos más regionales, donde buscamos entender donde ese viñedo va a estar ubicado. Analizamos el contexto geomorfológico, los movimientos de aire frío, las temperaturas, la exposición al sol, la orientación de las hileras. También observamos la vegetación natural, que siempre da indicios sobre el clima y el suelo

Después se diseña el viñedo, pero la naturaleza siempre manda. Tratamos de trabajar de forma integral con todas las variables. Los modelos ayudan, pero nunca son completos frente a su complejidad.

Con todo eso uno empieza a imaginar qué perfil de vino puede obtener y en qué segmento puede posicionarse.

Bodega Trapiche Marcelo Belmonte-11

-Después de recorrer todo el país, ¿cuál es tu zona favorita para el Malbec?

-Es difícil, porque cada región genera un cariño especial por los equipos. Hay un equipo en viticultura y enología muy diverso y potente, y eso permite discusiones muy ricas sobre diseño de viñedos, perfiles, vinificaciones y crianza de los vinos.

A mí me gusta mucho Pedernal, es un valle increíble. También los vinos del norte, como los de Cafayate, y proyectos como los Old Vines de El Esteco, con cepas plantadas en 1950 que hablan de la historia argentina. Pero Iscay, si bien es un blend, mayoritariamente es Malbec y es probablemente el vino preferido.

Cada lugar tiene algo especial, no solo desde lo técnico, sino también desde lo emocional.

-La industria atraviesa un momento complejo. ¿Cómo se vende hoy el Malbec en el mundo?

-Es una pregunta difícil. El consumidor es cada vez más exigente. La mejor forma de vender es entregarle más valor: que por el mismo nivel de precio tenga un mejor vino. Siempre va a estar anclado a ese punto, en cómo ofrecemos un mejor nivel de servicio al consumidor y una mejor calidad en cuanto al líquido que está tomando. La clave es que te vuelva a elegir.

Obviamente hay mucha competencia en el mundo, pero el perfil del Malbec va de la mano con el cambio en el perfil del consumo mundial de tomar vinos más bebibles.

El Malbec tiene una ventaja: su plasticidad. Tiene taninos redondos, amables, suaves y responde mucho al lugar y al manejo. Podés tener desde vinos más concentrados y de guarda hasta vinos más ligeros, con menor alcohol y más orientados a la fruta. Eso va muy en línea con los cambios en el consumo.

Bodega Trapiche (1)

-¿Cómo definirías hoy el estilo de los Malbec del grupo?

-Depende mucho del lugar y del segmento de precio. Tratamos en cada segmento de precio de elaborar un Malbec acorde al perfil del consumidor que tiene. No es lo mismo un vino de alta gama que uno de consumo diario. También influye el mercado de destino: hay perfiles más orientados a Estados Unidos y otros a Europa. Todas esas variables se tienen en cuenta en el diseño del vino.

-Para cerrar, ¿qué se viene en el Malbec?0

-Creo que tenemos que seguir entendiendo cada vez más al consumidor, nuestro foco está ahí. Estamos explorando nuevas zonas, como la parte norte de la Patagonia, y avanzando en viñedos orgánicos.

La sustentabilidad empieza a jugar un papel muy fuerte, no solo en lo ambiental, sino también en el negocio: ser más eficientes en todos los procesos y las innovaciones. El objetivo es ver cómo entregamos cada vez más valor al consumidor. En eso estamos trabajando.