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Chile ordena su moneda, Argentina sostiene el dólar: qué cambia para Mendoza

Mientras el peso chileno gana terreno y los economistas descartan apuestas de corto plazo, el mendocino mira una ecuación más compleja.

PESOS CHILENOS DOLARES

La baja del dólar en Chile, que en las últimas semanas lo ubicó en torno a los $860–$880 CLP, niveles que no se veían desde comienzos de 2024, volvió a poner en agenda la comparación con la Argentina. Para los analistas chilenos, el movimiento no es casual: responde a un peso fortalecido, a una mayor estabilidad macroeconómica y a un contexto financiero que, por ahora, acompaña. En ese marco, el dólar perdió atractivo como inversión de corto plazo y volvió a ser leído principalmente como una herramienta de cobertura.

El consenso entre economistas y asesores financieros del vecino país es claro: no es momento de especular con el dólar. Con una caída interanual cercana al 15%, el billete verde dejó de ser el refugio automático de otros períodos para los trasandinos. La recomendación predominante es cautela, diversificación y foco en instrumentos locales, en un escenario donde el peso chileno muestra fortaleza y previsibilidad, aunque siempre condicionado a factores externos como el precio del cobre o la política monetaria estadounidense.

Argentina: dólar alto, estabilidad frágil

Del lado argentino, la foto es distinta. El dólar se mantiene en niveles elevados, pero esa estabilidad convive con una incertidumbre persistente sobre el acceso a las divisas, las brechas y los costos reales de dolarizarse. Esa diferencia de contextos es clave para Mendoza, una provincia que vive el cruce con Chile no como una abstracción macroeconómica, sino como una experiencia cotidiana.

Desde Mendoza, el impacto del dólar chileno no se mide únicamente en cuántos pesos chilenos entrega cada dólar, sino en el poder de compra efectivo que surge de combinar ambas realidades. Es cierto que un dólar más bajo en Chile implica que cada billete rinde menos en Moneda local (entre 120 y 150 pesos chilenos menos que hace un año), pero esa pérdida nominal no se tradujo automáticamente en un encarecimiento del consumo.

Con un peso chileno más fuerte, los precios internos en Chile mostraron ajustes moderados y, en algunos rubros sensibles para el cruce mendocino (como supermercados, indumentaria, electrónica o farmacia), incluso una mejora del precio relativo frente a la inflación argentina. El resultado es una situación contraintuitiva: aunque el dólar rinde menos pesos chilenos, esos pesos permiten comprar más bienes reales, sobre todo en productos importados o con alta incidencia del comercio exterior.

La ecuación real que define si conviene cruzar

En la práctica, el mendocino ya no hace una cuenta simple. Primero evalúa cuánto le cuesta transformar pesos argentinos en dólares; luego, cuánto consumo efectivo obtiene con esos dólares en Chile. Es una ecuación de doble conversión (ARS → USD → CLP) en la que el tipo de cambio es solo una variable más, junto con precios, estabilidad y previsibilidad.

En este nuevo contexto, el cruce a Chile entra en una etapa distinta. Deja de ser una oportunidad puramente cambiaria, basada en maximizar la cantidad de pesos chilenos obtenidos, y pasa a ser una decisión más planificada y selectiva. Menos oportunismo, menos viajes impulsados solo por el dólar y más atención al consumo real y a los precios relativos.

El escenario actual es delicado. Chile muestra señales de fortaleza cambiaria y orden macroeconómico; Argentina mantiene un dólar alto, pero con costos e incertidumbres que siguen condicionando las decisiones. En ese cruce de realidades, Mendoza ajusta su comportamiento y confirma que el verdadero termómetro ya no es el valor del dólar en sí, sino el poder de compra que ese dólar permite sostener del otro lado de la cordillera.