Casi diez millones empujando la misma puerta, el empleo
El 32,2% de presión laboral revela que millones de argentinos están desempleados, subocupados o buscan otro empleo porque sus ingresos no alcanzan.
Si estás buscando, mantené el registro de lo que hacés y no de lo que conseguís.
Archivo.Hay un número en el informe del Indec de esta semana que no salió en los titulares, y es el más importante de todos. No es el 7,9% de desempleo. Es el 32,2% de presión sobre el mercado de trabajo: nueve millones setecientas veintiocho mil ochocientas setenta y dos personas que están desocupadas, subocupadas u ocupadas pero buscando otro empleo porque el que tienen no alcanza.
Casi un tercio de la población urbana argentina no está resuelta laboralmente. No se trata solo de quienes no consiguen trabajo, que son 1.793.000. Se trata también de los que trabajan pocas horas y necesitan más, de los que tienen un empleo y buscan otro, de los que están adentro del mercado pero no adentro de una vida sostenible. Quiero detenerme en algo que no es jurídico ni económico, pero que veo todas las semanas en el estudio y me parece el costo más caro y menos contabilizado de esta situación. La persona que no consigue trabajo cree, casi sin excepción, que le pasa a ella. Que hizo algo mal. Que el currículum tenía que estar mejor armado, que en la entrevista dijo lo que no debía, que a los cuarenta y cinco años ya no la van a tomar, que le falta un curso, que otro en su lugar lo habría logrado.
El dato sobre desempleo que no se vio
Es notable con qué facilidad tomamos un fenómeno estructural y lo convertimos en un defecto personal. Cuando cierran 30.000 empresas empleadoras, cuando la industria pierde 53.000 puestos y el comercio 40.000, cuando el asalariado privado formal cae 3,9% en un año, no hay currículum que resuelva eso. Y sin embargo el que busca no piensa en la industria: piensa en su foto del perfil. Los estoicos tenían una distinción para esto que, veinte siglos después, sigue siendo la herramienta más útil que conozco. Epicteto abre el Enquiridión separando dos clases de cosas: las que dependen de nosotros y las que no. De nosotros dependen el juicio, el esfuerzo, el deseo, la conducta. No dependen de nosotros el cuerpo, la reputación, los cargos, y —agregaría yo, sin traicionarlo— el ciclo económico, la política monetaria y la decisión de un gerente de recursos humanos que nunca vamos a conocer. La confusión entre las dos categorías es, para esa escuela, la fuente principal del sufrimiento innecesario. Y es exactamente la confusión que está haciendo, a escala nacional, una parte enorme de la población económicamente activa argentina.
Presentarse bien preparado a una entrevista depende de uno. Que haya entrevista, no. Formarse depende de uno. Que exista el puesto para el que uno se formó, no. Mandar cien currículums depende de uno. Que alguien los lea, no. Confundir una cosa con la otra no te hace más responsable: te hace más miserable, y encima te distrae del único terreno donde efectivamente podés hacer algo. Acá conviene ser cuidadoso, porque el estoicismo se cita mal todo el tiempo y suele terminar convertido en una excusa para no hacer nada o, peor, en un manual para aguantar lo inaguantable. Que el ciclo económico no dependa de vos no significa que debas aceptar cualquier condición. La dicotomía del control es una herramienta para distribuir bien la energía, no para entregar derechos. Marco Aurelio gobernaba un imperio: no era un hombre resignado. Era un hombre que distinguía dónde su acción tenía efecto y dónde no, y ponía todo en el primer territorio.
Cuando el problema parece personal
Traducido a lo laboral y concreto: que el mercado esté difícil no habilita a un empleador a pagarte fuera de recibo, a hacerte facturar cuando hay relación de dependencia, a descontarte un día con certificado médico o a inventarte una causal de despido. Eso sí depende de vos, porque es exigible. El artículo 23 de la Ley de Contrato de Trabajo presume que hay contrato laboral por el solo hecho de la prestación de servicios, sin importar qué papel se firmó. Esa presunción no se derogó y no te la puede sacar la coyuntura. La diferencia entre el fatalismo y el estoicismo está justamente ahí. El fatalista dice: está todo mal, no hay nada que hacer. El estoico dice: esto no depende de mí, esto otro sí, y sobre esto otro voy con todo.
Si estás buscando, mantené el registro de lo que hacés y no de lo que conseguís. La cantidad de postulaciones, de contactos, de conversaciones: esas son variables tuyas. El resultado no lo es, y medirte por el resultado en un mercado que perdió 245.664 asalariados registrados en dos años y medio es cargarte con una deuda que no contrajiste. Si estás trabajando en malas condiciones, documentá. Guardá los mensajes, los recibos, las transferencias, los horarios. No porque tengas que pelearte con alguien, sino porque la prueba se junta cuando se puede, no cuando se necesita. Eso también depende de vos.
Lo que sí depende de uno
Si estás empleando, tenés hasta el 28 de noviembre para regularizar personal bajo el Régimen de Promoción del Empleo Registrado con condonación de hasta el 90% de la deuda. Es el mejor negocio disponible en materia laboral, y se termina. Y si sos de los nueve millones setecientos mil, quiero decirte una sola cosa, que es la que más me cuesta poner por escrito sin que suene a frase hecha: no sos vos. Sos uno de 9.700.000. Un problema que le pasa a un tercio de un país no es un defecto de carácter. Es un dato del país.
La dignidad no está en el resultado. Está en cómo uno se sostiene mientras el resultado no llega. Eso, y solo eso, nunca se lo puede llevar el mercado de trabajo.
* Juan Pablo Chiesa. Abogado especialista en derecho del trabajo. Magister UBA en IA aplicado a la gestión judicial, escritor.
Youtube e Instagram: @juanchiesaok