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Emisión de deuda en dólares: Luis Caputo precalienta y busca revancha del 2018

El Ministerio de Economía ya tiene preparada la operación para colocar 1.000 millones de dólares en el mercado voluntario, que se utilizarán para atender un fuerte vencimiento a principios de julio.
El ministro de Economía Luis Caputo anunció que tras la colocación de bonos en dólares se despeja, de alguna manera, el perfil cercano de deuda soberana.

El ministro de Economía Luis Caputo anunció que tras la colocación de bonos en dólares se despeja, de alguna manera, el perfil cercano de deuda soberana.

Foto: Captura de video

El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, va por su apuesta más arriesgada, quizá desde que llegó al cargo en diciembre de 2023. El titular del Palacio de Hacienda, con el secretario de Finanzas Pablo Quirno como escudero e instrumentador, lanzarán al mercado una nueva colocación de deuda voluntaria en los mercados financieros internacionales por unos 1.000 millones de dólares.

La iniciativa tiene una característica arriesgada, pero que, de resultar la operación positiva y exitosa, le dará un espaldarazo a su estrategia financiera por el resto de 2025. Y, quizá, más allá del primer trimestre del 2026 o, al menos, le abrirá la puerta a una nueva oportunidad de regreso al mercado voluntario de deuda.

Se trata del Boncer 2030 (Bono ajustado por Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), que actualiza el pago de capital e intereses según la inflación en Argentina. Con esto el inversor se garantiza la estabilización de capital, más el interés medido del mercado.

Sin embargo, lo notable del lanzamiento, es que para ingresar el bono habrá que depositar dólares; con lo que se trata de una apuesta en moneda doméstica, pero suscripta en divisas. El total de la operación es de US$1.000 millones; que irán a reforzar reservas hasta el 9 de julio próximo, cuando teóricamente se utilicen para pagar parte del vencimiento con tenedores privados.

Ese día Argentina debe liquidar cupones y capital por unos US$4.500 millones por los bonos Globales y Bonares emitidos durante la reestructuración de deuda de octubre de 2020 por el entonces ministro de Economía Martín Guzmán, durante el mandato presidencial de Alberto Fernández.

De concretarse la operación del Boncer 2030 (todo indicaría que está cerrada en conversaciones semi-secretas con inversores potenciales que se conocerán en sólo unas horas), restarían para completar ese pago unos US$1.500 millones, ya que el gobierno cuenta con US$2.000 millones de un préstamo de bancos norteamericanos (entre ellos el JP Morgan), operación presentada en sociedad el 11 de abril pasado durante el anuncio del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la liberación parcial del cepo cambiario para los particulares.

El Ministerio de Economía cuenta, además, con otros 500 millones de dólares ya presupuestados para pagar el vencimiento; con lo que restarían esos US$1.500 antes mencionados. En teoría, no habría problemas para liquidar el compromiso con dinero proveniente del acuerdo con el FMI y los dólares girados por el organismo que se encuentran en descanso parcial dentro de las reservas del BCRA. Sin riesgos por este lado.

El problema sería luego para diciembre de 2025, cuando el Fondo mida el nivel de esas reservas. Para cumplir con el objetivo de US$4.000 millones más que la foto del 14 de abril (día en que llegaron los U$S 12.000 millones del FMI), habrá que conseguir entre el 9 de julio y el 31 de diciembre, unos US$6.000 millones más, durante el segundo semestre del año.

Es una misión difícil, que comenzará a analizarse desde el día después del pago del día de la Independencia. Por esto resulta clave conocer las características finales de la operación de colocación de deuda que encararán mañana Caputo- Quirno y compañía.

Segundo tiempo

Para el ministro es también una revancha personal. Caputo diseñó operaciones similares durante su anterior gestión pública en el gobierno de Juntos por el Cambio, con Mauricio Macri como presidente. En aquel tiempo, hubo varias colocaciones de deuda en pesos con dólares entrantes; operaciones que fueron especialmente diseñadas para dos fondos de inversión de primerísimo nivel mundial: Templeton y PIMCO. Las dos resultaron experiencias fallidas, que cayeron en las garras de la reestructuración de la deuda de 2020.

En el caso de Templeton, considerado el fondo estrella de la leyenda de Wall Street, Michael Hasenstab, terminó de irse del país en noviembre del 2022; contabilizando pérdidas que podrían haber llegado a los US$2.500 millones. Por su parte, el Pacific Investment Managment Co. (Pimco), continuó con algunas tenencias en bonos en pesos, sin retirarse del todo de la Argentina.

De hecho, en junio de 2020, el Gobierno argentino confirmó el pago de $130.000 millones por el vencimiento del BoPoMo, equivalentes a unos US$1.700 millones de aquel tiempo. Fue una estrategia de Martín Guzmán para que el bono permanezca en moneda local y renueve vencimientos en pesos. Pimco lo hizo, pero con el tiempo fue vendiendo esas posiciones y retirándose del mercado argentino.

El BoPoMo había sido diseñado para Pimco. Fue lanzado el 21 de junio de 2017 por Luis “Toto” Caputo, con una estrategia que no era criticable para aquellos tiempos. Se buscaba lanzar al mercado bonos en moneda local de dos a tres años de plazo, y que pagaran intereses similares a las Leliq de vencimiento mensual, extendiendo vencimientos a más de dos años.

En aquellos días de precrisis, el Ejecutivo creía seriamente que para el segundo semestre de 2019 la bola de nieve de las Leliq estaría dominada y que podría ser renegociada en los mercados por bonos a largo plazo. Para esto se descartaba que ese año, la inflación anualizada se ubicaría entre el 20% y el 25% (o menos), con tasas de Leliq por debajo del 40%; y con un dólar controlado a fuerza de la caída de la inflación y el consecuente crecimiento económico del país.

Cuestión de confianza

En definitiva, la confianza haría que la apuesta por estos bonos fuera creciente. O, medida de otra manera, el 6% de la base monetaria. Pimco detentaba el 60% del total de la emisión del título, que luego fue canjeado por otro papel con vencimiento en diciembre de 2023, que también fue renovado antes que termine la gestión de Sergio Massa como ministro de Economía de Alberto Fernández.

Templeton tuvo una historia más corta con el país. El fondo dirigido por Michael Hasenstab, uno de los pocos financistas top a nivel mundial que puede mostrar como cucarda el haber superado exitosamente la crisis de 2008. Casi al nivel de otro gran acreedor del país, hoy muy mencionado: BlackRock, de Larry Fink.

Hasenstab puso a comienzos de 2018 su mira en un mercado poco explorado hasta el momento: la Argentina, donde una gestión “market friendly” y donde un conocido Luis Caputo ejercía el rol de ministro de Finanzas y prometió una operación espectacular.

El 14 de mayo de 2018, cuando el país lanzó una megaoperación de colocación de deuda, a través de la reapertura de la colocación de los Bonos del Tesoro 2023 y 2026, Templeton ingresó con sus primos hermanos de BlackRock por casi US$3.000 millones.

Era parte de la estrategia de Caputo, que esa semana se jugaba parte de su prestigio de “el Messi de las finanzas locales”, intentando la renovación de unos US$30.000 millones en aquellos megavencimientos de Lebac de un martes al mes. Caputo no sólo logró la renovación del 100% de las Letras, sino que además pudo colocar la operación de los Bote con el desembarco de Templeton.