Por ahora sin acuerdo: Javier Milei prepara la oferta a China para negociar el swap
Las negociaciones con China no avanzan, y se acerca el vencimiento de la primera cuota del swap con ese país que Argentina debe pagar a fin de mes. Según lo firmado en septiembre del año pasado por el gobierno de Alberto Fernández, el país debería girar al Banco Central de China el lunes 24 de junio, unos 2.906 millones de dólares, de un total de US$ 4.844 millones que antes de agosto deberían liquidarse para completar el compromiso cerrado con el país oriental.
La intención primaria que hace un mes la canciller Diana Mondino llevó a Beijing, era una renegociación de la deuda, liberando el 2024 de compromisos con China. En principio el gobierno de Xi Jinping parecía haber aceptado. Sin embargo, al conocerse las condiciones reclamadas por ese país (aplicar la tasa de interés de mercado), las discusiones se estancaron y parecen no avanzar.
Ante esto, los negociadores argentinos están preparando una contraoferta: pagar una parte al contado, utilizando los US$ 800 millones que el Fondo Monetario Internacional (FMI) le debería girar en algún momento de este mes a la Argentina por haber aprobado las metas del primer trimestre del año, según la octava revisión del Facilidades Extendidas firmado por Martín Guzmán en marzo del 2022.
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A ese dinero se le podrían sumar unos millones de dólares más hasta completar la mitad de lo adeudado, e implementar un plan de pagos de mediano plazo. El mismo mecanismo se utilizaría en julio, donde opera un vencimiento menor al de este mes. La intención del gobierno de Javier Milei, es liquidar al contado unos 2.400 millones de dólares en los próximos meses, y derivar en un plan de pagos el resto del dinero adeudado por la aplicación del swap durante el gobierno anterior.
La propuesta ya está en Beijing y forma parte de las negociaciones con ese país. Mientras tanto, el Ejecutivo prepara la artillería dialéctica para enfrentar el problema. Acusará al gobierno de Alberto Fernández de haber endeudado al país “de manera irresponsable”, sin negociar un plan de pagos similar al que el país tiene vigente, por ejemplo, con el Club de Paris.
Según la versión oficial, Alberto Fernández sabía que no podía devolver el dinero en 2024, e igual se comprometió a un plan de pagos imposible de cumplir.
Preocupación por el swap
La habilitación del swap fue instrumentada durante el año pasado como mecanismo para poder disponer de dólares en medio de la sequía del ejercicio 2023 y una campaña electoral que ya amenazaba al oficialismo con una catástrofe. Como casi todos los acuerdos monetarios a los que llega el país, la habilitación de este instrumento también fue siempre polémica.
Un swap es un mecanismo por el cual Argentina y China se comprometen a habilitar eventualmente el cambio de divisas, sin la intervención de terceras monedas, en este caso, el dólar. El aporte de capital lo hace el Banco Central de China, bajo la certeza de que los yuanes originales serán eventualmente utilizados. Mientras tanto, hasta que se ejecute el cambio, quedan como libre disponibilidad del depositante: el BCRA.
La idea china fue otorgar este dinero en cuotas, como garantía para el intercambio financiero entre los dos países para la construcción de las grandes obras en el país comprometidas con el país asiático, fundamentalmente la represa Cóndor Cliff-La Barrancosa (ex Cepernic-Kirchner) en Santa Cruz, un proyecto que en algún momento el gobierno de Mauricio Macri prometió clausurar pero que, precisamente por la vigencia del “swap” tuvo que mantener vigente.
Javier Milei dio la orden, casi en persona, de suspender el proyecto más importante de infraestructura vigente, dentro del marco de paralización de toda la obra pública en todo el país. En la decisión sólo se salvó la reversión del gasoducto del Norte. La medida provocó un tembladeral en la relación con Beijing, ante la paralización del único proyecto concreto que China quería mantener en el país vinculado a la obra pública de infraestructura.
Siempre consideró el gobierno chino que para la Argentina no implicaba grandes gastos, ya que el proyecto se autofinanciaba con el aporte de yuanes desde Beijing, y ante la suspensión se pensó desde el país oriental que la decisión se aplicó por pura ideología. Algo que se considera en China que no debe ser tenido en cuenta al analizar la historia del préstamo.
Los antecedentes
El primer swap fue firmado en 2009 durante la presidencia de Martín Redrado en el BCRA, para reforzar los resguardos ante eventuales crisis internacionales y cuando las reservas alcanzaban el récord del 15% del PBI. En total ese acuerdo se cerró por unos US$ 10.200 millones a tres años, con la opción de extender el plazo. Redrado lo negoció con su par chino, Zhou Xiaochuan, y acordó un intercambio de monedas, que ambos países pudieran pedir uno del otro y que luego deberían ser repagados.
Los permisos de operatoria para el BCRA eran amplios. Se podían convertir los yuanes en dólares en los mercados internacionales, o directamente utilizarlos para el intercambio bilateral. En su defecto, también podrían mantenerlos como parte de las reservas nominadas en la moneda norteamericana. Sin embargo, con el tiempo, el instrumento comenzó a desdibujarse.
El segundo movimiento con China se activó en el tercer trimestre de 2014, durante la gestión de Axel Kicillof en el Ministerio de Economía y de Juan Carlos Fábrega en el BCRA, por unos US$ 3.800 millones, transferidos en el último trimestre de ese año. La novedad de esa operación fue que se justificó bajo el comienzo de las obras para el levantamiento de la represa santacruceña Cepernic-Kirchner, que la constructora china Gezhouba había ganado en licitación, en sociedad con la local cordobesa Electroingeniería. El acuerdo total fue por unos US$ 11.000 millones, en liquidaciones sucesivas, dependientes del avance de las obras.
Durante el primer semestre de 2015 se concretó un nuevo desembolso por unos US$ 3.700 millones, completando hasta ese momento un total de US$ 6.500 millones. El dinero proveniente de China había llegado en un momento justo para apoyar los últimos tramos del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuando la falta de dólares y el ostracismo en los mercados internacionales ya era preocupante.
Las reservas rondaban los US$ 30.000 millones, y las posibilidades de la Argentina de recurrir a los mercados financieros internacionales a tasas razonables eran nulas. El acuerdo de renovación del swap con China, llegó en un momento ideal para poder sostener las reservas y hacer frente a eventuales corridas antes del final del gobierno kirchnerista. Para finales de 2014, unos US$ 3.000 millones del acuerdo ya se habían utilizado. De hecho, unos US$ 2.000 millones provenientes de este financiamiento se utilizaron para cancelar el pago final del Boden 2015.
Vino entonces el cambio de gobierno y la decisión de Mauricio Macri de revisar el contrato de Gezhouba para construir la represa aún llamada Cepernic- Kirchner. La primera y pública decisión del actual Gobierno fue la de congelar la obra, bajo sospechas de corrupción y de impacto ambiental negativo. Sin embargo, hacia julio de 2016, desde Beijing le recordaron al Gobierno que parte del dinero para la obra ya había sido gastado (y no precisamente para avanzar con la represa), con lo que, de levantarse el proyecto, el dinero debía ser devuelto.
Fue así que se “renegociaron” las condiciones del swap, la obra volvió a la vida con otro nombre (en adelante se llamaría Cóndor Cliff-La Barrancosa), y el swap se reactivaría. Se renovó el mecanismo por unos US$ 11.000 millones con una vigencia de tres años más, con lo que las reservan en yuanes llegaron a unos US$ 8.000 millones.
La historia continuó con la activación de swap financiero (dinero en efectivo) en el segundo trimestre del 2023, en momentos en que en el gobierno de Alberto Fernández comenzaban a escasear peligrosamente los dólares, con una campaña política que se avecinaba peligrosamente negativa para el entonces oficialismo. China comenzó a habilitar tramos de a 3.000 millones de dólares del swap que fueron utilizados durante la gestión como depósitos de “libre disponibilidad”, pero concentrados en el financiamiento de importaciones de origen chino y la ejecución de la represa Cepernic-Kichner.