Paso a paso, la compleja negociación para llegar a un acuerdo "corto" entre Argentina y el FMI
Será un acuerdo “corto”. Se cerrará el 2024 con un apretón de manos, y, quizá, con un waiver en el capítulo reservas. Luego se negociará el 2025 con un acuerdo de alcance similar al de este año. Sin fondos frescos, pero si flexibilidad de giros de dinero para cumplir con gran parte de los vencimientos del propio Fondo Monetario Internacional (FMI).
Así será el acuerdo de Facilidades Extendidas de cierre de este ejercicio y diseño del próximo año, que el equipo económico comenzará a discutir en su recta final con la número dos del organismo, la indo-norteamericana Gita Gopinah y el encargado del caso argentino, el venezolano Luis Cubeddu.
Las negociaciones, tal como adelantó este medio, habían comenzado en septiembre y se aceleraron la primera semana de octubre. Y ahora están en sus conversaciones finales, las que se desarrollarán de visitante. En la propia sede del FMI en Washington, donde desde el viernes de la semana pasada, y hasta el próximo sábado, se está concretando una nueva asamblea anual conjunta de otoño (en el hemisferio norte) entre el FMI y el Banco Mundial.
Hasta allí viajan el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo, el presidente del Banco Central Santiago Bausilli y el flamante negociador del Palacio de Hacienda José Luis Daza. Este último, estrenando cargo de viceministro y discutidor oficial ante los técnicos del Fondo.
Todo esto ya sin Rodrigo Valdes. El chileno también estará de estreno de su cargo de director gerente del Hemisferio Occidental del Fondo, sin tener bajo su área el caso más importante de la historia del FMI, que además está bajo su zona de influencia: la deuda con la Argentina por unos U$S 44.800 millones más intereses.
Se comenzará a discutir la novena revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas firmado por Martín Guzmán en marzo del 2022, y que, con dos revisiones aún pendientes, rige las relaciones entre el Fondo y su principal deudor. El dato es que la revisión debía haber sido aprobada ya a fines del primer semestre del año. Sin embargo, los problemas de comunicación entre Javier Milei y el ministerio de Economía que maneja Luis "Toto" Caputo, hicieron que las discusiones se estancaran ante el pedido de Valdez de devaluar la moneda local como condición indispensable para avanzar en el acuerdo.
La negativa, lógica, desde Argentina trabó toda discusión. Ahora, sin el chileno interviniendo en el caso, se retomarán en este rush final de negociaciones, las que derivarán inevitablemente en un acuerdo de corto plazo entre las partes. Entendiendo por esto, la firma de un cierre del 2024, una proyección del 2025, y no mucho más.
Nuevo interlocutor
La novedad de parte de Buenos Aires es el debut del nuevo viceministro de Economía José Luis Daza como negociador oficial de la Argentina, quien asumió formalmente hace apenas quince días la Secretaría de Programación Económica del Palacio de Hacienda, pero que hace más de un mes que está trabajando en el tema.
Daza tiene un valor agregado. Argentino de nacimiento, vivió desde los seis años en Chile, donde desarrolló casi toda su carrera académica y parte de su trabajo en la función pública como miembro del Banco Central de Chile, delegado en Tokio.
El encargado primario de negociar para el FMI es el venezolano Luis Cubeddu, quien ya estuvo en Buenos Aires recogiendo los datos sobre las metas del segundo trimestre del 2024 para resolver (se descarta que positivamente) la aprobación de los compromisos de la novena revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas.
Es un paso necesario para resolver también la liberación de los 850 millones de dólares comprometidos por el FMI en ese acuerdo, dinero que llegaría para reforzar las reservas de la entidad que maneja Santiago Bausilli. Luego, ese dinero, volvería al FMI antes de fin de año, con los pagos obligatorios que debe hacer el país.
Se descarta que desde Washington no habrá reparos en la aprobación de las metas, ya que, todos coinciden, incluso fueron sobre cumplidas por parte de la Argentina. Esto es, hubo un superávit primario de casi 1,5% acumulado al primer semestre, no se registró emisión monetaria para financiar el gasto y las reservas del BCRA se incrementaron en más de 7.000 millones de dólares en ese lapso.
Estos números avalan la aprobación, con lo que luego el paper elaborado por la repartición, llegará al Board del organismo, donde se le dará el aval definitivo. Para fines de octubre, el dinero debería estar ingresando en el Banco Central.
Piedras en el camino
El problema, en realidad, no radica en este capítulo, sino en el incumplimiento de la meta de acumulación de reservas para el tercer trimestre del año, objetivo que el país no logró por unos U$S 1.500 millones. En este punto, Argentina debería pedir un waiver (perdón) al organismo, lo que complicaría la estrategia de Caputo de lograr rápidamente y en el mismo proceso revisor desde el FMI, la aprobación de las metas del seguro y el tercer trimestre del año.
Más complicado aún es el recuerdo del paper de "recomendaciones y críticas" firmado por Valdés en julio pasado, sobre los problemas económicos del país y las necesidades de reformas profundas para poder continuar con la buena relación bilateral.
Ya se descarta casi totalmente la posibilidad de un nuevo acuerdo con el FMI que implique nuevos fondos frescos, al menos en importancia, una alternativa que recién se discutiría en el 2025, y sin la voluntad de flexibilidad por parte de la sede de Washington (así lo dejó en claro Cubeddu en su reciente visita a Buenos Aires), solo le resta al país cumplir con las metas, recibir avales desde el Fondo y no mucho más.
Esta actitud provocó en el gobierno de Javier Milei cierta desilusión, que el propio presidente dejó en claro al descalificar a Valdés, llamándolo hombre del "Grupo de Puebla", en referencia a su pasado como ministro de Economía del gobierno chileno de centroizquierda de Michelle Bachelet.
El mensaje que se le deslizó al economista venezolano que estuvo en Argentina y trabaja con Valdés como jefe, es que en esta oportunidad, dado que no habrá más fondos ni nuevo acuerdo, es que las relaciones se mantengan en equilibrio diplomático y que no haya críticas que compliquen más la relación del país con los mercados financieros, en tiempos en los que Luis "Toto" Caputo está intentando cerrar el 2024 y garantizar el pago de unos US$5.100 millones que el país debe liquidar en enero 2025 para atender los compromisos que surgen de los cupones Globales y Bonares.
"Si no ayudan, por lo menos que no compliquen", se escuchaba decir cerca del ministro de Economía en medio de las negociaciones con el FMI.
Lo que no quiere que se repita Argentina, y es parte de la negociación de Daza, es la posición clara que el FMI mostró un día después de la recomendación al board de la aprobación de las metas del primer trimestre del año, cuando dejó en claro y públicamente, sin eufemismos, las diferencias con el programa cambiario y monetario del Gobierno de Javier Milei.
La posición del Fondo
En conferencia de prensa de la vocera del organismo, Julie Kozack, con el Staff Report sobre Argentina y el período enero-marzo en la mano, aseguró que "la eventual 'competencia de monedas' dentro del régimen podría asemejarse al sistema de flotación administrada que prevalece hoy en Perú y Uruguay".
Con esto, descartó de un plumazo que desde la sede de Washington del organismo se pueda llegar a avalar un esquema de dolarización lisa y llana, y menos con dinero del organismo. Mucho menos, en un proceso de apertura del cepo con dólares del FMI como paso previo a ese esquema cambiario que Milei defendió en la campaña electoral, y mantuvo como posible hasta mayo de este año, aún en su versión aggiornada de "competencia de monedas".
Según Kozack, bajo elaboración técnica de Valdés, el esquema viable para Argentina debe orientarse según los ejemplos de Perú y Uruguay. Esto es, una flotación cambiaria administrada, con vigencia plena de la moneda local.
Esto, además de asignarle al BCRA un rol fundamental y claro, contradiciendo la idea política de Milei de su cierre y manteniendo "sus funciones de prestamista de última instancia para instituciones financieras elegibles (solventes), continuaría esterilizando las compras de divisas y gestionando la liquidez a través de operaciones de mercado abierto con títulos públicos".
Se conoció también que, en esas negociaciones de mayo pasado, que derivaron en esta posición irreductible del FMI ante la dolarización, competencia de monedas y rol del BCRA, hubo pedidos concretos del organismo que conduce Kristalina Georgieva para que el país devalúe su moneda "al menos un 20%", que elimine los diferentes tipos de cambio y que libere más la política monetaria oficial.
Es algo a lo que tanto Caputo en directo, como Milei desde el zoom, se negaron tajantemente. Incluso, se comenta dentro de la Casa Rosada, con algún que otro exabrupto hacia los hombres de Washington de parte del ministro de Economía. Otra misión de Daza será que se entienda que se terminó el tiempo de los exabruptos, y comenzó el de las negociaciones de convivencia.
Así las cosas, y con la aprobación de las metas del tercer trimestre del año esperando sobre el escritorio, la intención ahora del Gobierno es que no haya nuevos papers molestos que sean presentados en la sede del FMI de Washington. Nuevamente, tarea de Daza.
Ya que no hay por ahora fondos frescos ni voluntad de negociación posible para este año, que no existan tampoco declaraciones de Valdés (ya retirado del caso argentino), Kozack o algo similar que complique la estrategia de cierre del año de Caputo y Bausilli. De lo contrario, amenazan desde Buenos Aires, habrá que esperar nuevas embestidas de tipo ideológico desde el jefe de Estado libertario. Finalmente, otra misión de Daza es evitar los exabruptos. En este caso, desde Buenos Aires.