El FMI y la Argentina negocian a contrarreloj, pero esta vez cara a cara
El Gobierno es optimista. Y cree que en esta octava semana de negociaciones entre el equipo económico y el staff técnico del Fondo Monetario Internacional (FMI), habrá novedades importantes. Más teniendo en cuenta que el próximo 22 de junio, Argentina podría entrar en default con el organismo, ya que no pagará (al menos con fondos propios) el compromiso de US$2.300 millones del segundo vencimiento del año en el marco del acuerdo de Facilidades Extendidas firmado en marzo del año pasado, y que está suspendido desde abril de 2023.
Desde este lunes habrá una novedad: el trato será, por fin, cara a cara. Y si hay buenas noticias en las próximas horas, podría tomar un avión y volar hacia Washington el ministro de Economía Sergio Massa.
Hoy estarán presentes en el edificio del Fondo los tres principales delegados del Gobierno nacional, para cerrar la nueva versión del programa de Facilidades Extendidas. El equipo argentino estará integrado, entre otros, por el viceministro Gabriel Rubinstein, el encargado de relaciones internacionales de Economía, Marco Lavagna, y el jefe de asesores Leonardo Madcur.
Por el lado del FMI, serán anfitriones el Director Gerente para el Hemisferio Occidental, Rodrigo Valdes (que debutará en el encuentro cara a cara con los funcionarios de Economía) y el jefe del caso argentino. el venezolano Luis Cubeddu. Eventualmente, participará también la número dos del FMI, la indo-norteamericana Gita Gopinath, autoridad fiscalizadora máxima del organismo.
La fecha clave
Serán negociaciones a velocidad rápida y urgente. El próximo jueves 22 de junio Argentina debería girarle al Fondo unos US$2.300 millones, correspondientes al quinto pago del acuerdo de Facilidades Extendidas, y como, obviamente, en las reservas del Banco Central ese dinero no está disponible (ni estará), el Gobierno no liquidará ese dinero.
En consecuencia, ingresaría automáticamente en default. Esta situación sería inevitable, ya que los tiempos no dan para cerrar un nuevo acuerdo, y que éste sea aprobado por el Board del FMI en tiempo y forma. Este trámite burocrático demora más de 15 días, con lo que parecería que la caída de la fecha es inevitable.
Sin embargo, no se trata de una situación dramática. Cualquier país puede caer en una situación impaga con el FMI, siempre y cuando las negociaciones estén abiertas, como en este caso. Además, para que el default tenga consecuencias graves más allá del propio FMI, deben transcurrir seis meses de impago, lo que en el caso argentino sucedería recién el 22 de diciembre próximo. Obviamente, todos confían en que antes habrá acuerdo.
Las normas del organismo que conduce Kristalina Georgieva no tienen tolerancia de tiempos para los países miembros que no cumplan con los vencimientos de los acuerdos vigentes, y quedan calificados en default de manera inmediata.

Sin embargo, la buena noticia es que las consecuencias de este "Veraz internacional" no implica la llegada al infierno financiero mundial, sino el inicio de un sendero de entre cuatro y seis meses, en los que el Estado en cuestión, en este caso Argentina, tendría tiempo de ponerse al día, llegar a un nuevo acuerdo, y volver a estar on track con el acuerdo vigente.
La situación actual del país es de negociaciones abiertas para una nueva versión del acuerdo de Facilidades Extendidas, con metas más flexibles de reservas a acumular en el BCRA y el reconocimiento de los efectos de la sequía en las metas comprometidas ante el FMI en el acuerdo firmado en marzo del año pasado, y que hasta enero del 2022 no hubo mayores problemas en cumplir.
En síntesis, caer en default desde el 22 sería algo muy negativo pero no trágico par Argentina, siempre y cuando las negociaciones estén en curdo y el equipo de Sergio Massa continúe con las negociaciones abiertas.
Opciones sobre la mesa
Una alternativa que se evaluaba en las últimas horas es ejecutar un pago simbólico, que sea tomado como gesto de buena voluntad por parte del organismo y que se extiendan las negociaciones por unas semanas más. Sin embargo, en este caso, el país igualmente entrará en default. Sólo que sería un default selectivo, una alternativa poco común para los estándares del FMI. Y poco recomendada por los propios técnicos.
Otra opción sería que directamente se caigan las negociaciones actuales, que todo vuelva a las discusiones clásicas del crédito de Facilidades Extendidas vigente, que el país no cumpla con las metas pactadas (al menos eso ocurrirá en el caso de las reservas), que el FMI dictamine oficialmente que las metas se medirán anualmente y no por trimestre, que se apliquen las normas de liquidaciones cada tres meses, que libere entonces los U$S4.300 millones comprometidos.
Entonces, Argentina pagaría para abrir un nuevo período de discusiones por otros tres meses, etapa que culminaría en septiembre de 2023. Esta tercera opción no es la que se negocia en estos tiempos, pero todas las alternativas se abrirán en las jornadas de la séptima semana de cruces, que comienza hoy.


